15 minutos

Llevamos una vida complicada y, si queremos enterarnos de lo que pasa, todavía más. Así las cosas, por los avances de la Astrofísica, sabemos que hace 7.000 millones de años, hubo una colisión de dos agujeros negros que se fusionaron en uno solo, con una masa total mayor que cien veces el Sol.

Y hablando de Sol, parece que en los próximos tiempos va a calentarnos mucho más, dentro de sus ciclos. En tanto que aquí abajo tenemos la pandemia, con la cuestión semántica de si estamos en la segunda oleada o si, simplemente, es un mero repaso de la primera, por estos pagos ibéricos de Dios.

Y aparte de la Ciencia, están la política y la economía, para saber por donde anda el empleo, de si habrá trabajo para todos, de si la telemática va a sustituir a la presencialidad más y más, y si los estados de alarma oficiales o virtuales limitarán los derechos civiles.

Somos prisioneros de nuestros conocimientos. Por un lado, la Ciencia a lo grande, por el otro, la vida cotidiana que se encastra en las estructuras políticas y económicas. Con tanto que pensar a la vez, que las actitudes van desde la indolencia cerebral, con un «aquí no pasa nada», a ver la vida cambiante con nostalgias de que hoy no disfrutamos tanto, en la idea de que «cualquier pasado fue mejor».

Hay una posible respuesta, que es la reflexión. Como dijo un sabio, cada día debemos dedicar un cuarto de hora, 15 minutos, a pensar con los ojos cerrados: por qué estoy aquí, qué va a ser de nosotros, cómo en medio del maremágnum podremos escoger el camino más conveniente de cara a un horizonte mejor. No sé si será posible, con sólo esos quince minutos aclaramos la vida. Pero, ya de por sí, el intento creo que merece la pena.