Los aeropuertos, un coladero para las nuevas cepas

Madrid ha recibido 50 vuelos de Brasil desde diciembre y 480 de Reino Unido en dos días antes de que se cerrara el espacio aéreo

Toma de temperatura en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas
Toma de temperatura en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid BarajasAlberto R. RoldánLa Razon

Si hay algo estable en esta pandemia es el comportamiento del virus. Es el de los habitantes del planeta Tierra que se enfrentan a él el que varía y se muestra errático, y eso afecta directamente a la expansión del coronavirus. La apuesta por restringir al máximo los movimientos de las personas va, desde lo más cotidiano, a lo que podríamos definir como «extraordinario», ámbito en el que se encuentran los viajes internacionales.

La experiencia con la cepa británica, hasta un 70% más infecciosa que otras, quizá debería habernos enseñado las consecuencias de no actuar con celeridad. España no cerró el espacio aéreo con Reino Unido hasta el 22 de diciembre, lo que permitió la entrada de 480 vuelos procedentes de este país entre los días 19 y 21. Casi un mes después, ya hay al menos 88 casos –otros 200 se están investigando– identificados en España de esta variante, que se ha detectado ya en 58 países de cuatro continentes diferentes.

Ahora, la pandemia nos da otra oportunidad de reaccionar, esta vez con las nuevas variantes surgidas en las últimas semanas: la surafricana, que se ha identificado ya en 22 países, y la brasileña, que genera preocupación mundial por una de sus mutaciones, la «E484K», que podría «escapar» a los efectos de la inmunización.

Esta última se dio a conocer el pasado 23 de diciembre y, desde entonces, han aterrizado en el aeropuerto de Madrid unos 50 vuelos procedentes de Brasil. Países como Reino Unido, Estados Unidos o Marruecos se han apresurado a cerrar el espacio aéreo con los territorios de origen de ambas cepas. Otros lo irán haciendo en estos días.

Mientras, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, declara que no ve necesario hacerlo porque los ciudadanos procedentes de esos países ya tienen la obligación de entrar en España con una PCR negativa realizada en las últimas 72 horas. Al respecto, Fernando Simón ha añadido que, además, hace tres semanas que no entra ningún vuelo procedente de Sudáfrica, hecho que Aena confirma.

Exigencia de prevención

Sin embargo, el gobierno de la comunidad de Madrid sí considera que tomar esta decisión pueda marcar la diferencia, más aún en una situación epidemiológica alarmante como en la que se encuentra España en estos momentos. Tanto la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, como el consejero de Sanidad de la región, Enrique Ruiz Escudero, han pedido encarecidamente al Ejecutivo que se prohíba la entrada de vuelos procedentes de ambos países como medida de prevención.

De hecho, en una carta enviada ayer al ministro por parte de Ruiz Escudero, le pide «extremar las medidas de control en el aeropuerto y la cancelación de vuelos con estos países, hasta esclarecer, al menos, la situación y las características de estas nuevas cepas». Petición que parece del todo lógica.

Del mismo modo que la gravedad del momento actual de la pandemia, en el que España ha batido todos sus récords de contagio y la presión asistencial es un volcán a punto de entrar en erupción, se le pide a los ciudadanos que extremen el cuidado de todas las medidas de prevención. ¿Es la decisión de cerrar el espacio aéreo con estos países un sacrificio de tal calibre? ¿No se entendería como una actuación normal en nombre de la prudencia?

Los dos aspectos que están sobre la mesa en este punto son, por un lado, si el beneficio de actuar de este modo no es mayor al perjuicio que la entrada de estas nuevas cepas pueda ocasionar y, por otro, si las medidas de control que actualmente se toman con respecto a los ciudadanos de estos países (PCR negativa hecha con 72 horas de antelación) no deberían endurecerse, por ejemplo, con una cuarentena de una semana a diez días a su llegada a España. O medidas más rigurosas que aplican otros estados.

En opinión de Estanislao Nistal, profesor de Microbiología en la Universidad CEU San Pablo, «yo siempre he pensado que la manera más efectiva es hacer diagnóstico antes y a la llegada, y poner en cuarentena a los casos importados que sean detectados. Igualmente, es muy difícil tratar de parar la expansión de estas cepas o nuevas mutaciones, a no ser que cerráramos los aeropuertos y tuviéramos el control máximo de cualquier persona que entre. Yo, particularmente, soy bastante escéptico respecto a que no estén ya en España circulando desde hace meses. La de Reino Unido, por supuesto y, el resto, pues quizá menos pero nadie sabe su grado de extensión en otros países secundarios donde se hayan extendido». Y añade: «Tampoco se sabe hasta qué grado estas variantes son más transmisibles que otras que son predominantes hasta ahora. Si entrasemos en ese círculo es posible que, en unos meses, nos encontrásemos con limitaciones para viajar a muchísimos países». Un conflicto de intereses donde los económicos están jugando un papel fundamental en la toma de este tipo de decisiones.