Todos cortejan a Draghi para el Quirinal

El «premier» italiano es el favorito para suceder a Mattarella, pero su marcha del Gobierno amenaza el plan de reformas

El presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, de 80 años, junto al primer ministro, Mario Draghi
El presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, de 80 años, junto al primer ministro, Mario Draghi FOTO: Alberto Pizzoli AP

La elección del presidente de la República en Italia abre cada siete años una batalla política donde los pactos, alianzas imposibles y traiciones deciden el nombre del jefe del Estado. Es la partida más importante y ninguna fuerza política quiere quedarse al margen. Hace solo unos días, el actual inquilino del Quirinal, Sergio Mattarella, cerró oficialmente la puerta a una extensión excepcional de su mandato, que finaliza en febrero, y los partidos comienzan a movilizarse para jugar sus cartas.

«Cuando me eligieron como presidente de la República, estaba preocupado porque sabía lo exigente que era la tarea, pero dentro de ocho meses termina mi mandato. Soy viejo y podré descansar», confesó Mattarella a un grupo de estudiantes durante una visita a un instituto romano en primavera. Nadie en el país transalpino descartaba hasta hace muy poco que el jefe del Estado, de 80 años, pudiera cambiar de opinión y prolongar su mandato al menos hasta las elecciones de 2023, para permitir al Gobierno de unidad de Mario Draghi implementar las reformas exigidas por la UE para acceder a los 200.000 millones de euros del plan de recuperación.

Hace solo unos días, Mattarella se expresó contra la posibilidad de que los presidentes pudieran ser reelegidos tras los primeros siete años, recordando las palabras de su antecesor, Giovanni Leone. Una referencia que fue interpretada como un mensaje directo. Por si quedaba alguna duda, los medios italianos publicaron que Mattarella ya había firmado el alquiler de su nueva residencia en Roma, un piso en el barrio de Parioli, cerca de sus hijos.

El presidente de la República excluye así la posibilidad de extender su mandato más allá del 3 de febrero, como sucedió en 2013 con Giorgio Napolitano, y la batalla para elegir a su sucesor no ha hecho nada más que empezar. Ningún partido quiere enseñar sus cartas antes de tiempo, pero todas las quinielas apuntan a Draghi.

El ex presidente del BCE es el candidato mejor posicionado, pero su elección como jefe de Estado abre varios escenarios inciertos que preocupan en Roma y en Bruselas. A falta de un año para el fin de la legislatura, si Draghi fuese elegido, habría que encontrar un técnico para sustituirlo al frente del Ejecutivo que fuera capaz de lidiar con la heterogénea mayoría parlamentaria que lo sostiene. Sería además la primera vez que es nombrado presidente de la República un primer ministro en el cargo, lo que plantea algunas cuestiones a nivel práctico sobre las que no existe consenso.

Draghi cuenta incluso con el apoyo de la Liga y Hermanos de Italia, pero solo si inmediatamente después se convocan elecciones. Una hipótesis que no gusta al Partido Democrático (PD) ni al Movimiento Cinco Estrellas (M5E), ambos inmersos en un proceso de reconstrucción.

En las filas progresistas han surgido varios nombres alternativos que alejaría las urnas, pero solo el del actual comisario europeo, Paolo Gentiloni, o el de la ministra de Justicia, Marta Cartabia, que sería además la primera mujer en convertirse en jefe del Estado, parecen contar con suficiente consenso.

El nombre del economista fue lanzado incluso por Giancarlo Giorgetti, mano derecha de Matteo Salvini y actual ministro de Desarrollo Económico, que propuso una suerte de semipresidencialismo que permitiera a Draghi seguir supervisando de cerca los trabajos del Ejecutivo. La propuesta abrió una grieta en la coalición conservadora y en el propio partido porque, en teoría, el «plan A» del centro derecha es ascender hasta el Quirinal al tercer socio de la coalición, Silvio Berlusconi.

El líder de Forza Italia sueña con terminar su carrera política al frente de la más alta institución del Estado. Aunque «a priori» pueda parecer un disparate, teniendo en cuenta que aún está enredado en varios procesos judiciales, la aritmética juega a su favor. Entre los 1.008 grandes electores que decidirán a partir de enero el próximo presidente de la República –parlamentarios, senadores vitalicios y representantes de las regiones–, ni el centro izquierda ni el centro derecha cuentan con los votos suficientes para superar el quórum. Los analistas apuntan que al ex «cavaliere» le faltan alrededor de sesenta votos para resultar elegido en la cuarta votación, cuando solo es necesaria la mayoría absoluta. Todo está en las manos de un centenar de electores no adscritos. Y entre ellos, Berlusconi, que ya está haciendo sus propias cuentas, reconoce tener muchos amigos...