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La Fiscalía y las víctimas cargan contra los Maristas por “encubrir” a Benítez

El juicio queda visto para sentencia con nuevas disculpas del pederasta confeso

  • El acusado, Joaquim Benítez, llegando a la sesión de hoy del juicio
    El acusado, Joaquim Benítez, llegando a la sesión de hoy del juicio /

    EFE

Barcelona .

Tiempo de lectura 4 min.

27 de marzo de 2019. 19:47h

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Joan Planes.  Barcelona . 27/3/2019

La Audiencia de Barcelona acogió ayer la última sesión del juicio por el caso Maristas, con las declaraciones de todas las partes. Se juzga a Joaquim Benítez, acusado de abusar sexualmente de cuatro ex alumnos del centro. Él era profesor de educación física, y se piden 22 años de cárcel por estos delitos. Quedó visto para sentencia.

El fiscal afirmó que la Fundació Champagnat, que gestiona los centros de la congregación, tiene una «enorme responsabilidad moral», además de lo civil. El Ministerio Público recordó que Benítez reconoció en su declaración del martes que los Maristas ya conocieron en 1986 sus abusos sexuales. El acusado aseguró que el colegio «lo sabía», por lo que se sintió «amparado».

Añadió que «si en 1986 se hubiese actuado, hoy estos hechos no se habrían producido», y además dio plena credibilidad a las declaraciones de las cuatro víctimas. Cabe recordar que trece de las 17 denuncias fueron archivadas, ya que los delitos han prescrito.

El juicio queda hoy visto para sentencia, y la imagen más impactante que ha dejado no fue dentro de la sala, sino fuera. Se encontraron cara a cara Benítez con el primer padre denunciante, Manuel Barbero. Fue un rifirrafe, en el que el denunciante le recordó que en su declaración «dijera toda la verdad», mientras que el acusado le tendió la mano, lo que Barbero no aceptó.

Finalmente, en la última sesión del juicio, la Fiscalía mantuvo su peticiones. Son 22 años de cárcel, catorce de inhabilitación y 90.000 euros de indemnización para las víctimas, aunque se declarará insolvente. Se le acusa de dos delitos de abuso sexual continuado y otros dos de abuso sexual, aunque solo reconoció dos de ellos, de los otros «no se acuerda». Las acusaciones, la Generalitat y el Ayuntamiento, mantuvieron sus peticiones de 35 y 26 años, respectivamente. Por su parte, la defensa recordó que el acusado «reconoció parte de unos hechos, y negó haber cometido otros», por lo que pidió que la condena sea de ocho años de cárcel.

La intervención del fiscal Javier Faus fue dura contra Benítez. Calificó su declaración de «´light’, cínica, exhibicionista, narcisista y ególatra», a lo que añadió que, a su juicio, el acusado tiene «altas probabilidades de reincidir cuando deje de estar bajo los focos de la Prensa y de la Justicia», basándose en parte en que los forenses le definieron como una persona «narcicista, con poca empatía, con ausencia de remordimiento y desviación psicopática». En la misma línea se expresó el abogado de la Fundació Champagnat.

Benítez se acogió a su derecho del último turno de palabra y volvió a pedir perdón, y afirmó que está «profundamente arrepentido». Ratificó que que el centro de los Maristas conocía sus casos de abusos desde uno de 1986. «Mantengo y reitero que es tan cierto que los Maristas supieron realmente este hecho, y hay datos y pruebas de dos personas que contribuyeron a él». «Me amparaban», insistió.

Las acusaciones coincidieron en señalar al colegio como «conocedor» de los hechos, y criticaron la declaración que el vicario provincial de los Maristas, Pere Francesc Ferré, que negó que el centro encubriera los abusos.

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