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Dolera pide a los políticos acabar con la angustia del «procés»

La artista sorprende con un pregón reivindicativo de corte político sin olvidar la denuncia feminista: "la manada somos todos"

  • Leticia Dolera tenía una sorpresa guardada, cedió la parte final del discurso a una mujer, inmigrante ex trabajadora del hogar/ Shooting
    Leticia Dolera tenía una sorpresa guardada, cedió la parte final del discurso a una mujer, inmigrante ex trabajadora del hogar/ Shooting
Barcelona.

Tiempo de lectura 5 min.

22 de septiembre de 2018. 17:47h

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Montse Espanyol.  Barcelona. 22/9/2018

El pregón de la Mercè 2018 no podía empezar de otra manera que recordando la pregunta con la que la filósofa y pregonera de la pasada edición, Marina Garcés, obsequió a los barceloneses hace un año: «¿De todo lo que vivo, qué es lo que realmente importa?». A su sucesora, la actriz, guionista, directora y más recientemente feminista convertida en activista, Leticia Dolera, le removió la pregunta, como a muchas personas. Pensó en respuestas poéticas y de postureo que podría escribir en 140 caracteres para conseguir muchos «me gusta» en Twitter y en otras reivindicativas, pero menos honestas. Optó por seguir pensando y llegó a la conclusión de que lo que le importa es «seguir mirando a la gente a los ojos». Y no en sentido literario, sino literalmente, «para apreciar a la humanidad que tenemos delante». Dolera quiso compartir su respuesta con todo el mundo –hoy (por ayer), Día Internacional del Alzheimer, no hay que olvidar que gracias a Pasqual Maragall, todo el mundo conoce Barcelona– y así arrancó su pregón de las fiestas de La Mercè: «Lo que me importa es seguir mirando a la gente a los ojos».

Para demostrarlo, paró de leer y miró a los ojos a su madre, a la alcaldesa y a algunas de sus amigas de la infancia que estaban sentadas entre el público. Los silencios tuvieron un papel protagonista en su actuación. Luego saludó con un sencillo «hola» a todo el mundo. Incluso a los que escuchan el pregón con el morbo de encontrar un buen «zasca». De una mujer joven, curiosa e inconformista, que a la pregunta de Garcés también ha reaccionado convirtiéndose en el altavoz de mujeres que no tienen la visibilidad que ella tiene como actriz, se esperaban muchos «zascas». Pero no se quedó en el papel que todos esperaban de ella. Sorprendió y lanzó más denuncias en clave política que feminista, quizás porque ya ha escrito muchas de las cosas que quería decir sobre el tema en su libro «Morder la manzana» (Planeta», un superventas que va por la décima edición.

Empezó hablando de la importancia que tienen las palabras, la materia prima con la que trabaja y el hilo conductor de su pregón. Reivindicó su valor y la libre expresión en un momento en que «las palabras te pueden llevar a un lugar al cual uno no entra por voluntad propia». Primer «zasca» y guiño a los raperos Hassel y Valtònyc.

Dicho esto, desgranó el resto de su pregón en seis palabras que le inspiran Barcelona: Vida, Teatro, Manifestación Ciudadana, Acoger, Alcaldesa y Manada. La parte más valiente fue la que dedicó a «manifestación ciudadana». Empezó recordando la primera manifestación a la que fue, contra el maltrato animal. También el 15-M, cuando su madre le dijo: «ves con cuidado y cuando la policía diga que desalojes tú vete». Contó que ella se enfadó y le respondió que era mayor para decidir cuándo se iría. Pero que después tuvo que dar a su madre la razón cuando uno de los manifestantes perdió el ojo por el impacto de una pelota de goma. Y entonces lanzó otro «zasca»: «Las pelotas de goma hacen daño, vengan de la policía que vengan». Fue el preludio de la canción que cantó a los políticos, a los hiperventilados de un lado y de otro del conflicto catalán, los mismos que ponen el concepto nación por encima de todo. «Creo que no se puede imponer un concepto de nación a quienes no la sienten como tal, igual que no me parece del todo sano que el concepto de nación sea un motor en nuestras vidas», tuvo el coraje de decir. Porque hay gente a la que sólo le gusta el blanco o el negro y tiene alergia a los grises. También admitió que el «procés» le produce angustia, «por el supuesto callejón sin salida en el que nos encontramos» y porque no logra comprender por qué los Jordis y nueve políticos están en prisión sin haber sido declarados culpables. Se atrevió también a proponer soluciones originales como que algún cineasta haga una película de este proceso, cree que «podría ayudar a todos a empatizar», y otras como revisar las herramientas que ofrece la política, que no se judicialice un proceso político o que los políticos se escuchen, no sólo hablen. Más «zascas».

Recordó su primer beso en un portal de Sants, tuvo unas palabras para Manel y Maria, los propietarios de la pescadería donde compraba en el Poble-Sec y donde rodó el primer plano de su primera película y en este recorrido por los barrios de su vida, que arranca en El Clot, lanzó una proclama contra la gentrificación.

Como no, en su pregón no podían faltar las reivindicaciones en clave feminista con las que la alcaldesa contaba. Recordó a actrices, a su familia que es un matriarcado, se preguntó cómo una ciudad tan moderna y cosmopolita como Barcelona sólo hace tres años que tiene una alcaldesa y acabó por hablar de la «manada». Pero no de la «manada» nauseabunda que violó a una joven en Pamplona. Reivindicó que la manada son las mujeres que salieron el 8 de marzo a reclamar una sociedad más justa e igualitaria. Y animó a todos a continuar siendo «una manada de las buenas» estas fiestas de la Mercè que no calle ante agresiones machistas. «La manada somos nosotros», concluyó. Y los que la escuchaban en el Saló de Cent rompieron el silencio que Dolera hizo tras esta frase con un aplauso entusiasta. La directora podría haber convertido a los presentes en el Saló de Cent en actores de una versión renovada de “Los miserables” en clave feminista, en la que salieran a la plaza Sant Jaume tarareando: “Canta el pueblo su canción, para ganar la libertad. Esta es la música del pueblo que dejó la libertad”.

Pero Dolera tenía una sorpresa preparada para reivindicar a las mujeres, a Barcelona como ciudad refugio y la humanidad de los barceloneses. Cedió el final de su pregón a Carmen Juárez, hondureña, inmigrante, luchadora y ex trabajadora del hogar. Una mujer que cuando tenía diez años vio como mataron a su padre de un tiro y tiene la legitimidad de denunciar que nos deshumaniza aceptar que haya fronteras políticas y que se acordó de todas las mujeres que como a ella vivió durante “seis años de solitud”, se dedican a las tareas del hogar y no pueden disfrutar de las fiestas de La Mercè porque están cuidando a un anciano o a unos niños. Historias para pensar y volver a plantearse “¿de todo lo que vivimos, qué es lo que realmente importa?”. Hubiera sido un final triste. Además, el pregón no podía acabar de otra manera que con un llamamiento a vivir una Mercè comprometida, feminista y libre de agresiones sexista. “Si no puedo bailar, esta no es mi revolución”, dijo Dolera. Mejor acabar con alegría y esperanza ¡Muy buena fiesta a todo el mundo!

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