Lidia Bedman, el amor «influencer» del líder de Vox

La mujer de Santiago Abascal representa el éxito de las madres blogueras

  • Gracias a su labor como «influencer» y al seguimiento que ha conseguido en Instagram, Lidia Bedman ya es una imagen cotizada para las marcas
    Gracias a su labor como «influencer» y al seguimiento que ha conseguido en Instagram, Lidia Bedman ya es una imagen cotizada para las marcas

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01 de diciembre de 2018. 04:33h

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Marian Benito.  1/12/2018

Pragmática, sana y amante de la vida saludable y ecológica. Fiel a su condición de «millennial», prioriza el disfrute personal y de su gente y ha decidido ser libre dedicándose a una ocupación que colma sus expectativas, la de madre bloguera. Lidia Bedman tiene mucho que decir y que compartir. Representa el éxito del movimiento «Mommy-Influencer», el nuevo nicho en el que las marcas del sector están apostando con fuerza. Pero hay otro asunto que ocupa estos días a esta «instagramer»: la campaña política de su marido, Santiago Abascal, presidente de VOX. Su consolidación en las encuestas la ha obligado a tomar una lección acelerada sobre cómo esquivar a un público que juzga incluso sin conocer. Ajena a las críticas, nunca ha necesitado el relumbrón de su esposo para sumar seguidores en sus redes sociales relatando sus rutinas a modo de diario.

Su red social favorita es Instagram, donde cuenta ya con más de 122.000 seguidores, en su mayoría mujeres embarazadas y madres primerizas que buscan en ella ayuda para afrontar su maternidad. No se despista de los valores que quiere transmitir, como la alimentación saludable en familia o la importancia del juego en la formación del niño. Criada en los albores de la comunicación digital, se ha convertido, igual que su marido, en líder de opinión, pero en temas de maternidad y educación. Aunque ambos han escogido la discreción para su vida en pareja, su profesión, que le obliga a una continua exposición en las redes sociales, nos ha permitido el acceso a esa parcela de su biografía que ella quiere mostrar: escapadas a su Alicante natal, sus paseos románticos por la playa o la ruidosa vitalidad de sus hijos, Jimena y Santi. Es emocional y entusiasta.

A partir de ahí, el resto es intuición. Y lo que se entrevé es una extraordinaria capacidad para sembrar sosiego en su entorno y un manejo tan exhaustivo de las tecnologías de la comunicación que resulta fácil hacerse una idea de cómo es el lecho conyugal, con tomas de corriente a ambos lados de la cama y otras cuantas más repartidas por la habitación, tanto para usb como enchufes. «Si volviera a nacer, volvería a buscarlo en una nave del tiempo», publica en su cuenta. De esta declaración de amor en redes se desprende que seguramente es la consejera en la que más confía su marido y el eje invisible de sus campañas. Al tifón que le sobreviene por ser esposa de quien es, se une su cualidad de mamá «cool» que posa impecable embarazada, con tacones y maquillaje. Ocho días después de dar a luz exhibió radiante su vientre plano y sin una sola herida de guerra.

Imperdonable en el país de esa envidia que Cervantes llamó raíz de infinitos males y carcoma de virtudes. «Se me dan muy bien los embarazos y partos y me recupero sin moverme del sofá», se defiende sin enredos. Intolerable para quienes disfrutan cacareando el dolor maternal, los senos chorreando y las hormonas enloquecidas. Aunque habla con desenvoltura de las ventajas de la leche materna, no oculta a sus seguidoras las dificultades que encontró para amamantar a su benjamín, Santi. Y advierte de que con la maternidad sus reflejos han alcanzado velocidad de crucero. No se considera «superwoman» y sabe que no todo puede ser fantástico.

«Simplemente me defino como una mamá que trata de hacer lo mejor posible para su familia». ¿Su proyecto más ambicioso? Un insobornable compromiso con la familia y la felicidad que aportan las pequeñas cosas de la vida. Acorde con su filosofía vital, obsequia a sus seguidores con el secreto que desvela el zorro en «El Principito»: «Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos». En su corazón están sus domingos de paella en familia y la morriña que siente, sin ser gallega, cuando deja esta tierra. Sin duda, cada una de sus imágenes va a ser observada a partir de ahora con lupa.

Coqueteo con la política

Lidia contrajo matrimonio el pasado mes de junio con Santiago Abascal, con quien tiene dos hijos. Para la ocasión, lució un vestido blanco nupcial que le dejaba la espalda al descubierto firmado por José María Peiró. Tiene 33 años y se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad católica San Pablo CEU. Santiago es padre de otros dos hijos de una relación anterior. Celosa de su vida íntima -a pesar de las escenas cotidianas que publica en redes- confiesa que momento mágico es la merienda, cuando llega su hija mayor del cole y le cuenta. En 2015 se presentó en las listas a la Asamblea de Madrid por Vox, aunque en esas elecciones la formación política se quedó sin escaño.

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