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Trump dice que «los misiles irán a Siria» y reta a Putin a derribarlos

El presidente de EE UU amenaza a Al Asad vía Twitter

  • El presidente de EE. UU., Donald J. Trump
    El presidente de EE. UU., Donald J. Trump / Efe
Nueva York/Beirut.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de abril de 2018. 04:07h

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Julio Valdeón/Ethel Bonet.  Nueva York/Beirut. 11/4/2018

JUn año después de que Bachar al Asad usara por penúltima vez su arsenal de armas químicas, y de que EE UU respondiera al crimen de guerra con el lanzamiento de varias decenas de misiles Tomahawk, Donald Trump valora otra vez bombardear Siria mientras trata de resolver un rompecabezas peliagudo. Su tuit de ayer resultaba incontestable: «Rusia se ha comprometido a derribar todos y cada uno de los misiles disparados contra Siria. ¡Prepárate, Rusia, porque vendrán [los misiles] bonitos, nuevos e inteligentes! ¡No deberían ser socios de un animal que gasea y mata a su gente y disfruta con ello!»

Las palabras de advertencia a Rusia llegan apenas una semana más tarde de que anunciara sus planes para retirar en seis meses los más de 2.000 soldados de EE UU desplegados en Siria, luego de que, según sus propias palabras, el Daesh esté prácticamente vencido. Para Trump, y en contra de la opinión mayoritaria entre sus generales, llegó el momento de que otros países lidien con el escenario de una Siria devastada por la guerra civil.

Pero su mensaje del fin de semana, cuando aseguró que será durísima la respuesta estadounidense al ataque con armas químicas en Duma, lo obliga a actuar más allá de la mera performance: si algo demostraron las limitadas represalias contra Asad aplicadas en el pasado por él y por un Obama que no dudó en saltarse su propia advertencia de que no toleraría el uso de armas químicas fue su rotunda inutilidad. Tras los bombardeos limitados en tiempo y forma contra ciertas instalaciones militares continuaron imperturbables, si es que no se multiplicaron, las masacres contra los enclaves rebeldes, las violaciones de los derechos humanos, los presuntos crímenes de guerra y el martirio de la población civil. Del otro lado existe el riesgo, advertido por el Kremlin, de que una respuesta masiva por parte de EE UU provoque de forma accidental un conflicto de consecuencias impredecibles con Rusia, aliado natural de Damasco. Nada podía ser más significativo al respecto que el siguiente tuit de Trump, cuando lamentó que las relaciones con Rusia son las peores de todos los tiempos, incluida la Guerra Fría. A su entender, «no existe razón para esto. Rusia nos necesita para ayudar a su economía, algo que sería fácil de lograr, y nosotros necesitamos que todos los países trabajen juntos. ¿Detenemos la carrera armamentística?».

Moscú, que no está dispuesto a que Trump se salga de rositas tras sus graves amenazas, advirtió de que podría utilizar los sistemas de defensa antiaérea S-300, S-400 y Pantsir si EE UU ataca Siria. Con la guerra civil de telón de fondo, Trump y Putin están atravesando uno de los peores momentos de sus relaciones diplomáticas. El primero está tan enojado por el desplante de Moscú al votar en contra de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para que se investigue un supuesto ataque químico gubernamental contra la población civil en Guta Griental, a las afueras de Damasco, que ha metido en el mismo saco al criminal régimen sirio y a sus cómplices (Irán y Rusia).

Pero, ¿por qué ahora? Después de cerca de 200 presuntos ataques con agentes químicos desde 2012, según grupos de la oposición, la Administración Trump amenaza con acciones contundentes que nada tienen que ver con la tímida respuesta que dio EE UU en abril del año pasado a Asad, lanzando una ristra de misiles contra una base aérea tras un supuesto bombardeo con gas sarín en el que murieron 80 personas en la localidad de Idlib.

La reacción beligerante de Trump llega apenas una semana después de la gira del príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, a EE UU. Hoy está en España tras visitar Francia, que apoya las acciones de Washington, y se ha reunido con líderes árabes que sienten la misma inquina hacia Irán y, por ende, contra Asad. Para enredar más la maraña, aviones no identificados, probablemente cazas israelíes, atacaron el lunes una base aérea siria, causando 14 bajas. Ante el inminente ataque, Siria y sus aliados habrían comenzado a evacuar las principales bases militares y aeródromos.

La situación que se avecina en Siria es delicada si finalmente se abre la veda para los bombardeos occidentales contra objetivos del régimen sirio y sus aliados, que tienen desplegados decenas de miles de militares y combatientes. Las consecuencias sin duda serían desastrosas, ya que escalaría a un conflicto regional. Tanto Israel como Arabia Saudí se frotan las manos pensando en el debilitamiento de Irán si cayera el régimen de Damasco, aunque es una hipótesis que Moscú no contempla ni estaría dispuesto a dejar caer a su principal socio en Oriente Medio y perder la única salida que tienen sus buques de guerra al Mediterráneo.

Damasco sigue negando el uso de armas químicas y como en todas las veces anteriores no se ha responsabilizado del ataque con gases tóxicos en Duma (suburbios de Damasco). Con el apoyo incondicional de Rusia e Irán, el régimen sirio ha bloqueado hasta la fecha el trabajo de los investigadores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) para determinar si se han usado o no agentes químicos en los bombardeos del Ejército de Asad.

Sin embargo, los trabajadores sobre el terreno de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraron ayer que unas 500 personas fueron atendidas en centros médicos en Duma con síntomas de exposición a agentes químicos y que otras 70, que estaban en sótanos, murieron.

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