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Franco y sus perfiles

  • Vista general del Valle de los Caídos / Foto: Alberto R. Roldán
    Vista general del Valle de los Caídos / Foto: Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 4 min.

12 de enero de 2019. 20:11h

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o hay dudas que querer desenterrar a Franco ha dado pie para abrir la caja de Pandora. En su discurso programático como presidente del Gobierno, el traslado de Franco a un lugar privado estaba entre las primeras y urgentes medidas que el nuevo Ejecutivo quería acometer. Son pocos los que dudan que esta extemporánea acción era parte del pacto secreto que PSOE y Podemos habían alcanzado para garantizar la estabilidad gubernamental. Sabido es que los pactos políticos, aquí y en Pekín, tienen la parte que se da a conocer y otra, posiblemente la más comprometida, que se guarda secretamente. No creo que el citado traslado vaya a mejorar el paro, el déficit, ni las listas de espera de los hospitales públicos, ni tan siquiera el problemón catalán. Ya sabemos que Sánchez no es muy felipista, al igual que González no es partidario del actual presidente. Pero éste se tendría que haber mirado en el espejo del que ha sido el mejor presidente socialista, además de uno de los artífices de estos 40 años de democracia y de la Constitución que la ampara. Con más de 200 escaños y más de 14 en el cargo de presidente, jamás se planteó hacer nada sobre el enterramiento de Franco. Estaba leyendo el sábado una nueva tentativa del Gobierno para salir del barrizal donde está metido en este tema y decidí pasarme a un cierto humor, para lo cual tomé un libro de hace años que escribió la inefable Pilar Eyre sobre el dictador y su tropa.

Francisco Franco fue jefe del Estado 37 largos años. Para bueno para muchos; para malo para muchísimos. Que este largo periodo de dictadura se mantuvo férreamente es un hecho incontestable. En casi cuatro décadas es imposible que a pesar del pecado de origen no se tomaran medidas que fuesen buenas. Tengo la seguridad de que nadie que ejerce el poder por la fuerza, como fue el caso de Franco, o a través de las urnas –que como dijo Churchill es la menos mala de las formas de gobernar– tiene la intención de fastidiar a su nación. Distinto es que lo consiga por ineptitud, o por que ideológicamente imponga unas medidas que sumerjan a los ciudadanos en la miseria a todos los niveles. Incluso un lunático que se propusiera como forma de gobierno joder a sus compatriotas, algunas de las acciones que tomara para este fin resultarían fallidas y terminarían siendo beneficiosas. Se ha escrito mucho sobre el franquismo y su líder. Últimamente Preston, con el aval de la fallecida Carmen Franco, única hija del dictador, que ha reconocido que a su padre no le molestaba semejante título. «Franco confidencial» se llama el escrito por Pilar Eyre. Especialista en biografías para todos –esto lo escribo como mérito–, Pilar hace ligeras y amenas sus historias y les da un toque de revistas del corazón, especialidad periodística de la que es maestra. Todo ello hace posible que muchas personas que nunca pasarían de la tercera página con un relato sobre las Reina Victoria Eugenia o Sofía, la Condesa de Barcelona, o el mismísimo Caudillo escrito por un sesudo intelectual, se entere entretenidamente de la vida de personajes que han tenido papeles protagonistas en la historia de España. Cierto es que lo contado no se ajustará a la verdad: siempre se novela en la historia y mucho más en las biografías. Estoy en la lectura del relato de Eyre y, efectivamente, me resulta interesante y muy distraído. Pasa uno por los capítulos como si tratara de un culebrón y es que al final la vida diaria de un gran personaje no deja de ser una novela por entregas, más si se llega al poder absoluto cuando nunca pasó por la cabeza que semejante situación se pudiera producir. ¿Se imagina alguien que Franco hacía planes, incluso siendo general de ocupar de alguna forma el trono de Alfonso XIII? Más bien pensaría si las autoridades de la República no terminarían deteniéndolo o incluso mandando asesinarlo para librarse de un prestigioso militar que podría rebelarse. Incluso cuando ya está en la rebelión, lo primero que busca es la seguridad económica para su familia por si la intentona sale mal o muere en el transcurso de la misma. Imaginen a Doña Carmen, casada decorosamente con un «comandantín». Señorita de provincias de misa diaria, pudo imaginar que iba a ejercer casi de Reina. No olvidemos que España fue un reino durante el franquismo. Pasar de corista a supervedette cuesta. Como conviene no estar de acuerdo en libros que relatan una parte de la historia, me voy acoger a lo más frívolo. Cuenta la autora que doña Carmen sintió unos celos terribles de Eva Perón durante la visita de la misma a nuestro país. Discrepo. Cierto es que la argentina era muy atractiva. Además se mostraba de forma muy llamativa y hablaba de una forma que la hacía arrebatadora. Pero el Generalísimo, al contrario que los miembros de su familia, incluso que sus compañeros de armas, no era hombre dado a las conquistas, y la que mejor sabía el por qué era la señora del Pardo.

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