Eco salud

Un pueblo bien alimentado es un activo fundamental para el desarrollo económico; y un pueblo, además, bien sano, lo es todavía más. Son ideas que acompañan a la Economía desde los tiempos de Adam Smith en el siglo XVIII, en «La riqueza de las naciones». Ahora nos percatamos de esa realidad, cuando el contagio de un virus inesperado, pero sí esperable, nos agobia con sus amenazas, y deteriora la economía a niveles inimaginables. Lo que iba a ser una breve interrupción, con luego una muy rápida recuperación, es todo un mensaje feliz para archivar. El parón ha sido mucho más amplio e intenso de lo anunciado/esperado, y la capacidad de rebote, la resiliencia que se dice, mucho menos potente de lo que quisiéramos.

Por otra parte, y en contra de lo que algunos quieren significar, no estamos ante un dilema salud/economía. Realmente, lo que afrontamos es un problema a categorizar como Ecosalud: una interconexión circular inseparable. Que debe inducirnos a tomar conciencia de que nuestro sistema sanitario no está en el nivel de la excelencia: en medio de la pandemia se difundió el dato de que mientras en Alemania hay 8 camas de hospital por cada 1.000 habitantes, en España no pasamos de 3,8. Y son inadmisibles las críticas demagógicas contra la sanidad privada, que abarca a más de doce millones de personas, constituyendo parte integral del Servicio Nacional de Salud, que con la cooperación público-privada (CPP), es sinergia indispensable para todos.

En las inversiones a medio y largo plazo, a realizar en infraestructuras, la Sanidad, pública y privada, son un capítulo fundamental. Insistimos: sin buena salud no hay economía que prospere, y sin dotaciones hospitalarias no hay sanidad suficiente. El falso dilema ha de transformarse en algoritmo social, en un horizonte de mejor diseño y de aplicación más inteligente.