Mamuts

La ciencia dobla el mapa de la Historia por la mitad

Cristina L. Schlichting

En seis años habrá mamuts entre nosotros. Vuelven los elefantes lanudos que acompañaron a nuestros antecesores en la prehistoria. La idea es tomar un embrión de elefante asiático y recodificar su genoma mediante tecnología «crispr», según el código secuenciado en la materia orgánica de mamuts encontrada bajo el permafrost, en las capas glaciares del polo donde han aparecido restos congelados de estas singulares bestias y ADN en perfecto estado. En definitiva, no hace tanto que se fueron, hubo mamuts hasta cuatro mil años antes de Cristo, esto es, los últimos fueron coetáneos de los egipcios. Aunque convivieron con los dinosaurios miles de años antes, les sobrevivieron mucho después. El proyecto se llama «Colossal» y ha sido presentado por el empresario Ben Lamm sobre los diseños del prestigioso genetista George Church. Los emporios financieros son los que pilotan ahora el futuro.

Como si de un truco de magia se tratara, la ciencia dobla el mapa de la Historia por la mitad y recupera para los ecosistemas actuales seres que nos dejaron y que hasta ahora poblaban sólo la imaginación de los niños. Es el Parque Jurásico tal cual. Como las elefantas no pueden parir mamuts, por similares que sean a éstos, se está planeando un útero artificial en el que gestar la nueva criatura. Es inevitable que la mente se deslice por toboganes vertiginosos y nos lleve a los huevos artificiales en que se criaban los hombres fabricados en serie en Un Mundo Feliz. Nos movemos en la delicada frontera entre la hibridación (que siempre ha estado entre nosotros, al menos desde que somos agricultores) y la manipulación genética. Entre la reproducción asistida de los animales y su fabricación.

De nada sirve advertir del peligro que entrañan los experimentos sin gaseosa. En la Historia de la humanidad lo posible siempre ha acabado encarnándose. Los científicos hablan de parques zoológicos, donde los redivivos encuentren sus hábitats ancestrales sin interceptar el delicado equilibrio de los nuevos ecosistemas. Incluso de ciertas ventajas de la posible presencia de mamuts en la tundra ártica (si pisasen las nieves compactarían el hielo contribuyendo a frenar el cambio climático), pero una no puede evitar un escalofrío.