Así se cura a un ludópata

3.000 pacientes han pasado por el Hospital Ramón y Cajal. Su unidad, pionera en España, ha tenido que ampliar su programa para ayudar a menores. ¿Lo peor? «Las recaídas pueden ser catastróficas»

Cuántos de ustedes no han acudido alguna vez a un bingo con amigos o han probado, a través de su smartphone, alguna de las ofertas que les regalaban dinero para apostar en un deporte del que antes ni siquiera habían oído hablar. Seguro que se han sentido identificados con alguna de estas situaciones, si no con ambas. El juego está tan presente en nuestras vidas que es difícil no haber «caído» alguna vez en esta tentación de obtener dinero fácil y rápido. Pero, ¿dónde encontramos esa fina línea entre el juego ocasional y la adicción? En Madrid, cada semana acuden nuevos pacientes a las unidades especiales para su rehabilitación.

La Unidad de Ludopatía del Hospital Universitario Ramón y Cajal es una de las pioneras en la lucha contra la adicción en toda España. Es más, fue la primera que se creó, en 1981, solo tres años después de que se legalizara el juego en nuestro país y de que se reconociera la ludopatía como un trastorno mental con necesidad de ser abordada. En los 40 años que lleva operativa, han atendido a más de 3.000 pacientes. Al frente está Ángela Ibáñez, jefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital y con más de 24 años de experiencia. Para ella, las claves para una cura definitiva están en «la prevención de la recaída, una terapia de grupo centrada en el problema y otro de apoyo a los familiares», explica a LA RAZÓN.

Desde su centro no sólo buscan ayudar a los enfermos que han encontrado en el juego una adicción, sino también investigan en cómo evitarla. Así, «nuestra labor investigadora se centra en conocer las bases neurobiológicas y psicológicas que favorecen el desarrollo de esta patología. Con ello, podemos avanzar en el abordaje terapéutico más adecuado», explica la especialista. Y es que, en ocasiones necesitan que el tratamiento se complemente con algún «recurso farmacológico».

A pesar de su amplia experiencia, el rápido avance de las casas de apuestas por todo el territorio, así como el auge del juego on-line, les ha obligado a «ampliar la oferta asistencial hace un año. Se están dando muchas adicciones en jóvenes y adolescentes que afectan en su comportamiento» y que están intentando atajar.

«Lo que más engancha es la ruleta, incluso más que las apuestas deportivas, ya que es un dinero rápido y eres tú el que decide a qué número apostar. Te lo digo yo que fui jugador de ruleta. Se gastan el dinero que tienen en las casas de apuestas». Este es el testimonio de Javi, un joven ludópata en rehabilitación que forma parte de la Asociación Vida sin Juego de Alcorcón y que explicó a este diario en una entrevista cómo la proliferación de las casas de juego en todos los municipios madrileños están haciendo estragos entre los menores.

Enganchados en uno o dos años

«Las nuevas formas de juego, sobre todo las apuestas deportivas y la posibilidad de jugar on-line, ha cambiado el panorama de la adicción al juego», sostiene Ibáñez. Así, el perfil de los ludópatas ha cambiado en los últimos años. «Hasta hace una década, el que acudía a tratamiento era un varón con una media de edad de unos 45 años, que tenía problemas con el juego desde hacía varios años antes de acudir a buscar ayuda. Predominaban los problemas con las máquinas tragaperras, el bingo y el casino», explica la psiquiatra, sin embargo, ahora «hemos empezado a ver a pacientes cada vez más jóvenes, detectándose cada vez con mayor frecuencia problemas de juego en los adolescentes y en adultos jóvenes, cuyo problema principal son las apuestas deportivas y el juego on-line. Desarrollan problemas de ludopatía con mayor rapidez, apenas uno o dos años» desde su primera partida.

Para detectar si alguien de nuestro entorno se encuentra en una situación parecida, debemos ver si «el juego se va apoderando poco a poco de la persona y se convierte en el centro de su vida y de su pensamiento. Y siguen jugando a pesar de las consecuencias negativas que tienen en todos los ámbitos de su vida. No sólo en el económico, sino también en el familiar, académico, laboral, social, así como la aparición de problemas psicológicos como ansiedad o depresión», describe la experta.

Difícil detección, no buscan ayuda

Con los jóvenes, la detección del problema puede ser más difícil. «El cambio de carácter se atribuye muchas veces a la adolescencia. Suele haber un descenso en el rendimiento académico y cuando se detecta un gasto de dinero injustificado, mentiras y hurtos se piensa en primer lugar en el consumo de drogas y no en el juego, lo que retrasa la búsqueda de ayuda específica».

A la hora de abordar el tratamiento es importante tener claro que «la mayoría de los ludópatas no buscan ayuda por sí mismos, por más que se encuentren en una situación desesperada». Del mismo modo, tampoco suelen contar a nadie lo que les pasa, sino que «tratan de ocultarlo a toda costa. Muchas veces es cuando la familia “descubre” el problema económico, por su magnitud o por sus consecuencias –incluso legales–, cuando se pone en marcha la búsqueda de tratamiento». Por eso, «muchos acuden para contentar a la familia, o aconsejados por su abogado, pero no tienen conciencia real de tener un problema. Sólo piensan que se les ha ido de las manos la situación». Y el reconocimiento es básico para que la terapia funcione. «La terapia más recomendable es la de orientación cognitivo conductual, preferiblemente en grupo. Incluye una atención especial a la prevención de recaídas, ya que éstas pueden tener consecuencias catastróficas». También se les asesora para afrontar las consecuencias.

¿Por qué es más peligroso para los menores?

  • Empiezan a jugar como una forma entretenimiento. «Las salas de juego se convierten en un punto de encuentro. Cuando ganan destacan, les da poder», dice la experta.
  • La posibilidad de conseguir dinero rápido «les resulta atractivo. Así como imitar las conductas de sus líderes deportivos que aparecen en la publicidad. Es un aliciente».
  • El juego on-line representa un peligro mayor, ya que es «uno de los factores que más influye en la capacidad adictiva por su facilidad de acceso y disponibilidad», dice Ibáñez.
  • Los adolescentes son una población vulnerable, «están en un periodo de la vida en la que se está formando su personalidad, están buscando su identidad y su lugar en el grupo».
  • Su cerebro está todavía en desarrollo y no están bien formadas las áreas que controlan «la impulsividad, la recompensa, la motivación y la regulación de las emociones».
  • Otras consecuencias son las que afectan a su ámbito académico porque por esta adicción «pueden ver truncadas las aspiraciones de su futuro profesional» si no se controla a tiempo.