Una espeluznante campaña en Estados Unidos

Es vox pópuli en Washington que tanto Donald Trump como Barack Obama cambiaron la alcachofa de la ducha al mudarse a la Casa Blanca

El cabello está siendo uno de los temas de esta apasionante campaña electoral en Estados Unidos. A menos de dos meses de las presidenciales, el pelo ya ha sido objeto de polémica y debate. En primer lugar cuando Donald Trump destacó que estaba harto de la poca presión con la que sale el agua de la ducha en Estados Unidos. Ni siquiera él, magnate y comandante en jefe, ha podido hacer nada para mejorar la potencia con la que el agua pasa por las cañerías estadounidenses.

«Entras en una casa nueva, abres el grifo; no sale casi agua. Abres la ducha; si eres como yo, no puedes lavar tu precioso cabello correctamente», dijo Trump este verano. «¿Qué haces? ¿Te quedas más tiempo debajo del agua o te das una ducha más larga? No sé vosotros, pero mi pelo tiene que estar perfecto». Es vox pópuli en Washington que tanto el presidente como su predecesor Barack Obama cambiaron la alcachofa de la ducha al mudarse a la Casa Blanca.

Miles de personas, que no se habían dado cuenta de esta falta de presión, abrieron sus grifos para comprobarlo. Emergencia capilar. El Departamento de Energía tuvo que realizar un proyecto sobre los estándares de la eficiencia del agua para disgusto de ecologistas y bolsillos de las familias. Un aumento de los litros por segundo también disparará el consumo.

Los analistas trataron el asunto del pelo y el agua como cortina de humo para distraer de la gestión de la pandemia de coronavirus, totalmente descontrolada en Estados Unidos.

Pero la semana pasada, se rizó el rizo en los titulares de la prensa estadounidense. Por fin se abrían las peluquerías en San Francisco (sólo para lavar y cortar, prohibido aún hacerse unas mechas californianas). La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, acudió a un salón en Union Street. Una vez dentro, la veterana política se bajó la mascarilla, y Erica Kious, la dueña de la peluquería, filtró las imágenes de Pelosi contraviniendo las medidas sanitarias impuestas en la ciudad. La demócrata acusó a la gerente del salón de tenderle una trampa. Algo que corroboró su estilista. Y así comenzó otra oleada de posiciones encontradas entre la opinión pública.

Por un lado, surgió un movimiento para boicotear la peluquería de Kious cargado con amenazas e insultos. «Comencé a recibir una tonelada de llamadas, mensajes, emails, reseñas en internet... en los que me deseaban que fracasara. Un montón de negatividad contra mi negocio», reconoció Kious a Fox News. Es más, confesó que tiene miedo de volver al salón. Por lo que, después de 15 años en San Francisco, ha decidido cerrar la peluquería e irse de la ciudad.

Sin embargo, una amiga inició una campaña para recabar fondos para la vapuleada dueña. De momento ya han logrado 335.000 dólares, lo suficiente para que Kious pueda comenzar una nueva vida lejos de San Francisco y la peliaguda polémica.