Una cepa que agrava la pandemia

Kirsty WigglesworthAP

Apunto de culminarse las negociaciones del acuerdo comercial entre Londres y Bruselas para poner punto final al Brexit, Europa se cierra frente a Gran Bretaña por el brote de una nueva cepa del coronavirus aparecida con virulencia al norte del canal de la Mancha. Como una metáfora de esta ruptura del Reino Unido con la Unión Europea, esta emergencia sanitaria ha puesto la imagen de este aislamiento: el gran atasco en el puerto de Dover con miles de camiones esperando que sus mercancías lleguen a las costas del continente. Mientras el país afronta cómo controlar la nueva cepa, admitida por el propio Boris Johnson como «descontrolada», su gabinete negocia un acuerdo pesquero en el que, en el fondo, lo importante no es el resultado económico –sólo representa el 0,1% de PIB–, sino el orgullo nacional de tener todo el control de las aguas territoriales tras la salida de la UE. Pues en ese contexto, Reino Unido se ha cerrado y Europa ha suspendido todas las comunicaciones con la isla, por tierra, mar y aire, salvados los residentes de uno y otro lado, como es en el caso de España. La confirmación de esta nueva cepa introduce más dudas sobre cómo hay que enfrentarse a la expansión del virus. Lo que se da por confirmado, según el grupo que asesora al gobierno británico, es que podría ser hasta un 70% más contagiosa, por lo que supondría que su expansión será superior. Se ignora hasta el momento si esta variante es más dañina, no hay evidencias de que su virulencia y letalidad sean superiores. La alarma internacional provocada por esta cepa –que ha causado que la UE mantuviera una reunión urgente para dar una respuesta común– ha coincidido con que la Agencia Europea del Medicamento (AEM) ha dado luz verde a la vacuna Pfizer y BioNTech, con lo que se confirma la seguridad de su uso, paso previo a poder administrarse en las próximas semanas a todos los ciudadanos de la UE. En este sentido, la AEM, según ha admitido, todavía no tiene datos para confirmar que esta fórmula no es válida para esta variante del virus. Sin embargo, no imposibilita que las vacunas aceptadas por la autoridad médica se sigan suministrando y, según los virólogos, cuantas más, mejor, en tanto que crean anticuerpos. Se cree que hasta un 62% de los infectados sólo en Londres corresponden a la nueva cepa. El plan del Reino Unido es que toda la población de riesgo sea vacunada –más de 30 millones de personas–, una operación compleja porque debería hacerse durante el tiempo que la isla este confinada. El Ministro de Sanidad español está advertido del nuevo contexto abierto y, tras la experiencia acumulada, es de esperar que realice una gestión más técnica que política. Hay que estar preparado ante un nuevo rebrote y de nada sirve derivar las responsabilidades a los adversarios.