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Primer «test de estrés» reciente de la iglesia española

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*Profesor titular de Economía y director de la Cátedra de Economía de la Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Sevilla, e investigador asociado Universidad Autónoma de Chile.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de octubre de 2017. 20:21h

Comentada
José Manuel Cansino*.  23/10/2017

Se acaba de celebrar el día la campaña del Domund o Jornada Mundial de las Misiones. La campaña supone una aportación muy significativa a las obras misionales pontificias que la Iglesia Católica tiene desplegadas por todo el mundo, particularmente allí donde las necesidades son más acuciantes.

En 2016, los españoles aportamos 12,2 millones de euros, un 11 % menos que en 2015. La cifra de este año puede verse resentida por el aluvión de críticas que ha suscitado la tibieza de la Declaración de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal sobre la situación de Cataluña. Críticas que han venido no sólo de un nutrido grupo de obispos, sino también de numerosos fieles que tampoco han sido ajenos a la activa colaboración de los colegios catalanes de importantes órdenes religiosas como los Jesuitas o los Salesianos, en el referéndum ilegal del pasado 1 de Octubre. A toda esta coyuntura ha venido a sumarse la lectura en estos días en la misa dominical del libro del Apocalipsis (3:15-17 – 15), que literalmente dice «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». Naturalmente, la lectura estaba programada mucho antes del desafío secesionista.

Lo que resulta evidente es que será el primer «test de estrés» que la Iglesia Católica española va afrontar después de hacerse pública la nota de la Conferencia Episcopal. Sólo hay un dato que podría suavizar la caída en la recaudación.

El dato viene de la mano del propio carisma del día del Domund o, más genéricamente, de la labor misionera de la Iglesia Católica. Sin duda, esta labor es una de sus partes más valoradas, hasta el punto de que en la quebradiza fe de millones de católicos aún pesa más que las aristas oscuras de la propia institución. Los ciudadanos identificamos más directamente el Domund con la acción misionera de la Iglesia que con su jerarquía. Esto y no otra cosa es lo que podría permitir pasar el «test» sin un grave descenso en la recaudación.

Además, y no menos importante, hay que detenerse en pensar en ¿quiénes son los principales damnificados por un descenso en las contribuciones a las campañas del Domund? En buena medida, personas con unas necesidades similares aunque más acuciantes que las que tienen quienes llaman regularmente a las puertas de las Cáritas parroquiales. Sería un gravísimo resultado que el rechazo que para muchos ha provocado la tibieza de la nota episcopal acabe pagándose por las personas más necesitadas.

Es posible que no sólo sean los promotores del desafío independentista los que no han medido bien ni las consecuencias de fractura social y económica ni la reacción del Estado español. Puede que los obispos catalanes y la propia Conferencia Episcopal, tampoco.

La Iglesia Católica sabe de muchas cosas; por ejemplo de atender a los necesitados. Pero también sabe mucho de Historia y de diplomacia. Sorprende la tibieza de la Conferencia Episcopal ante un desafío tan grave como el que se le ha planteado a la nación que más ha contribuido a lo largo de los siglos, a la evangelización.

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