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Qué es lo bueno de tener un mal día (y cómo sobrellevar la cuarentena)

Hablamos con Anabel González, psiquiatra y psicoterapeuta, en plena crisis sanitaria por el coronavirus.

Nos quedamos en casa, teletrabajamos y casi que televivimos. No podemos abrazar, no podemos besar, no podemos ver a la persona que más deseamos y tenemos miedo, ansiedad y mucha incertidumbre. Pero, ¿qué es lo bueno de tener un mal día? Y más en plena crisis sanitaria que estamos viviendo en nuestro país por el coronavirus. Para ayudarnos a llevar la situación y nuestras emociones, hemos tenido una interesante conversación con Anabel González sobre las emociones en estos momentos. Ella esa psiquiatra y psicoterapeuta y autora del libro “Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar nuestras emociones para estar mejor”.

¿Qué es lo bueno de tener un mal día y más en la situación que estamos viviendo?

Si ya era importante antes llevar bien los días malos, ahora mismo es fundamental. Es una mala época, en la que hemos de afrontar situaciones completamente nuevas y difíciles. Los que ya sabían llevar bien los malos momentos y los malos días, tendrán más recursos para lidiar con el Covid-19 y todo lo que conlleva. Los que cuando pasaban por un mal momento se convertían en su peor enemigo o caían en el autoabandono, pueden tener la misma tendencia ahora, y es el momento en el que menos nos interesa caer en ello.

Además, el confinamiento obligatorio durante semanas nos lleva a otra situación: estamos todo el tiempo con nosotros mismos, no hay tantas distracciones, tanta velocidad yendo de un lado a otro, como podía pasar en nuestra vida previa. Tenemos que parar sí o sí, y hemos de hacerlo con muchas emociones mezcladas y a veces desbordadas. Todo lo que podamos hacer para regularnos emocionalmente nos va a ayudar, no solo a pasarlo mejor, sino incluso a estar mejor físicamente y a que nuestro sistema inmunitario esté fuerte.

Por ello es fundamental aprovechar estas semanas para cambiar el modo en el que regulamos nuestras emociones. Si nos cuidamos estos días más que nunca, sacaremos algo bueno de todo esto. Cuidarnos no es solo comer bien y dormir de modo regular, sino también pararnos a notar cómo estamos, hablarnos bien por dentro, hacer cosas que nos ayuden a nivel emocional, y también comunicarnos emocionalmente con los demás.

Pero creo que a mayores de todo esto, estamos viendo cuántas cosas buenas, e inesperadas, están saliendo de esta crisis. Hemos conseguido como sociedad ayudar a los sanitarios no desbordando las urgencias, estamos funcionando como grupo social. Esto nos da fuerza a los humanos, el contacto con el grupo. Fijémonos que incluso teniendo que evitar el contacto físico estamos encontrando modos de estar en contacto: aplaudimos juntos a los que están trabajando por nosotros, nos comunicamos de balcón a balcón, y sacamos la parte buena de las redes sociales, que nos mantienen en relación aunque no estemos cara a cara. Muchas personas están teniendo iniciativas para ayudar a otros, y con esta ayuda mutua todos nos sentimos mejor. Pero además, circunstancias como esta que tambalean todas nuestras certezas, nos hacen replantearnos prioridades y valorar mucho más cosas a las que no estábamos dando importancia.

¿Cómo hacer para levantarse de manera positiva?

Hay dos temas, como decía antes, que son importantes:

Uno: Dejar de ser nuestro peor enemigo. A veces hacemos muchas cosas que nos perjudican, y pese a saberlo, las hacemos. Llevado a este momento, “solucionarlo” bebiendo o fumando más de la cuenta porque estamos nerviosos es un buen ejemplo. Pero también internamente, podemos estar autoagobiándonos, diciéndonos todo el tiempo lo que puede ir mal, quejándonos de nuestra suerte, enfadándonos con nosotros mismos por tener miedo o por estar disgustados, y muchos otros sistemas que hacen que nuestro malestar suba y suba. También a nivel de grupo puede pasar: podemos comunicarnos para contarnos como nos sentimos y apoyarnos, o para entrar en un bucle de queja y agobio colectivo, en una especie de “calentamiento de cabeza global”.

Dos: No autoabandonarnos. Si estos días tenemos que estar en casa podemos caer en la trampa del “¿para qué?”… ¿para qué me voy a levantar, me voy a duchar, me voy a vestir, voy a hacer de comer…? Dejarnos ir hacia abajo, no tener un orden en el día, nos puede dar una sensación mucho peor de la que teníamos.

