El blanqueamiento de ETA

«Eran insensibles frente al dolor ajeno y eran capaces de cometer o apoyar las atrocidades con una absoluta indiferencia»

Francisco Marhuenda

A la izquierda le preocupa mucho la Guerra Civil y el franquismo, pero quiere blanquear a los herederos de ETA. Es una muestra de cinismo preocupante y un reflejo, además, de la degradación de la política en España. La intervención de Otegi refleja, sin lugar a dudas, la banalización del mal que teorizó Hannah Arendt. En una de sus obras más famosas, Eichman en Jerusalén, recoge el conocido juicio contra el despiadado criminal nazi, uno de los responsables del Holocausto, y disecciona, precisamente, la banalidad del mal a partir de un hombre que parece corriente y que dice que cumplió órdenes en el mayor crimen masivo y sistemático de la Historia. El tema es impactante, porque el nazismo y sus crímenes fueron posibles gracias al apoyo, activo o pasivo, de millones de alemanes. Los que estaban en los campos de concentración, los que cometían atrocidades espeluznantes y aquellos que les dirigían, eran personas corrientes. Lo mismo sucedió con ETA y sus colaboradores. Eran insensibles frente al dolor ajeno y eran capaces de cometer o apoyar las atrocidades con una absoluta indiferencia.

La existencia del mal es algo tan antiguo como la propia Humanidad, pero también lo es su banalización. La sociedad alemana de los años treinta era una de las más cultas del mundo, pero no fue un impedimento para que triunfara el nazismo. Lo mismo sucedió en el País Vasco con ETA, ya que fue posible gracias a la colaboración de sujetos repugnantes como Otegi y sus seguidores. Algún día conoceremos, espero, el auténtico alcance de la colaboración que prestaron aquellos que no utilizaban las pistolas o ponían las bombas. El blanqueamiento de los amigos de ETA es la banalización del mal. No hay más que recordar lo que hicieron los terroristas, pero también lo que dijeron entonces los dirigentes socialistas. Ahora no interesa tener memoria de todo ello y nos piden que aplaudamos las palabras de Otegi porque con su habitual cinismo asegura que sienten el dolor de las víctimas de la banda que apoyaron añadiendo la ambigua frase de que «nunca debería haberse producido». En esa intervención, con motivo del décimo aniversario de la declaración del cese definitivo de la acción armada por ETA, ha reivindicado a todas las víctimas incluyendo a las que habrían sufrido ellos. Otra mentira repugnante.