Éxodo universitario y calles vacías en Madrid

La capital se cierra para contener el brote y deja estampas insólitas en las vías principales. Las oficinas se trasladan a los hogares y desaparece la hora punta

Esta mañana, cuando apenas faltaban unos minutos para el mediodía, una pareja de turistas asiáticos se hacía un “selfie” con la estatua del Oso y el Madroño en plena Puerta del Sol. No han tenido que esperar cola, no han tenido que aguardar al acecho para conseguir la ansiada imagen del icono de la capital sin compartirla con nadie. Pero las mascarillas que portaban dan cuenta de la situación que estos días vive Madrid. Desde que el lunes el Ministerio de Sanidad y el Ejecutivo regional anunciaron el cierre de todas las escuelas, institutos y universidades y también recomendaron el teletrabajo para tratar de contener el brote, las medidas restrictivas se han sucedido y la ciudad ha entrado en una especie de estado de alerta. Por no decir pánico. El primer síntoma fue las aglomeraciones que se registraron en los supermercados, los mismos que aún acabaron el día con algunas de sus estanterías vacías. Y hoy, en el "día 1″ con la medida en vigor, ha llegado el segundo indicio: las calles vacías.

Con lo que muchos no contaban es que la suspensión de las clases y de las prácticas universitarias en Madrid provocara un efecto colateral que puede resultar perjudicial a la larga: ante la inactividad en las aulas, muchos de los estudiantes que proceden de fuera de la capital han hecho las maletas para volver a sus lugares de origen, algo que puede provocar el aumento de casos fuera de la región, la que es hasta ahora el principal foco de contagio. Muchos lo hacen alentados por sus propios padres, que les han instado a regresar a sus casas para, en el caso de caer enfermos, pasar la convalecencia junto a ellos. “Mi madre me ha dicho que estoy mejor con ellos”, decía una joven que se dirigía con la maleta al intercambiador de Moncloa.

Cae el tráfico

Los medios de transporte son un fiel reflejo de lo que está pasando en la capital. Los metros y los autobuses circulaban hoy mucho menos concurridos de lo habitual. Las carreteras tampoco amanecieron ajenas al pánico al coronavirus: según datos de Gestión y Vigilancia de la Circulación, dependiente del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Consistorio, hubo un 8,9% menos de tráfico en la M-30, un 14,3% en el interior de Calle 30 y un 21% en el exterior de la vía de circunvalación.

Pero el sector universitario no es el único que se ha paralizado en la capital. Muchas oficinas amanecen estos días desiertas. Algunas de las que tenían ayer afluencia de trabajadores se dedicaban a formar a su plantilla para afrontar un periodo incierto en el que les tocará trabajar desde sus hogares de manera más autónoma. La instalación de los programas informáticos en los ordenadores personales era ayer una prioridad. Muchos trasladarán su “despacho” a casa, más que por miedo a enfermar, por necesidad, ya que los más pequeños se han encontrado también con un periodo de vacaciones forzadas. Resulta curioso que, pese a que las clases están suspendidas, apenas se ven pequeños por la calle. Al menos no más de lo habitual en los días laborables.