Cáncer de mama metastásico, el reto de convertir el tumor en una enfermedad crónica

Este tumor resulta incurable, pero cada vez hay más opciones que mejoran la calidad de vida de las afectadas

30% de las mujeres diagnosticadas en un estadio temprano experimentarán una recurrencia con metástasis años después
30% de las mujeres diagnosticadas en un estadio temprano experimentarán una recurrencia con metástasis años después FOTO: DREAMSTIME Dreamstime

La celebración del Día Internacional del Cáncer de Mama hace dos semanas y la noticia de que la periodista Ana Rosa Quintana padece este tumor ha evidenciado los grandes avances que se han logrado en esta enfermedad. Sin embargo, suele quedar entre tinieblas un «patito feo» al que pocos miran: el cáncer de mama metastásico, probablemente la cara más amarga de esta patología, ya que implica que el tumor se ha extendido a los huesos o a otras vísceras como hígado, pulmón o pleura.

Prueba de la escasa visibilidad que tiene esta arista de la enfermedad es que no existen cifras exactas de la misma. «Se estima que entre un 20 y 30% de las pacientes diagnosticadas con cáncer de mama pueden desarrollar enfermedad metastásica, por lo que estaríamos hablando de un número muy elevado de casos, quizá de más de 30.000 afectadas, la mayoría de ellas mujeres, aunque en un pequeño porcentaje también hay varones, frecuentemente olvidados en las estadísticas», asegura César A. Rodríguez Sánchez, especialista del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario de Salamanca y miembro del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca-Ibsal, quien insiste en que «el gran problema es que no hay un registro y no sabemos la prevalencia real. Se trata de una de las grandes demandas realizadas en los últimos años desde las sociedades científicas y los grupos cooperativos», recuerda.

El cáncer de mama metastásico es una enfermedad con manifestaciones clínicas muy variables. Su presencia puede sospecharse si aparecen signos o síntomas diversos como el dolor óseo, molestia abdominal o anorexia, dependiendo de los órganos afectados. Conocerlo bien es el primer paso para plantarle cara de una manera exitosa. «Los factores para que aparezca son muy diversos, aunque sin lugar a dudas, el estadio al diagnóstico resulta crucial, lo que refuerza la importancia de una detección precoz», asegura Rodríguez Sánchez.

Pero también son importantes factores dependientes de la biología del tumor, de modo que «sabemos que las neoplasias más agresivas, como los cánceres de mama “triple negativo”, tienen mayor probabilidad de recaída a distancia y tienden a hacerlo de forma más precoz, mientras que en los subtipos HER2, la incorporación de tratamientos muy específicos ha cambiado la historia natural de la enfermedad, pasando de ser tumores con una elevada tasa de recidivas, y muy precoces, a un subtipo de mejor pronóstico», detalla.

Sin curación

El diagnóstico del cáncer de mama metastásico implica convivir con la losa de la enfermedad de por vida. «Supone un estado de no curabilidad que tiene un impacto notable a nivel físico, psicológico, laboral y familiar sobre las pacientes, es decir, saben que conlleva vivir con el riesgo de progresión, cambios de líneas terapéuticas, efectos adversos derivados de las mismas, etc.», reconoce Rodríguez Sánchez, quien recuerda que «estas pacientes no se han sentido representadas por la imagen transmitida acerca del cáncer de mama, históricamente rodeado de optimismo sobre sus tasas de curación y los avances en la supervivencia, mientras que ellas sienten que su realidad es otra, en la que la curación no entra en el guión y el riesgo de morir está presente».

Aunque a día de hoy supone uno de los grandes retos de la Oncología, la investigación científica se presenta como la luz al final del túnel que vislumbran las afectadas cargadas de esperanza. Y los pasos andados resultan prometedores, aunque quedan muchos desafíos: «En lo que se refiere a la investigación básica, conocer la biología tumoral, los procesos íntimos que llevan a la progresión y a las resistencias al tratamiento e identificar potenciales dianas terapéuticas es esencial. Pero también una investigación clínica y traslacional de calidad y, sobre todo, ágil y dinámica. En este sentido contamos en España con un nivel envidiable», asegura el especialista, aunque «sigue siendo un reto promover la investigación independiente más allá de los ensayos promovidos por las farmacéuticas», lamenta.

Mientras esos avances se generalizan, más de mitad de las pacientes con cáncer de mama metastásico al diagnóstico recibe distintas modalidades de tratamientos locales, principalmente cirugía y radioterapia, y sistémicos, como quimioterapia, hormonoterapia o inmunoterapia. El objetivo ahora es la cronificación, «un hecho que no es real aún, puesto que el cáncer de mama metastásico sigue produciendo más de 6.000 fallecimientos al año en España, pero también es indudable que los pasos dados nos acercan cada vez más, de manera firme, a ese objetivo y lo hacen a expensas de una medicina más personalizada, basada de manera más real en biomarcadores útiles y con menor toxicidad y mejor calidad de vida para las pacientes», avanza Rodríguez Sánchez.