Religión

El Vaticano prohíbe bendecir las uniones gays

Doctrina de la Fe explica que “no puede considerarse lícito” este gesto sacramental, si bien se abre la puerta a bendecir a los homosexuales de forma individual

Dos hombres se casan en la oficina del registro civil de Múnich
Dos hombres se casan en la oficina del registro civil de MúnichEfe

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha sentenciado que los sacerdotes no pueden bendecir las uniones gays. Así se recoge en una declaración del departamento vaticano a un ‘dubium’ -lo que en términos eclesiásticos es una pregunta formal sobre un tema genera controversia-.

“La bendición de las uniones homosexuales no puede ser considerada lícita”, señala el documento elaborado por el equipo el cardenal español Luis Francisco Ladaria y su secretario, el arzobispo Giacomo Morandi. Desde la Santa Sede se confirma además que el Papa “ha dado su consentimiento” a esta nota explicativa.

A pesar de esta negativa, el texto sí da un paso adelante, en tanto que admite que “se impartan bendiciones a las personas individuales con inclinaciones homosexuales que manifiesten la voluntad de vivir en fidelidad a los designios revelados por Dios”.

De hecho, se expone que por parte de la Iglesia católica hay “una sincera voluntad de acogida y de acompañamiento de las personas homosexuales, a las cuales se proponen caminos de crecimiento en la fe”, haciendo referencia además a la exhortación ‘Amoris laetitia’ que cumple ahora cinco años.

Con este punto de partida, el escrito de Doctrina de la Fe sí busca diferenciar entre uniones y personas. Así, detalla que “un juicio negativo sobre las bendiciones de las uniones entre personas del mismo sexo no implica un juicio sobre las personas”.

Además, recuerda que la Iglesia no solo niega la bendición a las uniones gays, sino también a todas las parejas que conviven fuera del matrimonio: “Cualquier unión que comporte un ejercicio de la sexualidad fuera del matrimonio es ilícita desde el punto de vista moral, según lo que enseña el ininterrumpido magisterio eclesial”.

Es más, consciente de la polémica que se puede generar respecto a este asunto, el texto advierte del temor a que se pueda pensar que “el problema fuera sólo de estas uniones”. En cualquier caso, el cardenal Ladaria subraya que “la Iglesia no es árbitro de estos designios y de las verdades de vida que expresan, sino su fiel intérprete y anunciadora”.

Y es que, tal y como se explicita en el texto, las bendiciones son acciones sacramentales y litúrgicas que “exigen consonancia de vida con aquello que estos significan y generan”. Por ello, se detalla que “una bendición sobre una relación humana requiere que esta esté ordenada a recibir y expresar el bien que le ha sido pronunciado y donado”.