Tambores de guerra

«Putin está convencido de que la UE no hará nada más allá de grandes discursos, protestas y sanciones económicas»

FOTO: Pavel Bednyakov AP

No hay nada que complazca más a un déspota que una buena guerra. Por ello, Putin es un personaje peligroso e imprevisible. Los conflictos mundiales del siglo XX nos quedan muy lejanos. El primero fue conocido como la Gran Guerra (1914-1918), aunque en pocos años estallaba otra todavía peor. Los horrores espeluznantes de la primera fueron superados con creces en la Segunda Guerra Mundial. Europa vivió el período conocido como la «Paz Armada» desde el final de la guerra franco prusiana hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial con el asesinato, en 1914, del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austro-Húngaro, en Sarajevo. Tras ese periodo en que las grandes potencias europeas no se peleaban comenzó en 1914 ese ciclo de locura bélica que concluyó con la derrota de Alemania, Italia y Japón, que fueron los responsables del conflicto. Tras ello comenzó otro período de paz armada, con la Guerra Fría y algunos enfrentamientos, como Indochina/Vietnam y Corea, pero sin llegar a una conflagración mundial. Ahora vivimos una etapa de fuertes e inquietantes turbulencias provocadas por los imperialismos ruso y chino. El primero tiene unas claras intenciones territoriales, como sucede con Ucrania, mientras que el segundo quiere ocupar Taiwán, así como avanzar en su dominio económico mundial.

Los dictadores siempre piensan que se saldrán con la suya. Es bueno recordar lo que sucedió en el Acuerdo de Múnich de 1938. No hay duda de que fue una traición que mostró el indigno comportamiento de las democracias, Francia y Gran Bretaña, sometiéndose a los deseos de la Alemania nazi. Fue una gran victoria de Hitler que creyó que sus interlocutores eran unos cobardes y que podía seguir con su expansión territorial. La realidad es que el apaciguamiento no sirvió de nada y el ejército alemán invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. Putin ha decidido que Rusia siga siendo una gran potencia que cuente con un área de influencia donde se pueda comportar como un autócrata. Está convencido de que la Unión Europea no hará nada realmente efectivo más allá de grandes discursos, protestas y sanciones económicas. Por ello, cuando le convenga lanzará otro ataque contra Ucrania y la convertirá, de nuevo, en un satélite. La UE no está dispuesta a luchar por la democracia.