Cómo salir del círculo tóxico del miedo que nos genera la pandemia

El daño psicológico, emocional y biológico causado por la estrategia de motivar nuestro comportamiento desde el miedo es mucho más preocupante que el virus

Si, durante unas semanas, días e incluso momentos has dejado de sentir miedo (al contagio, a la pérdida, al caos, al futuro), estás de suerte. No era la intención. Todo lo que estamos viviendo en esta pandemia parece estar “orquestado” en torno este sentimiento tan bloqueante y tóxico. Parece que, si dejas de sentirlo... zas... estas “muerto”. El verano ha sido una especie de tregua, de oportunidad para coger aire. Tanto que, por momentos, hasta podía parecer que lo vivido era una pesadilla. Pero ya tenemos nuestro “castigo”: en agosto ha habido un importante aumento de los contagios. El discurso político es como la bronca de un padre por volver tarde a casa: castigado sin salir. Así que nos replegamos en nosotros mismos y volvemos a abrazarnos al miedo, que nos resulta cómodo y conocido.

Sin embargo, no somos conscientes de que, en el intento de protegernos, estamos poniendo en peligro el único arma que puede defendernos: nuestro sistema inmune. “La creencia de que nuestras emociones no tienen absolutamente ningún impacto en nuestra biología está basada en ciencia poco más que medieval. Pero son creencias que seguimos arrastrando y que, en estas circunstancias, están demostrando más que nunca lo tóxicas y contraproducentes que son”, señala la antropóloga Izanami Martínez, creadora de la filosofía NoTox, que persigue, entre otras cosas, el dejar de “vivir a medias”. “Uno de los primeros efectos biológicos del miedo es el de pausar el sistema inmunológico”, prosigue. “Más allá de los segundos o minutos que necesitamos para huir o luchar cuando algo real nos amenaza, el miedo se convierte en una emoción crónica que bloquea también el drenaje de recursos a nuestros sistemas digestivo, reproductivo e inmunitario”, explica.

Te puede tocar a ti

Un componente clásico e indivisible del discurso del miedo es apelar la parte mágica, aleatoria, de la causa que tememos. “En esta pandemia todas las comunicaciones están dirigidas desde el miedo. Hablamos del virus y de la posibilidad de contagio como algo aleatorio, casi místico, que te toca o no te toca. Estamos ignorando por completo el hecho de que nuestro sistema inmunitario está continuamente en contacto con virus y bacterias y está continuamente defendiéndose contra ellas. Estamos, como sociedad, en un modo reactivo, azuzados desde los medios con miedo y cruzando los dedos para que el “bicho” no la tome con nosotros ni con los nuestros”, explica. “¿Por qué no hay ni un solo mensaje oficial con información últil y cientificamente contrastada de las acciones que podemos tomar individualmente para fortalecer nuestro sistema inmunitario y mejorar la resistencia de la población al virus?”, se pregunta.

Así es como entramos en el círculo vicioso del miedo, que engendra debilidad y más miedo. ¿Podemos salir de ahí? Para la antropóloga la respuesta es un si rotundo, y tiene que hacerte desde el conocimiento, la solidaridad y el respeto.

“Factura” emocional

Por otro lado, la “factura” emocional de esta crisis, de la que aún no hemos visto más que una pequeña parte, es y será de tal dimensión, que “dimensionaremos” las cifras del virus con otro criterio. De hecho, sin necesidad de comparar los efectos del nuevo coronavirus con las consecuencias futuras en la salud mental de la población, ya se puede ver una desigualdad evidente si lo comparamos con otras patologías mucho más prevalentes. “El año pasado murieron en España de cáncer 112.714 personas (Fuente INE); eso son 308 personas al día. Y sustancias científicamente demostradas como cancerígenas se siguen vendiendo, anunciando en medios e incluyendo en los menús de los hospitales. Una de cada cuatro personas sufre, cómo mínimo, un episodio de depresión a lo largo de su vida, uno de cada dos trabajadores estrés y cada día, en España, se suicidan una media de 10 personas. La Covid-19 es una enfermedad terrible, que ha causado y está causando muchísimo dolor y muchas pérdidas personales y familiares, pero no es la única. Sociológicamente es fascinante observar la diferencia de contundencia de respuesta frente a unas y a otras. El año pasado, por estas fechas, habían muerto de cáncer más de 75.000 personas y ni nos planteamos social ni políticamente prohibir elementos cancerígenos. Con menos de la mitad de fallecidos por COVID, hemos renunciado a libertades esenciales y a derechos como el de la educación para nuestros hijos, y estamos destruyendo el tejido conectivo del país agravando la desigualdad y condenando a millones de personas a la pobreza”, señala Martinez.

Salir del “modo supervivencia”

¿Vives o sobrevives? ¿Cuantas veces te has preguntado esto durante este fatídico 2020? La mala noticia es que no se puede vivir mucho tiempo en el “modo supervivencia limitante” al que nos reduce el miedo. La buena, que tenemos el poder de conectarnos con nuestra capacidad humana de tomar decisiones conscientes. “El poder con cual que hemos sido los únicos animales en transformar su ecosistema y crear cosas que no existían antes. Las creencias que tenemos hoy, duelen. Tenemos la capacidad de re-evolucionar nuestra sociedad. Pero esta sociedad nos necesita conscientes, empáticos y alerta, no aterrorizados, obedientes y ciegos a los que nos rodea”. Por eso, las recomendaciones de la antropóloga son tomar perspectiva, cuestionarnos absolutamente todo, lo oficial y lo conspiranoico, dar un paso atrás y preguntarnos el por qué y el para qué y hacer uso de nuestra “extraordinaria capacidad de raciocinio y empatía que, cuando mejor funcionan, es cuando no tenemos miedo”.