Guerra en Europa

La guerra de Putin rompe la paz de Europa

La invasión rusa ha despertado el coraje, la unidad y la libertad entre los ucranianos frente a una invasión que amenaza los valores comunes europeos. Bucha o Járkiva ya son sinónimos de crimenes contra la Humanidad

Una multitud de ucranianos trata de huir de Kyiv bajo un puente destruido por el Ejército ruso
Una multitud de ucranianos trata de huir de Kyiv bajo un puente destruido por el Ejército rusoEmilio MorenattiAgencia AP

Con el rostro enmascarado, el Ejército ruso cruzó la frontera de su vecino ucraniano el pasado 24 de febrero por el sur, el oeste y el norte. Dejaron tras su paso escenas de destrucción, arrasaron ciudades y siguen aterrorizando con bombardeos masivos a la población civil. El patriotismo exacerbado de un hombre que ha dirigido el país más grande del mundo durante más de veintidós años, arrastró a Rusia a un enfrentamiento sin precedentes contra Ucrania. Durante años, Vladimir Putin concibió un culto extravagante alrededor de su persona, un hombre aparentemente inmortal, capaz de todo, un líder fuerte dentro y fuera de Rusia. Para el presidente ruso, el conflicto que inició el pasado mes de febrero tiene intereses existenciales para su país, su régimen y su Gobierno, y que no puede permitirse el lujo de perder.

Putin ha encadenado su supervivencia a una victoria sobre Ucrania. Aislado internacionalmente, el líder pasó a ser un paria entre los líderes mundiales. Tolerado por un par de regímenes amigos. Vive en una realidad propia donde solo tiene que justificarse a sí mismo de lo que su ejército está haciendo en Ucrania; por ahora sin oposición política o militar a sus decisiones.

El mundo cambió al ser testigo de las imágenes de ciudades como Járkiv o suburbios como Bucha, ahora parte de la historia como abreviaturas de los crímenes de guerra rusos. Para millones de ciudadanos alrededor del país su casa ya no existe, tampoco su pueblo. Hasta la fecha, más de 9 millones de personas han abandonado sus hogares y se han convertido en refugiados, buscando algo que ya no existe en Ucrania: paz. La mayoría de ellos se han quedado en la Unión Europea, mientras otros han viajado hasta Estados Unidos o Canadá. A cuestas solo llevan un par de pertenencias personales y un sinfín de recuerdos de su país, familia y amigos. Este invierno millones de ucranianos están solos e indefensos atrapadas en su casa o refugios, sin electricidad, en medio del fuego cruzado de los constantes bombardeos.

Los que se quedan en el país buscan la valentía en la música, en los vídeos que los soldados ucranianos publican en las redes sociales mostrando ciudades liberadas. Hasta hoy siguen aferrándose al momento heroico de aquellos soldados ucranianos en los primeros días de guerra: “Buque de guerra ruso, vete a la mierda”, prácticamente un lema nacional.

La organización civil sin intervención del Estado ha mantenido con vida a miles de personas, los grupos que llevan víveres a las zonas más castigadas y los que cruzan el país con el coche lleno de ropa de abrigo son la resistencia. Es su manera de lucha para elegir a su propio Gobierno, su religión, su cultura. Dentro y fuera del país, todos los ucranianos necesitan ser héroes porque se enfrentan a inmensas probabilidades de ganar y terribles consecuencias si pierden.

Putin no ha cambiado de discurso y sigue acusando a Ucrania de ser un enclave antirruso, pero es él quien ha creado ese sentimiento no contra Rusia, sino contra su persona. El presidente ruso siempre ha tratado a Ucrania no como un igual o incluso como un hermano pequeño, sino como una colonia. Con su idea de destruir Ucrania devolvió a los ucranianos el coraje, libertad y unidad; porque ahora son más libres que nunca y están más unidos como nación de lo que han estado en sus 31 años como joven democracia. Cada vez más ciudadanos se han dado cuenta de que abrazar la identidad ucraniana es ahora una cuestión de supervivencia, de rebeldía y de apoyo para que Ucrania siga existiendo.

El apoyo internacional es fundamental para Ucrania, el auxilio económico, militar y diplomático es hasta hoy inquebrantable. La unidad de Occidente no entraba en los planes del líder ruso. Al estallar la guerra, el Kremlin contempló como ventaja estratégica su superioridad energética frente a la Unión Europea; no fue lo exitosa que se esperaba debido a un otoño relativamente cálido y las reservas de gas europeas. Una baza demasiado importante que el presidente ruso podría no dejar pasar, el mandatario no le teme a los conflictos prolongados y ya ha demostrado que puede mantener una guerra con las sanciones internacionales en su máximo histórico.

El tiempo podría ser parte de una estrategia a largo plazo en la que Moscú sabe que el próximo invierno será más difícil para los europeos cuando se enfrenten en una puja para competir con el resto del mundo por gas licuado y con los oleoductos rusos parados. Cuando se acerque el frío, Putin espera que este factor erosione gradualmente el apoyo de occidente a Ucrania.

Hay otra guerra que ambos bandos libran mediáticamente, Putin y sus propagandistas televisivos lanzan constantemente amenazas nucleares sutiles y otras más directas. Los líderes militares dentro y fuera de Ucrania están preocupados de que Moscú se esté embarcando en un peligroso camino de escalada nuclear en medio de los dolorosos y humillantes reveses que las fuerzas rusas han sufrido sobre el terreno. En el caso de utilizar un arma nuclear sobre territorio ucraniano, Putin tendría que desalojar los territorios anexados ilegalmente, especialmente Crimea, una península a la que el presidente ruso ha atado su destino.

Las armas nucleares siguen estando sobre la mesa, sobre todo si Putin lo ve como única opción para no perder esta guerra. En Rusia, la propaganda interna y el trato duro por parte de la policía antidisturbios, además de los encarcelamientos masivos, sostienen un sistema en el que las protestas callejeras son escasas e inusuales.

Occidente se juega en Ucrania mucho más que el destino de un país. La asociación antidemocrática y antioccidental que China y Rusia han reforzado desde el inicio del conflicto, donde Pekín sigue manteniendo fuertes lazos económicos con el Kremlin, son fundamentales para entender cómo el gobierno ruso puede seguir financiando la guerra. Los intereses de Xi Jinping van más allá del simple intercambio de mercancías, Xi podría ver el resultado de la guerra en Ucrania como un modelo para abrir la pugna en su vecindario; Taiwán, una potencia tecnológica que Pekín insiste debe anexionarse a China. Si Ucrania cae, los gobiernos autoritarios en Ankara, Teherán y Pekín - firmes socios de Putin- entenderán que la historia está de su lado.

En un año marcado por la guerra, las prioridades de los ucranianos son ahora esenciales, ser libres y vivir con dignidad se hicieron claras y es que se enfrentan a un escenario donde en medio de tanta pérdida, aún pueden perderlo todo.