Opinión

Yo, Leonor

María José Navarro

Ea, pos ya la he «liao». Diez minutos llevaba en el colegio, «oyes», dos días nada más, y ya hemos «dao» el campanazo. Por lo visto ha sido el Richard, que es muy gambitero, le gusta mucho el pampaneo y se le ha «pegao» el bicho. Así que estoy confinada y estoy encantada. Que ya se lo he dicho a Altibajos: yo me podría quedar perfectamente la vida entera ganduleando, más que nada para acostumbrarme al futuro. La suerte es que no me puede castigar, porque estoy confinada, así que se me está soltando un poquito de más la lengua y estoy muy «tocapeloticas». A ver si la comida que me dejáis en la puerta puede ser un poquito más alegre, que estoy de la sopa con cosas verdes flotantes y la caballa hasta el moño de Pablo Iglesias. Esas cosas las digo por debajo de la puerta a voces y al rato oigo los tacones de Altibajos que van acuchillando el parqué de la rabia. Así que voy a salir del encierro justamente como volví de vacaciones, con cara de ajoporro, porque es que no hemos hecho nada más que estar con lío todos los días. Que ya le he dicho a mi padre que a ver si aprendemos de los de Holanda, que tienen yate en Grecia, casoplón y que han vuelto que parecen de las antiguas colonias. Pero aquí, en esta casa, no se puede, que si nos damos una alegría es pecado. Cuánto echo de menos aquellos veraneos con el yayo, con bien de arroz con gambas y un helado de tres bolas con todo su azúcar. Mira, los únicos que mantienen esas tradiciones son Pipe y Vicky Frigorífica, que van de fiesta y en cochazo recién estrenado. Saliendo del concesionario ya llevaba multa el coche, pero hay que perdonárselo porque, pobres, seguramente desconozcan la existencia de los parquímetros. En fin, que voy aprovechar el encierro y, con un poquito de suerte, hoy no me ducho.