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«Voy a matar a los niños porque se van a reencarnar y serán más felices»

La madre, con trastornos psíquicos, ya habría intentado el infanticidio el miércoles y ayer lo consumó tras una discusión con el padre

  • Operativo de búsqueda de los niños en Godella. EFE/Manuel Bruque
    Operativo de búsqueda de los niños en Godella. EFE/Manuel Bruque

Tiempo de lectura 4 min.

15 de marzo de 2019. 13:05h

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J. M. Zuloaga / L. L. Álvarez .  14/3/2019

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«Voy a matar a los niños porque así nos vamos a reencarnar y serán más felices». Esta frase, dirigida a su marido, ambos de 28 años, él belga y ella española, es la que habría desencadenado una serie de acontecimientos que desembocaron en la desaparición y muerte de los dos hijos de la pareja, Amiel e Ichel, un bebé de cinco meses y su hermano de tres años y medio. Sin embargo, la madre, que condujo a la Guardia Civil al lugar donde estaban enterrados los cadáveres, no admitía la autoría del asesinato. En todo caso, fue detenida por las evidencias que hay contra ella.

Alrededor de las ocho de la tarde de ayer, los cuerpos de los menores fueron hallados por agentes de la Guardia Civil «muertos y enterrados». Los progenitores, Gabriel Salvador Carvajal y María Gombau Mensúa, no habían querido colaborar con los agentes pero, al final, la madre indicó dónde estaban los cuerpos.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes de la investigación, la pareja, que vivía en una casa «okupada» en Godella, tuvo una fuerte discusión a primeras horas de la mañana. El miércoles, de acuerdo con algunas versiones, la madre ya habría intentado ahogar a los niños, que ese día fueron vistos aún con vida por testigos. A partir de ese momento, los hechos no están claros. Se sabe, porque así lo denunció un vecino, que la mujer salió corriendo de la vivienda y su pareja iba, desnudo y sangrando, detrás. Esa persona fue la que alertó a la Guardia Civil, que desplazó al lugar varias patrullas.

Poco después, la mujer aparecía, no por su propia voluntad sino gracias a que un perro del Servicio Cinológico de la Benemérita siguió su rastro. Estaba no muy lejos de la casa, escondida dentro de un bidón y se hicieron cargo de ella los agentes.

Arañazos

Lo mismo ocurrió con el hombre, que presentaba arañazos superficiales, por los que había sangrado, fruto de una supuesta pelea. «Están todos muertos, mi esposa se ha sumergido en una piscina para reencarnase con los niños», dijo a los agentes, que no salían de su asombro pero que reaccionaron ante los que parecía, como después lamentablemente se confirmó, un hecho inquietante. El progenitor parecía dar por hecho que la madre había matado a los menores y se había suicidado junto a ellos, lo que no era cierto.

Ambos fueron trasladados al cuartel de Moncada, donde se les intentó tomar declaración en calidad de testigos. «Sus manifestaciones estaban llenas de incoherencias y de confusión», agregaron las mismas fuentes. Ella quedó como detenida y, él, como investigado.

Pero la gran pregunta estaba sin resolver: ¿dónde estaban los niños? Sus padres no aportaban, de momento, ningún dato que pudiera llevar a los investigadores a su localización. Por ello, se organizó con carácter inmediato un gran despliegue, en el que participaban efectivos de la Guardia Civil, Policía Municipal, Protección Civil y voluntarios, hasta 100 efectivos, con el fin de localizar a los menores en el menor plazo posible.

Los investigadores trabajaban con todas las hipótesis, desde que la madre los hubiera hecho desaparecer y ése hubiera sido el motivo de la discusión; o que se hubieran quedado con el hombre que, sin embargo, no informaba sobre su paradero, probablemente porque lo desconocía.

La primera impresión es que ambos tienen problemas psicológicos, en especial la madre. Habrá que investigar quién le había metido en la cabeza a la madre la extraña idea de la reencarnación.

Se trataba, en cualquier caso, de una desaparición inquietante y los que rastreaban diversos parajes de la comarca de l’Horta, apoyados por los canes del Servicio Cinológico de la Benemérita, confiaban en dar con su paradero, como al final se consiguió. Los agentes encontraron rastros de sangre en la casa, cuya pertenencia está siendo investigada.

Con el fin de lograr alguna declaración «coherente», que aportara datos sobre el paradero de los niños, la Guardia Civil les tomó declaración por separado. Sin resultado alguno al principio.

Se buscó en los pozos al haber anunciado la madre, según las palabras del padre, su intención de ahogarlos. La zona, con abundante matorral, dificultaba la búsqueda y se rastrearon urbanizaciones de Campolivar, en Godella, y Santa Bárbara, en Rocafort.

El niño estaba matriculado en el colegio público San Sebastián de Rocafort, aunque según fuentes municipales, no acudía a clase desde mediados de febrero. La madre estaba, al parecer, convencida, debido a sus trastornos, que la muerte de los pequeños supondría su «salvación». De hecho, se había puesto en contacto con el centro educativo para comunicar que su hijo ya no iba a volver; se trasladaban a otro municipio en el que su marido tenía trabajo.

Desde el colegio le informaron de que no podía actuar de esa manera y que debía realizar una comparecencia para formalizar los trámites, que este tipo de gestiones se hacen con un acto presencial y no con una llamada.

Los servicios sociales tenían abierto un expediente que podía desembocar en la retirada de la custodia de los niños, que, lamentablemente, no llegó a tiempo. El padre trabajaba hasta hace poco en un restaurante de Rocafort, el municipio del que es natural ella.

El delegado del Gobierno, Juan Carlos Fulgencio, señaló que el dispositivo de búsqueda se centró en un principio en las proximidades de la casa, ya que los padres no disponían de vehículo. De hecho, los cuerpos fueron encontrados muy cerca, enterrados por separado, uno a unos 75 metros y el otro a aproximadamente 150 metros.

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