La lucha por la igualdad

La lucha por la igualdad nos afecta a todos. No debería ser patrimonio de ningún colectivo. Cuanta más amplía sea la implicación más rápido se podrá avanzar hasta lograr la plena igualdad

FOTO: Miguel Osés EFE

Me gustaría que no se celebrara el Día Internacional de la Mujer, porque se hubiera llegado a una auténtica igualdad. No es así. Se ha avanzado mucho, pero queda todavía mucho por hacer. La Historia nos muestra con meridiana claridad que las mujeres han sufrido una injusta e indigna marginación hasta hace muy poco. Es algo que nadie puede discutir, salvo los ignorantes. Es una realidad indigna, pero la Historia nos tiene que servir para aprender de los errores. Es fundamental que las mujeres exijan esa igualdad y que se adopten las medidas necesarias para que se siga avanzando. No puede existir ninguna discriminación, explícita o implícita, por razón de género. Las primeras están prohibidas y atentarían contra el ordenamiento constitucional, pero las segundas forman parte, desgraciadamente, de los comportamientos cotidianos de muchas personas. Esos micromachismos pueden pasar desapercibidos, pero son una realidad. Es algo transversal que no está condicionado por el origen social o la formación. Se producen en circunstancias que pueden sorprender. La lucha por la igualdad nos afecta a todos. No debería ser patrimonio de ningún colectivo. Cuanta más amplía sea la implicación más rápido se podrá avanzar hasta lograr la plena igualdad.

La violencia machista es otra realidad. Me sorprende que alguien lo pueda cuestionar. La frialdad de los datos desmonta cualquier atisbo de desinformación. No solo de las mujeres fallecidas, sino de la violencia que sufren por parte de sus parejas y que en muchos casos no se denuncia. El problema es la utilización partidista de un tema tan doloroso como bandera de movilización electoral. Esa patrimonialización es contraproducente, porque debería ser un movimiento abierto e integrador. Cuantos más millones de personas se sientan implicadas en esta lucha, más fácil será derrotar al machismo. Los avances son enormes y la sociedad del siglo XXI no tiene nada que ver con el pasado, aunque sigan existiendo indeseables que no acepten la igualdad, que ejerzan la violencia y que consideren que su pareja es de su propiedad. Los poderes públicos tienen un papel decisivo, pero son necesarios más recursos para garantizar que ninguna mujer pueda estar sometida. Por supuesto, la escuela es el lugar fundamental donde educar a los más jóvenes, hombres y mujeres, en el principio constitucional de la igualdad.