Otra salud
Todavía hay españoles que creen que tener un problema, o reconocerlo, es de flojos
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Hola, me llamo María José Navarro y me voy de vacaciones. Vds pensarán que es un dato estúpido y que blasona mi trayectoria de mierda como columnista de este periódico. Tienen ya, por delante, toda la razón. Pero, necesito explicarme. Este añito cabrón ha cambiado toda nuestra vida, nuestras familias, nuestras rutinas, nuestro modo de concebir las relaciones sociales, el cariño. Pero lo que ha cambiado profundamente es nuestra cabeza. Y, a mí, me ha hecho pum. Allá por el mes de marzo, Iñigo Errejón preguntó en el Congreso de los Diputados por la salud mental. Hubo un señor del PP que le mandó al médico a voces pero lo vamos a olvidar porque, ese pobre hombre, pidió perdón e imagino que, a estas alturas, habrá metido la cabeza en un cubo y aún no la habrá sacado, esperemos. Carmelo Romero se llama, por si ven a alguien por la calle con la cabeza en un cubo. Dijo Errejón (que miren que Errejón seguramente tiene mil pegas para ponerle, ojo), con esa cosa que tiene Errejón cuando acierta, que es que te tumba: «Seis de cada diez españoles tienen ya síntomas de depresión y ansiedad y, si no pueden pagar un psicólogo por la privada, lo viven solos». Y luego dijo también que el personal no tiene ochenta euros todas las semanas para ir a un terapeuta. Y eso, más o menos, es lo que cuesta. Lo puedes hacer por la Seguridad Social, claro, pero bastante tiene la sanidad pública para cubrir enfermedades que no están en el imaginario colectivo, que no son respetadas, que no se consideran. No hay sitio pa tanto paciente. Todavía hay españoles que creen que tener un problema, o reconocerlo, es de flojos, de maricas, de menopáusicas, de modernos, de gente triste, sin más. Y no la quieren cerca. Así que hoy, que me voy de vacaciones, les digo que, gracias a Dios y a mi terapeuta, soy mejor con todos los gilipollas con los que me encuentro a diario. Y que ya no lloro. Todos los días.