Crisis

Predomina el color rojo sobre el verde, en medio de incertidumbres varias. La gran crisis de demanda generada por el confinamiento durante la pandemia, y después, no tiene un seguimiento estadístico cabal, con muchas anomalías, como las cifras de fallecidos o los sistemas de distribución de fondos contra el paro para los ERTES y el ingreso mínimo vital. Eso sí, con una recesión del 18 por 100 del PIB en el segundo trimestre. La deuda pública está en crecimiento acelerado por la caída de los ingresos fiscales, sin posibilidad de elevar tipos impositivos en el próximo futuro.

La recuperación se está mostrando lenta y los fondos de créditos y subvenciones del Fondo Europeo de Recuperación, 140.000 millones para España, están por llegar e incluso todavía por aprobar para los años 21 y 22. En cuanto a los presupuestos, seguimos prorrogando los de Montoro, y el Gobierno de coalición no las tiene todas consigo para conseguir mayoría.

El sistema sanitario, casi colapsado en la primera oleada, veremos cómo resiste la segunda ya en curso.

Y sobre todo, las instituciones, muy afectadas. Empezando por la monarquía, siguiendo por los partidos políticos y las contradicciones de la coalición que gobierna. Con la sensación de que Montesquieu ha vuelto a morirse, no funcionando la separación de poderes. Cuando ya salíamos de la crisis anterior, iniciada en 2008, y llevábamos seis años de crecimiento, nos encontramos con otra mucho mayor, aunque no vaya a ser tan larga. Con un sistema económico en transición ecológica, que necesita cada vez más de la digitalización y de la tecnología en general. Todas las inteligencias deberían ponerse al servicio de ese cambio profundo económico y social.

La economía verde tiene un gran papel, igual que los sistemas circulares, para aprovechar a fondo los recursos humanos, materiales y financieros. Esa es la senda de la esperanza.