Bolso a la cintura o la vuelta a los orígenes

¿Ese bolso que te encanta es el culpable de tu dolor de espalda? Atenta al regreso de esta tendencia

Fotografía del Instagram de @ysl
Fotografía del Instagram de @ysl FOTO: Captura de pantalla

Volver a los orígenes, a las raíces, a lo que somos, a lo natural… está de moda. Atrás quedaron los tiempos en que lo artificial era moderno. Parece mentira en un mundo en el que las RR.SS. y los filtros marcan no solo las pautas laborales, sino también los gustos y los cánones estéticos porque quién nos iba a decir que quisiéramos parecernos, gracias a un filtro/holograma, a un perrito anime… Pues sí. Así son las cosas. Pero parece que todo está cambiando… Ya sabéis, para que todo siga igual. Que la moda es lo que tiene: es cíclica y pasajera. Pero vayamos al meollo de las cosas. Mientras que Rigoberta Bandini lucía en su vestido de ganchillo la marca Aneto y las gallegas Tanxugueiras posmodernizaban un traje regional gallego con siglos de historia, en la pasarela de París, Saint Laurent reivindicaba el monedero en la cintura, o sea, lo que nuestras bisabuelas llamaban la cartera en el refajo. Parece una boutade, pero, nenas, no lo es.

Ni descoyuntamientos de hombro, ni bandoleras que descompensan la espalda, ni riñoneras que marcan el michelín allí donde no hay (¡no lo hay!), por si fuera poco, con ese nombre tan feo… Anthony Vaccarello, director creativo de Saint Laurent, nos pone el bolso en la cintura. Ni a un lado, ni pendiente de un cordón, ni sujeto con remaches –que eso ya lo habíamos visto– o incluso rollo arnés sadomaso. No, no, bolso en la cintura. Apunta bien: en la cintura, pero dentro de la cintura. O sea, entre la cinturilla del pantalón o falda y tu piel. Se trata, por supuesto, de un bolso sobre, que es un clásico en la Maison francesa, de dimensiones pochette, o sea, cartera, justo justo para el abdomen sin rozarte la costilla. Qué incómodo, estaréis pensando. Pues no. En realidad, es mucho más práctico de lo que pensáis.

Vaccarello consigue en esta propuesta no solo el equilibro perfecto entre la sensualidad femenina y la masculinidad exacerbada, que es la impronta más característica del diseñador italobelga, sino que también se retrotrae a uno de los momentos clave en la historia de YSL. Y no solo de la firma, sino del hombre, cuando el couturier descubrió Marrakech y dio un vuelco al alma de la Maison y, por ende, a la moda que, a partir de los 70, tuvo olor a especias y el color de la arena y el cielo del desierto.

“En cada esquina de Marrakech encuentro grupos de hombres y mujeres rebosantes de vitalidad que visten caftanes rosas, azules, verdes y malvas. Me admira constatar que esta gente que parece sacada de un boceto de Delacroix es en realidad una improvisación de la vida”, así describía Yves Saint Laurent su refugio marroquí en la biografía escrita por Laurence Benaïm. Una ciudad que visitaba varias veces al año, cuando su inspiración y su energía estaban en horas bajas. Bergé y él la descubrieron en febrero de 1966, en un viaje de placer que determinaría su futuro para siempre. Y en esos cuadros de Delacroix como recordaba YSL, se puede observar cómo, entonces y ahora, aquellos hombres vendedores tenaces de impolutos caftanes a rayas azules y blancas, ceñían en su cintura –con gruesos cordones– carteras sobre de piel suave para guardar el dinero de la jornada.

No es de extrañar entonces que Vaccarello, en esta vuelta al pasado, se haya encontrado con fotografías y recuerdos en los que aparece retratado este tipo de marroquinería ancestral, utilizado por mercaderes del Norte de África y Oriente próximo. Incluso al propio YSL que ya a mediados de la década de los 60 compró su primera casa en la ciudad, la Dar El Hanch (el hogar de la serpiente), ubicada dentro de la Medina, muy cerca de la mezquita de Bab Doukkala. Era fácil verlo recorriendo las estrechas callejuelas a la grupa de su bicicleta con la camisa interior –que los lugareños llevan debajo de la chilaba– ajustándosela con un cinturón de cuero ancho y sí, con este sobre de piel curtida en la cadera.

Y para rizar el rizo, la ocurrencia de Vaccarello también tiene que ver con su pasado. El director creativo de la firma lo fue antes de Versus, sí, la línea más joven de Versace, pero también de Fendi –exacto, fue un discípulo aventajado del Káiser Lagerfeld, amienemigo de YSL–.

Como veis, la propuesta en pasarela es tan sensual como sugerente y provocativa. Pantalones de tiro alto, toreras, tops, charol… Vistas así las cosas, no me digáis que no es fácil imaginarse a Jerry Hall sujetándose el bolso de charol en su cinturón dorado mientras ondea su melena y aplaude a una desnuda Grace Jones sobre la pista de Studio 54 cantando La vie en rose, ¿no te parece?