Las víctimas de ETA, a la papelera

El PNV debería ir con cuidado porque Sánchez es implacable y cuando le den los números formará un frente de izquierda

Francisco Marhuenda

La verdad es que diez años pueden ser poco o mucho tiempo. En este caso, es el periodo que hemos vivido desde la derrota de ETA y el cese unilateral de los actos terroristas. Nos parece una eternidad tras haber sufrido los diferentes envites de unos miserables que solo sabían matar y extorsionar. Es un pasado reciente que resulta incómodo para una izquierda que prefiere pasar página. Las víctimas de ETA son un engorro, porque ahora toca pactar con sus herederos. Siempre ha estado muy claro que los etarras tenían colaboradores y, lo que es terrible, apoyo social. A nadie le parecería bien que hubiera pactos o acuerdos con partidos que fueran realmente nazis o fascistas, pero en cambio pretenden normalizar a los herederos y colaboradores de la banda terrorista.

La realidad es que ETA estaba acabada y ahora parece, gracias al Gobierno socialista comunista, que hay un relato alternativo a la verdad como escuchamos el lunes de boca del miserable de Otegi. Los terroristas son desechos humanos y sus colaboradores, como el coordinador de Bildu y su equipo, son escoria de la peor calaña. No merecen nada más que nuestro desprecio, pero el interés se impone y el PSOE no solo les ha «indultado», sino que los blanquea al convertirlos en sus aliados. El PNV debería ir con cuidado porque Sánchez es implacable y cuando le den los números formará una frente de izquierda populista como sucede en el Gobierno o espera conseguir con ERC en Cataluña. Por ello, la apelación al recuerdo de los caídos es muy incómoda para la estrategia monclovita. Las víctimas son el pasado y siempre hay familiares bienintencionados que ayudan en el blanqueamiento porque lo fácil es pasar página. No hay que olvidar que Otegi no tiene propósito de enmienda, lo volvería a hacer y lo único que siente es que fue derrotado. Ahora pretende ganar y el Gobierno se lo pone fácil. Es un criminal que siente profundamente que no consiguió completar su carrera delictiva destruyendo España y logrando la independencia del País Vasco, con la incorporación de Navarra, imponiendo una dictadura comunista. Este miserable no cree en la democracia o se arrepiente. Solo busca otra forma para lograr sus objetivos y por eso le resulta útil la sumisa colaboración del PSOE.