Otra vez el problema del petróleo

«Somos la zona más rica del planeta y a todos les interesa transferir nuestras rentas en su beneficio»

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Los nubarrones se ciernen sobre la economía española y permiten presagiar la llegada de tiempos muy difíciles, a pesar del irresponsable optimismo gubernamental. Tengo la impresión de que la calma que vivimos, gracias al desaforado consumismo que caracteriza a la sociedad europea, es la antesala de una gran tempestad. El anuncio de la subida de tipos de interés por el BCE, con el fin de controlar la inflación, irá acompañado de otros incrementos que provocarán graves problemas a las administraciones, las empresas y las familias. Es una decisión arriesgada, porque provocará una contracción. No se puede salir de una crisis sin sacrificios. Hay que partir de la premisa de que el sufrimiento recaerá, como siempre, en los asalariados, entre los que no incluyo, por supuesto, a los millonarios, los funcionarios y los pensionistas. En lo que hace referencia a los privilegiados miembros de la euroburocracia, como los consejeros del BCE, encabezados por su presidenta, cobran sueldos fabulosos y tendrán la jubilación dorada que es el máximo sueño de los que consiguen ser enchufados en la UE. Esta situación ofrece una gran tranquilidad a Lagarde a la hora de tomar decisiones.

Los precios del petróleo y del gas son un grave problema para Europa debido a su dependencia de esas fuentes de energía. La excepción son el Reino Unido y Noruega, que cuentan con importantes yacimientos en sus costas. La UE quiere transitar a una economía verde y romper esa dependencia, pero faltan muchos años hasta que lo consiga. Por otra parte, hemos dado un mensaje a los países productores que saben que perderán una parte importante de sus ingresos y quieren aprovechar la oportunidad para llenar sus arcas. Es bueno recordar que somos la zona más rica del planeta. A todos les interesa transferir nuestras rentas en su beneficio. Es lo que sucederá con la política armamentista provocada por la guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia, que no tendrá problema en vender su petróleo y su gas a otros países. En cambio, nosotros lo pagaremos más caro. Estados Unidos y la OPEP se forrarán. Estamos ante el clásico problema de exceso de demanda frente una oferta escasa. A lo que se añade una insuficiente capacidad de refino agravada por la paralización de inversiones provocada por la crisis pandémica. Por utilizar un tópico, la tormenta perfecta.