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Los «chalecos amarillos» acorralan a Macron

El presidente francés celebra una reunión de urgencia con su Gabinete para buscar una salida a la mayor crisis que afronta desde que llegó al Elíseo. Ordena al primer ministro dialogar con los representantes de las protestas.

  • El presidente francés, Emmanuel Macron, visitó ayer a los responsables de la Policía antidisturbios tras el tercer sábado de violencia en el centro de París
    El presidente francés, Emmanuel Macron, visitó ayer a los responsables de la Policía antidisturbios tras el tercer sábado de violencia en el centro de París

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04 de diciembre de 2018. 15:24h

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Asunción Serena.  3/12/2018

Emmanuel Macron, recién llegado de Argentina, acudió ayer al Arco del Triunfo para constatar «in situ», entre silbidos y abucheos, el escenario desolador que ha dejado a su paso la ola de violencia incontrolable que se desató la víspera en París junto a una nueva manifestación de los «chalecos amarillos». Después, recibió en el Palacio del Elíseo al primer ministro, Édouard Philippe; el ministro del Interior, Christophe Castaner; y el de la Transición Ecológica, François de Rugy, para intentar encontrar una solución a esta crisis que se les ha ido de las manos.

Horas antes, tanto Castaner como el portavoz del Gobierno, Jérôme Griveaux, evocaron la posibilidad de instaurar el estado de emergencia en Francia, tal y como se hizo tras los atentados de París en noviembre de 2015, para hacer frente a lo que el sindicato de comisarios de la Policía Nacional califica como «movimientos de insurrección». Sin embargo, la medida no fue contemplada en la reunión presidida por Macron, según indicó el Elíseo. Lo que si hizo el presidente de la República fue pedir al primer ministro que reciba a partir de hoy a los jefes de los partidos políticos con representación en la Asamblea Nacional, así como a un colectivo de «chalecos amarillos».

Mientras tanto la oposición aprovecha la crisis para acentuar la presión sobre el presidente. El líder de Los Republicanos, el conservador Laurent Wauquiez, volvió a insistir en que se convoque un referéndum sobre la política ecológica y fiscal de Macron. Sin embargo, según la líder de extrema derecha, Marine Le Pen, lo que habría que hacer es instaurar un sistema electoral proporcional «y disolver la Asamblea Nacional». En la misma línea se pronunció el líder de la ultraizquierda, Jean-Luc Mélenchon, para quien «solo hay una manera de zanjar la situación: el voto, y eso se llama disolución». Sin embargo, según Reuters, que cita a fuentes del Elíseo, Macron no baraja esta posibilidad para responder a la crisis de los «chalecos amarillos».

El mandatario francés se encuentra en un laberinto con difícil salida. Por un lado, él no cesa de perder popularidad entre los franceses (solo 27% tiene una opinión favorable según la media de los distintos sondeos), por otro, tiene que dar respuestas a un movimiento nada convencional, cada vez más popular a pesar de los actos de violencia que lo acompañan, sin interlocutores a los que dirigirse, y con un sin fin de reivindicaciones, aunque la chispa que ha desencadenado la explosión haya sido la subida del precio de los carburantes.

Una firme respuesta

Pero, como dijo el presidente del Senado, Gérard Larcher, «el Gobierno no tiene derecho a un tercer sábado negro», y las convocatorias a una nueva manifestación ya están lanzadas. Por eso, además de instar al Gobierno a recibir a la oposición y a los líderes identificables de los «chalecos amarillos», Macron quiere una respuesta firme a los actos violentos del sábado. Según el Elíseo, insistió en que «ninguno» quede sin respuesta judicial.

La ministra de Justicia, Nicole Belloubet, afirmó ayer que habrá «una respuesta penal firme e inmediata», para los dos tercios de los 378 detenidos que serán presentados a partir de hoy ante el juez. Durante el fin de semana han triplicado el dispositivo de magistrados de guardia, y hoy reforzarán el número de jueces. El fiscal de la República, Rémy Heitz, precisó que los delitos cometidos como violencia contra las fuerzas del orden, degradaciones o porte de armas están castigados con entre tres y siete años de prisión. Entre los detenidos hay 33 menores. En su mayoría son hombres, procedentes de distintas provincias, y que habían ido a París a manifestarse y a pelearse con los policías.

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