Lo bueno y lo malo de ser promiscuo

La promiscuidad no significa tener líos y va más allá de con quién se marcha uno a la cama, la promiscuidad es un estilo afectivo .

Imagen de la serie 'Girls'.
Imagen de la serie 'Girls'. FOTO: Archivo

Entre los moralistas de “las relaciones de pareja son para toda la vida” y los desconocedores del cerebro y las necesidades humanas que vaticinan el fin de las relaciones monógamas, existe un espacio, para el sentido común, la salud física y psicológica y, lo más importante, la estética. (Como dice mi madre, para pecar hay que ser joven y bello; pasada una edad, la única imagen admisible y digna es la rectitud moral, sobre todo en el terreno de la intimidad física).

En pleno siglo XXI y más allá de los preceptos religiosos, las restricciones mojigatas (que condenan con especial puritanismo los “pecados” de cintura para abajo), más allá incluso del tipo opuesto de cursilería, la del que sintiéndose más abierto o libre reniega de su condición de Hombre y pretende igualarnos con los animales, existe la realidad, y la realidad, como saben, no se compadece de nosotros.

En nuestro cerebro, a diferencia del animal (paleocortiano), predomina el neo córtex, donde este último controla las emociones y las capacidades cognitivas, la autoreflexión, la resolución de problemas, la habilidad de escoger el comportamiento adecuado, el razonamiento, el pensamiento abstracto, el afecto, el apego y la lógica. Se trata del área del cerebro que permite todas las funciones mentales superiores. El yo.

El animal (que sólo tiene paleo córtex) es promiscuo, sí, y en tanto en cuando un ser humano se comporte de un modo paralelo o similar al animal será más paleocortiano y menos persona.

Pero no seamos timoratos, la promiscuidad, apreciado lector, no consiste, como dice Wikipedia o la RAE en la práctica de relaciones sexuales con varias parejas o grupos o en la “aventura de una noche” (de la vieja normalidad), la `promiscuidad no significa tener líos y va más allá de con quien se marcha uno a la cama, la promiscuidad tiene un fondo psicológico, es un estilo afectivo (o mejor dicho, no afectivo) y aunque tenga uno pareja, será infiel porque la promiscuidad consiste en un fracaso recurrente de las relaciones con los demás.

Según la Organización Mundial de la Salud la promiscuidad se da cuando alguien mantiene relaciones sexuales con más de dos personas en un periodo inferior a 6 meses, sin embargo, lo importante es tomar en cuenta no la cantidad de parejas, sino la forma en que éstas se tienen (además, según la OMS todos somos alcohólicos).

Hay personas que temen comprometerse y asumir responsabilidades, por inmadurez, inseguridad o una trayectoria de carencias afectivas que les conduce a hacer del amor un deporte y practicar el sexo como quien sale a hacer senderismo, desconociendo la naturaleza de nuestro cerebro y sin las mínimas nociones de anatomía y epigenética.

Por descontado, la promiscuidad aparece dentro de algunos cuadros clínicos previos como el trastorno límite de personalidad, el narcisismo, la depresión o la fase maniaca del trastorno bipolar donde las personas pueden encontrar en la promiscuidad un analgésico, una manera de tratar el dolor psíquico, llenar el vacío o generar una identidad. La persona promiscua busca algo que la compense como el adicto busca llenar la depresión con drogas,

La realidad es que no estamos preparados para intercambios íntimos gratuitos y superficiales por lo que tener relaciones con cualquiera nos devolverá numerosas secuelas psicológicas: desorganización, baja autoestima, estrés, ira, culpa, vergüenza, ansiedad, tristeza… porque, a diferencia de otras especies, los seres humanos no actuamos por instinto exclusivamente, tenemos conciencia, memoria y fondo.

Entre las enfermedades asociadas a estas prácticas tan habituales y normalizadas hoy, podríamos citar el SIDA, las hepatitis B y C, el virus del papiloma humano (VPH), la prostatitis, el cáncer de próstata, la gonorrea, las verrugas genitales y diversas infecciones, además de embarazos no deseados (y abortos) …

Mi médico dice que, en definitiva, la promiscuidad es incompatible con el bienestar emocional y físico, donde el Hombre resultará desorientado, con un “yo” todavía más difuso, sin saber quién es, ni a dónde va.

Lo que realmente funciona en nuestro caso no es dejar actuar al sexo ciegamente, sino controlarlo y mezclarlo con ternura: el amor de pareja, el sentimiento de pertenencia, generar un vínculo

Con respecto a los aspectos positivos de la promiscuidad, y aunque están de moda las estructuras límites de la personalidad no los analizaremos porque con independencia de las empresas y multinacionales que viven de productos y servicios relacionados con ella, no existe ninguno.