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Irlanda del Norte, sin gobierno y con el IRA reactivado

El grupo terrorista ha incrementado su actividad en los últimos meses, coincidiendo con la peor crisis institucional que atraviesa Westminster por el Brexit

  • Vecinos de Derry junto a un grafiti que dice: «Sin justicia no hay paz»/EFE
    Vecinos de Derry junto a un grafiti que dice: «Sin justicia no hay paz»/EFE

Tiempo de lectura 8 min.

17 de mayo de 2019. 22:28h

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Celia Maza Londres. 17/5/2019

Durante la campaña del referéndum del Brexit, se habló poco, por no decir nada, de Irlanda del Norte. Su población no representa ni siquiera una cuarta parte de la superpoblada metrópoli londinense. Pero, tres años después del histórico plebiscito, la provincia británica ocupa ahora todo el foco de atención. Y ya no sólo porque la clase política se muestre incapaz de encontrar una solución a la compleja cuestión de la frontera con la República de Irlanda. Sino porque además, el Nuevo IRA ha vuelto a las armas, amenazando el Acuerdo de Viernes Santo que firmó la paz entre católicos y protestantes en 1998.

El grupo terrorista -formado en parte por disidentes del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA)- ha incrementado su actividad en los últimos meses, coincidiendo con la peor crisis institucional que atraviesa Westminster, donde sus señorías no logran ratificar un pacto para sacar al Reino Unido de la UE de manera ordenada.

Apenas se les estaba prestando atención, hasta que durante uno de los disturbios el mes pasado en la localidad de Londonderry, la periodista Lyra McKee, de 29 años, falleció tras ser alcanzada por una bala.

Los responsables pidieron perdón y aseguraron que se trató de un “trágico accidente”. En cualquier caso, el Nuevo IRA está comprometido a continuar su campaña de violencia, a pesar de admitir que no hay apoyo para ello y que no cuentan con posibilidades para conseguir su gran objetivo: la unificación de la isla.

En una reciente entrevista con The Sunday Times, uno de sus componentes explicó -de manera anónima- que la salida del Reino Unido del bloque les ha dado más simpatizantes. “El Brexit ha obligado al IRA a reenfocarse e incidir, una vez más, en cómo Irlanda sigue dividida. Sería negligente por nuestra parte no aprovechar la oportunidad”, afirmó.

Con todo, el Brexit se engloba dentro de un puzzle mucho más complejo. El divorcio coincide con una ausencia de Gobierno autonómico y la singular posición de los unionistas del DUP, que tienen ahora más poder que nunca en la Cámara de los Comunes al “sostener” a un debilitado Ejecutivo conservador sin mayoría absoluta.

Tras el batacazo electoral de las elecciones generales de 2017, la premier Theresa May tuvo que recurrir al apoyo de los protestantes norirlandeses, que han tenido mucho peso en todo el proceso de negociaciones con Bruselas.

Este escenario ha hecho que la voz del Sinn Fein -principal partido de los católicos- haya quedado en un segundo plano durante mucho tiempo frustrando a la comunidad republicana y dando impulso al Nuevo IRA.

Colin Talbot, de la Universidad de Cambridge, asegura a este diario que el Nuevo IRA se trata “de una organización muy pequeña, aunque sí incluye a algunos veteranos del antiguo IRA con suficientes habilidades y acceso a armas para causar una amenaza continua”. En cualquier caso, matiza que “no hay indicios de que tengan apoyo popular”. “El reciente asesinato de Lyra McKee ha creado además un rechazo hacia ellos por lo que probablemente tendrán muy poco impacto en la política de Irlanda del Norte”, añade.

Tras más de dos años sin Gobierno en Belfast, la conmoción causada por la muerte de la periodista ha llevado al DUP y el Sinn Fein a iniciar esta semana una ronda de conversaciones para restaurar el Ejecutivo de coalición. Según el Acuerdo de Viernes Santo, la formación protestante y católica más votada en la provincia británica deben trabajar mano a mano.

El Brexit no fue el causante de la caída del Gobierno autónomo en enero de 2017. La crisis vino provocada por un caso de corrupción de energías renovables. Con todo, el divorcio con la UE sí ha acentuado desde entonces las divisiones entre las dos principales formaciones norirlandesas, que van desde la protección de la lengua gaélica hasta la legalización del matrimonio homosexual.

Si bien no se ha fijado un tiempo límite, Londres y Dublín han indicado que llevarán a cabo una revisión de los progresos efectuados a finales de este mes. “El Gobierno ha estado doblemente ausente en Irlanda del Norte en los últimos años. Primero porque no existía el autonómico. Segundo porque el central ha ignorado el problema haciendo poco por resolverlo. Los Ejecutivos anteriores -tanto conservadores como laboristas- habrían llevado a cabo grandes esfuerzos para intentar que las formaciones norirlandeses llegaran a un acuerdo. Pero ahora se ha ignorado el problema en gran medida”, matiza el académico.

La razón, según el experto, es que el Brexit “no sólo está absorbiendo toda la energía al Gobierno central, sino que además Irlanda del Norte y la frontera crea un gran dilema que Westminster quiere minimizar tanto como sea posible”.

Los 500 kilómetros que dividen la isla conformarán la única frontera terrestre que existirá entre el Reino Unido y la UE tras el divorcio. No se trata de una línea recta, sino de un garabato que atraviesa el mapa como si fuera el trazo torpe de un niño. Divide ríos, corta campos, “parte” puentes e incluso algunos hogares, donde el comedor está en el norte y las recámaras en el sur. Alrededor de 35.000 personas la atraviesan cada día por motivos varios: ir a trabajar, acudir al colegio, visitar el médico.

Y luego está la cuestión ganadera y agrícola, donde se sustenta gran parte de la economía a ambos lados de la isla. Por poner algún ejemplo, un tercio de la leche que se produce en las granjas de Irlanda del Norte va a la República para procesarla y alrededor de 400.000 ovejas son enviadas cada año desde fábricas de Irlanda del Norte al sur.

Si finalmente Westminster no logra ratificar un Acuerdo de Retirada y se aplican los aranceles de la Organización Mundial del Comercio, los granjeros aseguran que esto simplemente “no será viable”.

Tras meses de tensiones, los Gobiernos del Reino Unido y la República de Irlanda han firmado esta semana un acuerdo para que, sea cual sea el resultado del divorcio entre Londres y Bruselas, británicos e irlandeses mantengan una serie de derechos, como la libre circulación de personas entre ambos países, el cobro de pensiones o el acceso a servicios públicos y sociales.

El "número dos" del Ejecutivo británico, David Lidington, y el viceprimer ministro irlandés, Simon Coveney, estamparon su firma en un Memorando de Entendimiento -un documento no vinculante- destinado a proteger la llamada Área de Circulación Común (CTA).

El CTA fue establecido en la década de 1920, después de la independencia irlandesa, y aunque ha concedido derechos y privilegios a los ciudadanos irlandeses y británicos durante casi un siglo, no se había formalizado de esta manera hasta ahora.

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