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El Gobierno italiano cierra filas frente a la UE

Activa la «fase 2» de la legislatura, en la que aprobará varias medidas rechazadas por Bruselas. Multarán con hasta 50.000 euros a las ONG que entren en sus aguas teritoriales.

  • El primer ministro Conte (derecha) ha reconciliado a los socios de Gobierno, Salvini (izquierda) y Di Maio, pero trata de evitar el choque frontal con Bruselas que persiguen
    El primer ministro Conte (derecha) ha reconciliado a los socios de Gobierno, Salvini (izquierda) y Di Maio, pero trata de evitar el choque frontal con Bruselas que persiguen
Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de junio de 2019. 02:39h

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Ismael Monzón Roma. 12/6/2019

La política italiana lleva un año colgada del famoso juego de la soga. Cuando la Liga y el Movimiento 5 Estrellas (M5E) conformaron el actual Gobierno populista, el presidente Sergio Mattarella se puso a tirar del otro extremo para contrarrestar sus impulsos. Después, al jefe del Estado se le sumó el primer ministro, Giuseppe Conte, lo que le otorgó mayor protagonismo del esperado. En vísperas de la gran prueba, en forma de elecciones europeas, quienes entraron en competición fueron de un lado la Liga y de otro el M5E. Tal fue la tensión, que la cuerda estuvo a punto de romperse. Pero en el momento en que parecía que solo colgaban los últimos hilillos, ambos partidos han vuelto a empujar en la misma dirección. En la Italia de los gobiernos inestables, saber manejar los equilibrios es fundamental.

Ayer, Conte convocó el primer Consejo de Ministros desde que les dio un ultimátum a los socios de Gobierno para que dejaran a un lado las hostilidades. Sirvió para escenificar la paz entre el líder de la Liga, Matteo Salvini, y su homónimo en el M5E, Luigi Di Maio, que ya se habían reunido el día anterior a medianoche. Ambos acordaron activar la «fase dos» del Ejecutivo, en la que tienen previsto adoptar medidas que no entusiasman a Bruselas. El principal órdago lleva el nombre de «mini-bots», una especie de bonos del Tesoro de pequeño valor que ambos defienden poner en circulación para que sean adquiridos por los acreedores y así reducir la deuda pública. La medida tiene más pinta de farol, y ya ha sido desacreditada por el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, que considera que se trataría de crear una moneda paralela o generar más deuda; y por el propio ministro de Economía italiano, Giuseppe Tria. De nuevo, el juego de la soga, porque esta vez quienes tiran del lado contrario al de los populistas son Tria y Conte, partidarios del entendimiento con la Unión Europea, donde está en el aire un procedimiento de infracción por las cuentas italianas.

Por el momento, lo único que se aprobó ayer fue la ampliación de un decreto sobre inmigración impulsado hace meses por la Liga, que preveía mayores limitaciones para otorgar permisos humanitarios a los migrantes y dejaba sin fondos el sistema de acogida. La nueva normativa dota ahora de mayor autonomía al Ministerio del Interior, gestionado por Salvini, que hasta este momento tenía que compartir con otros departamentos el control de los puertos. Desaparecen las multas de hasta 5.000 euros por cada inmigrante rescatado en el Mediterráneo, pero se establecen sanciones de entre 10.000 y 50.000 a los propietarios o comandantes de embarcaciones de ONG que entren, naveguen o atraquen en aguas territoriales italianas. Sin embargo, el decreto ha quedado bastante descafeinado, porque en un primer momento se plantearon sanciones más cuantiosas. Esto ha ayudado a que el M5E pase mejor el trago para su aprobación, en un momento en el que se ha desmarcado de la línea dura en inmigración.

Las llegadas por mar llevan dos años desplomándose, de modo que Salvini no podrá seguir haciendo campaña con este tema el próximo verano. Necesita otro caballo de batalla, que ya ha encontrado en la bajada de impuestos. Su próximo reto es aprobar una tasa fija del 15% para rentas inferiores a 50.000 euros brutos anuales. Una medida que ya ha sido criticada desde Bruselas. El argumento de la Liga es sencillo: a menor carga fiscal, más crecimiento y más facilidad para acometer los intereses. Pero la ecuación, que no encaja tan fácilmente para la Comisión Europea, tiene peor acogida cuando se complementa con la aprobación de un salario mínimo como pretende el M5E. Salvini es quien lleva ahora la iniciativa en el Gobierno, pero podría existir un compromiso mutuo para sacar adelante ambas propuestas y dejar contentos a todos. A todos menos a Conte, que ya ha dicho que no piensa ser el primer ministro que firme un procedimiento de infracción contra Italia; y a Tria, que ayer insistía en «reforzar un diálogo constructivo con la Comisión».

Pero al final, como se trata de política, la fuerza reactiva tiene menos tirón que la activa, por lo que los socios de Gobierno ya han dejado claro que seguirán adelante sin un retoque de los presupuestos, pese a que la amenaza de Bruselas por déficit excesivo es seria, como insistió en recordar ayer el aún presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. La otra batalla se librará en la UE, donde Italia ha estado muy bien representada hasta ahora con la presidencia del BCE, del Parlamento Europeo y con la Alta Representante, cargos ocupados por italianos. Pese a su voluntario aislamiento, el país transalpino no se resiste a exigir un alto cargo en el próximo reparto. Una vez más, la soga y los equilibrios.

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