Nos pueden servir dos reflexiones: Una, ¿lo que hacemos o nos decimos, se lo aconsejaríamos o diríamos a nuestro mejor amigo? Si no es así, cambiemos. Aprendamos a decirnos lo que nos ayuda, no lo primero que nos viene a la cabeza. La segunda: cuidado con los “¿para qué?”. Démonos siempre la misma respuesta: lo hago por mí, para llevarlo mejor, para tener una sensación mejor.

¿Algún truco para gestionar las emociones negativas?

Hagamos por no empeorarlas, pero las emociones negativas están bien. Fijémonos en el miedo, es lógico sentirlo, hay un riesgo potencial para la salud, y no sabemos si nos va a tocar a nosotros o a nuestros seres queridos. Tampoco sabemos cómo va a afectar a nuestra vida en el futuro. El problema no es tener miedo, es entrar en pánico, porque entonces dejamos de pensar y podemos hacer cosas absurdas, o incluso imprudentes. Algunas personas han negado el miedo y han incumplido las medidas de precaución que nos aconsejaban, o incluso hay caído en la insensatez. ¿Cómo si no se puede explicar que en plena pandemia se hayan reunido miles de personas disfrazadas de pitufos en Francia? Esto no se entiende simplemente diciendo que se trata de estupidez, las personas cuando tienen miedo a veces actúan en dirección contraria, quieren “superar” el miedo “siendo valientes”. Negar el miedo nos deja sin protección.

Sí que nos interesa no entrar en pánico: no pensemos futuros catastrofistas, siendo realistas la enfermedad será una mala gripe para muchos, y los que estén peor, tienen a un sistema sanitario excelente dando todo de sí para cuidarlos. Si pensamos que lo peor nos pasará a nosotros, y nos agobiamos como si estuviese pasando, quizás suframos por algo que nunca llegue a pasar, y es una pena. Ya nos llega con lo que está pasando. Y como esto, podemos hacer cosas para no multiplicar el miedo.

El exceso de información y las redes sociales, ¿nos ayudan o perjudican en esta crisis?

En la línea que decía antes, las redes sociales pueden ser multiplicadoras del miedo. Es importante estar informados, y la información cambia de hora en hora, pero si nos vemos saturados, desconectemos el teléfono o las noticias. Con conectarnos una vez al día llega si nos vemos agobiados. También es importante buscar información 100% fiable, solo de organismos sanitarios.

Pero creo que aparte de esto, las redes sociales han mostrado en estos tiempos la mejor versión de sí mismas. La reacción social ha ido algo por delante de los gobiernos gracias a que todos estamos informados. Nos está permitiendo mantenernos emocionalmente conectados aunque estemos físicamente aislados. Y además está generando respuestas colectivas solidarias, activando nuestra creatividad, y sacando muchas cosas buenas que tenemos y que solo salen a la luz en periodos que están fuera de lo ordinario.

¿Cómo gestionar la ansiedad en estos momentos?

La ansiedad puede venir de anticipar cosas negativas a futuro: aquí como decía es importante darnos datos realistas sobre el riesgo, que no es tan alto, y que aunque lo fuera, puede tratarse. También puede venir de la sensación de falta de control que esta incertidumbre nos genera: aquí todo lo que introduzca orden, rutinas, cierta disciplina diaria, nos vendrá muy bien. Otras veces entramos en bucles de pensamientos negativos como “no soporto esta situación, quiero salir, no puedo aguantar en casa…”: estos pensamientos repetitivos hay que frenarlos, las veces que haga falta, con otras frases como “ahora mismo esto es lo que hay”, “puedo aprender a llevarlo”, o “ya pasará”. Busquemos que actividades nos entretienen o relajan, eso ayuda, pero sobre todo vigilemos lo que nos decimos por dentro, para no echar más leña a la hoguera.

Si tenemos pensamientos negativos mejor hablarlos con nuestros compañeros de cuarentena o callarnos para no trasladar nuestra negatividad al otro.

Es bueno hablar de lo que sentimos, expresar nuestros temores, nuestras dudas… un rato. Luego podemos hablar de otras cosas, contar chistes o distraernos. También es una buena oportunidad, con tanto tiempo de convivencia con la familia y muchos momentos sin nada que hacer, para hablar de otras cosas que nos importan con las personas con las que nos relacionamos.

Lo que creo que no es útil es entrar en fenómenos de queja colectiva, o de agobio contagioso. En lugar de servirnos de desahogo, esto funciona como un multiplicador de las angustias de cada individuo. Creo que tampoco es momento para quejarnos de lo mal que se hacen las cosas, o aprovechar para arremeter con el enemigo ideológico. Yo creo que tenemos otras prioridades como sociedad.