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“Tuvimos mucha suerte de poder salir”

Cuando Iryna habla de su ciudad, se desmorona y rompe a llorar: “Nosotros escuchábamos las sirenas todo el tiempo y tuvimos que refugiarnos en un sótano por varios días

Katerina, una voluntaria ucraniana que vive en Francia, juega con una niña ucraniana en un centro que ayuda a los refugiados ucranianos con alojamiento urgente y documentos en París
Katerina, una voluntaria ucraniana que vive en Francia, juega con una niña ucraniana en un centro que ayuda a los refugiados ucranianos con alojamiento urgente y documentos en París FOTO: Francois Mori AP

Son las nueve de la mañana y unas doscientas personas ya hacen fila a las puertas del complejo de exposiciones Porte de Versailles, a las afueras de París. Hay niños, hay lágrimas y, sobre todo, hay un gran cansancio. Muchos de ellos han llegado a Francia después de tres días de viaje desde Kiev, Jarkov o Chernobyl esperando poder encontrar algo de tranquilidad y seguridad.

Estamos en el Centro de Acopio para los ucranianos que llegan a París huyendo de la guerra. Un pabellón de 5.000 metros cuadrados que, en condiciones normales, sirve para grandes eventos y exposiciones comerciales.

A este sitio están llegando actualmente unas 400 personas diarias - directamente desde la estación de trenes del Este de París - que son registradas a nivel de identidad, procedencia y composición familiar. Allí permanecen durante dos o tres días, durmiendo en las 440 camas habilitadas in situ, con acceso a aseos, duchas y comida, para luego ser asignadas a diferentes alojamientos en toda Francia. Los ucranianos son enviados a residencias dispuestas por el Estado o, en su mayoría, ofrecidas temporalmente por particulares. Cualquier ayuda es buena.

Hasta ahora, 87 mil alojamientos han sido habilitados para los ucranianos que llegan a Francia, de los cuales 68.000 han sido ofrecidos por los mismos franceses. Una habitación no utilizada en casa o un apartamento de verano se convierte rápidamente en un refugio en tiempos de guerra.

Lo más llamativo aquí, en Porte de Versailles, es la cantidad de niños que hay. Algunos están desorientados, no entienden nada de lo que ocurre ni tampoco entienden el idioma… pero juegan, dibujan y miran curiosos a todo el mundo. Las historias abundan. Encontramos a Ilya, de 6 años, que viajó durante tres días en coche y en bus, junto a su hermano y su mamá, desde Jarkov hasta París. Su papá los condujo hasta la frontera con Polonia y de allí, viajaron en tren hasta Francia. Ilya se pasea por el centro de acopio, sin soltar su mochila, sin hablar una sola palabra, pero con la mirada puesta en los reporteros de prensa.

Jugando entre las sillas está Andrei, muy sonriente y totalmente inocente de lo que sucede a su alrededor. Andrei, de cinco años, hizo también un viaje de tr es días desde una pequeña ciudad al noreste de Ucrania para instalarse en la casa de su tía Katarina, que vive en París desde hace dos años. Lo más difícil de su situación es quizás el contraste de sentimientos: Andrei sonríe, juega, corre… y su madre, Anya, no para de llorar.

A pocos metros, esperando ser registrada por los funcionarios de la oficina de inmigración, está Iryna, que viajó desde Chernobyl hasta París con sus dos hijas: Zlata, de diez años y Sophia, de cuatro. Su esposo, por ley, tuvo que quedarse en Ucrania para responder al llamado de los reservistas.

Cuando Iryna habla de su ciudad, se desmorona y rompe a llorar: “Nosotros escuchábamos las sirenas todo el tiempo y tuvimos que refugiarnos en un sótano por varios días. Hacía mucho frío. Las amenazas de bombardeo eran constantes. Nos daba miedo quedarnos dormidos. Tuvimos que salir en bus desde Chernobyl hacia Cracovia, Polonia y de allí tomamos otro bus hasta París. Tuvimos suerte porque pudimos subir al transporte, pero había tanta gente que muchos tuvieron que irse a pie. Yo también agradezco a nuestros soldados por todo lo que están haciendo. Pasamos mucho tiempo en la frontera pero ya estamos aquí…”

El operativo de recibimiento en Francia es dirigido por la asociación France Terre d’Asile, con una enorme experiencia en recibir solicitantes de asilo del mundo entero. Su directora, Hélène Soupios-David, explica que el Estado francés, plegado a la decisión unánime de la Unión Europea, otorga un status de protección temporal de 6 meses, renovable hasta 3 años, a todos los ucranianos que lleguen a territorio francés escapando del conflicto. Esto les da derecho a residir en Francia de manera legal y les autoriza a trabajar; también les garantiza el acceso a la salud y a la educación gratuita. Es la primera vez en la historia que se pone en práctica este dispositivo en el seno de la Unión Europea. No se había hecho ni siquiera con los refugiados de Siria.

A los ucranianos también se les otorga una ayuda económica de casi 400 euros mensuales por persona, si se trata de un adulto solo. Si tiene hijos a cargo, el monto aumenta dependiendo de la composición familiar.

En Porte de Versailles, ya son más de 6.000 las personas que han sido atendidas por el dispositivo de acopio. Todos son recibidos con un refrigerio dulce, agua y bebidas calientes. Las entrevistas se realizan con la ayuda de unos 20 traductores voluntarios y también hay animadores para los niños, que organizan juegos y sesiones de pintura y manualidades.

Los dibujos llenan las paredes con la bandera de Ucrania, los colores de Francia y figuras que representan a padres, abuelos y tíos. La palabra Дякую (“Gracias” en ucraniano) también se lee con frecuencia. Pero esto está apenas empezando.

Como bien lo dijo Iryna: “Estoy muy agradecida con Francia, por recibirnos, pero mucha gente está todavía en el este de Ucrania y está muriendo. No tienen comida ni casa…es una tragedia.”