Otegi dinamita el giro al centro de Moncloa

El líder de EH Bildu capitaliza el aniversario del fin de ETA y el Gobierno de Sánchez modera su entusiasmo bajo la tensión con el PNV

La secretaria General del PSE-EE y vicelendakari, Idoia Mendia (d), y el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (i), ayer en la Casa de Juntas de Guernica
La secretaria General del PSE-EE y vicelendakari, Idoia Mendia (d), y el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (i), ayer en la Casa de Juntas de Guernica FOTO: Miguel Toña EFE

El máximo dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha conseguido capitalizar el décimo aniversario del fin de ETA y descolocar al Gobierno y al PSOE. Moncloa tuvo que matizar ayer el entusiasmo del PSOE al valorar inicialmente sus palabras, en un paso atrás obligado por el malestar del PNV en un momento ya muy delicado en las relaciones entre los dos partidos por el hachazo a las eléctricas y la negociación presupuestaria.

En el PSOE anterior al sanchismo, y que vivió en primera persona el proceso que llevó a la disolución de ETA y su entrega de las armas, sostienen que lo que ha hecho Otegi es decir en público «lo que dicen en privado la mayoría de ellos. Otegi es el único líder capaz de decirlo. Saben que deben ese reconocimiento al dolor causado. No debió producirse. Desde 2011se les pidió que dieran más pasos. El décimo aniversario era el momento».

Otegi no ha condenado a ETA ni ha deslegitimado a la banda terrorista, pero su comunicado ha empantanado la celebración del décimo aniversario, dándole la vuelta a un contexto que Moncloa creía que podía rentabilizar por el papel que jugó en aquella etapa el Gobierno que presidió José Luis Rodríguez Zapatero. El guion socialista, que ya empezó a dibujarse en el 40 Congreso del PSOE, ha saltado por los aires. El objetivo del PSOE poscongresual era recuperar la centralidad. O al menos ése fue el eslogan que machaconamente repitió durante el congreso del pasado fin de semana bajo la pancarta de la reivindicación sonora de la socialdemocracia. Y sin haber superado la resaca del acto de patriotismo de las siglas celebrado en Valencia, Moncloa no ha podido evitar que en el centro del foco se coloque de nuevo su dependencia parlamentaria de socios que representan todo menos la centralidad. Además de abrirle un nuevo frente con el PNV, que el Gobierno intentó ayer rectificar sobre la marcha en un proceso que refleja la presión de los nacionalistas vascos para que Moncloa no se la juegue también a ellos.

En este marco, el Ejecutivo dio un paso atrás respecto al entusiasmo socialista del día anterior y precisó que la declaración de Otegi es un gesto «insuficiente» porque lo que tienen que que hacer es «pedir perdón» y «pasar de las palabras a los hechos», según manifestó la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez.

Un día después de que lo dijera el lendakari, el Gobierno reclamó ayer a la izquierda abertzale que condene los actos de homenaje y recibimiento a etarras por «revictimizar» a quienes padecieron la violencia.

El PP pide una condena explícita y el PSOE rechaza pronunciarse

El PP ha iniciado una ofensiva parlamentaria en el Congreso para que todos los grupos hagan una condena explícita del terrorismo de ETA e instará a que el PSOE rompa con EH Bildu, al pedir al Gobierno que no pacte con partidos que no condenen los crímenes de la banda terrorista. La portavoz parlamentaria del PP, Cuca Gamarra, anunció ayer que propondrá además una declaración institucional por el fin de ETA que incluya una condena del terrorismo y señale además que «la acción terrorista nunca tuvo ningún sentido de ser». El PP ha pedido también que el PSOE incluyera estos términos en el texto que propone en el Senado, que según los socialistas incluye desde el «minuto cero» una condena a ETA. Sin embargo, el Grupo Socialista en la Cámara Alta abandonó ayer su idea inicial de presentar en el pleno de esta semana un texto a modo de declaración institucional de condena de la violencia de ETA por entender que se ha politizado este asunto, aunque prefieren no señalar directamente a ninguna formación política.

El portavoz del PSOE, Felipe Sicilia, había calificado el lunes como «un paso importante» y un «punto de inflexión» las palabras de Otegi. El ex lendakari Patxi López también aplaudió el discurso de Bildu.

El PNV ha visto el guiño a futuros pactos de gobierno en el País Vasco y ha levantado la tarjeta roja. Y aunque Moncloa rectificó el entusiasmo, la portavoz, sin embargo, no cerró la puerta a una relación más intensa con el partido de Otegi conforme a la representación política que le dan los votos. «Con esa representación estamos obligados a hablar para tratar de resolver problemas de los ciudadanos».

El coste de ese diálogo no queda amortizado por las declaraciones de Otegi, como bien saben en el partido, y al mismo tiempo amenaza la estabilidad de la relación con el PNV. EH Bildu está en un proceso de competición en Madrid y en el País Vasco con los nacionalistas vascos y la ensoñación de que puedan jugar el papel de ERC circula en algunos sectores socialistas. El nacionalismo vasco lo ha controlado hegemónicamente hasta ahora la derecha peneuvista.

En las filas socialistas, especialmente en algunas de sus baronías, admiten que es un error que la dirección no haya medido mejor el alcance de sus palabras. Y advierten de que por muy necesarios que puedan ser los apoyos de Bildu, están obligados «a medir por el interés de las siglas en todo el territorio nacional más allá de las urgencias de Madrid».

El décimo aniversario de ETA queda marcado también por la división política y el choque entre el bloque de la derecha y de la izquierda. El consenso en la política antiterrorista fue decisivo en los avances judiciales y policiales para vencer a los terroristas. En el viejo PSOE y en el viejo PP se llevan las manos a la cabeza por la imagen que deja la política en una fecha que debería ser única y exclusivamente de celebración de la victoria de la democracia y del Estado de Derecho sobre los etarras.