Los expertos apoyan la vacunación incluso a menores de 6 años

También enferman de covid y propagan este virus, que se mezcla con otros comunes provocando situaciones de mayor riesgo

Vacuna covid en una niña
Vacuna covid en una niña FOTO: DREAMSTIME Dreamstime

La vacunación frente al coronavirus de los menores de 12 años en España está cada vez más cerca. Pese a que el Ministerio de Sanidad todavía no se ha pronunciado sobre si recomendará o no su aplicación, la autorización por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) del uso pediátrico de la vacuna de Pfizer (en niños de 5 a 11 años) acerca la posibilidad de que 3,2 millones de niños puedan inmunizarse contra la covid.

Muchos países han desarrollado campañas para vacunar a menores. Otros han decidido que no es obligatorio. ¿Qué dice la ciencia al respecto? ¿Está preparado su sistema inmune? ¿Tiene sentido? ¿Pueden ser peor los efectos secundarios de la vacuna que la propia enfermedad?

De acuerdo con las estadísticas los porcentajes confirman que los menores de 12 años son quienes menos sufren la enfermedad: un 1% de los muertos por covid se encontraban en este rango de edad y los hospitalizados llegaron al 2%. Es obvio que en esta edad las consecuencias son menores. Esto tendría que ver con la respuesta inmune innata: la reacción del cuerpo a los patógenos. Los menores tendrían una respuesta innata que responde de forma acelerada e «intuitiva» a este tipo de enfermedades. Pero… al mismo tiempo, el último informe del Centro para el Control de Enfermedades (CDC) señala que la cantidad de menores hospitalizados fue entre 3,4 y 3,7 veces mayor en las regiones donde la cobertura de vacunación (para todas las edades) era más baja. Incluido menores de 6 años.

Por todo esto no es extraño que la vacunación infantil sea analizada al detalle para usar la dosis de vacuna que brinde la mejor protección con la menor cantidad de efectos secundarios. Y eso dependerá de lo maduro que sea el sistema inmune, es decir, la edad. Cuando nacemos, nuestra principal protección inmunológica proviene de los anticuerpos maternos compartidos a través de la placenta y la leche materna. Todo esto proporciona lo que se llama inmunidad pasiva. Otra barrera es la inmunidad innata, aquella con la que nacemos y que se encuentra en la piel y en las membranas mucosas: si algún germen pasa estas barreras, nuestras defensas lo atacan. Y luego el sistema inmunológico adaptativo, que es el que va madurando a lo largo de los años y se completa al alcanzar los 8 años aproximadamente. Todos estos sistemas colaboran en el tiempo. Por ejemplo, el sistema inmunológico innato no necesita un aprendizaje para combatir infecciones, algo imprescindible para el adaptativo.

En este sentido, cuando recibimos una vacuna, se trata de una «lección» para el sistema inmunológico adaptativo, que aprende a producir anticuerpos. Y las vacunas lo que hacen, básicamente, es desencadenar la creación de anticuerpos que reconocerán un germen específico para combatirlo. Pero también para evitar que las consecuencias de contraer la enfermedad, si eso ocurriera, sean más leves. Todo esto hace que sea de gran importancia, a la hora de ajustar la dosis de una vacuna para diferentes grupos de edad, evaluar qué partes del sistema inmunológico están trabajando y qué partes aún no están maduras.

A partir de los 4 años, por ejemplo, nuestro sistema inmune tiende a ser más receptivo. No es una coincidencia que sea aquí cuando las personas tiendan a desarrollar la mayoría de las alergias, que son reacciones del sistema inmune. Así muchos países recomiendan las vacunas en menores de 12 años si constituyen población de riesgo o si conviven con adultos vulnerables a la covid. Pero, ¿qué pasa con los que no están en estos grupos? Por un lado podrían convertirse en portadores y propagar el virus, lo que lleva a muchos a pensar que también deberían recibir la vacuna. Al mismo tiempo muchos expertos en salud infantil están preocupados por lo que les ocurrirá a los niños que se infectan con el virus SARS-CoV-2 y al mismo tiempo con otros virus comunes. Hasta ahora el distanciamiento social, el uso de mascarillas y otras restricciones habían limitado estos problemas, pero a medida que la rutina sea más flexible, esto puede empeorar y de hecho ya hay indicios de que están aumentando las infecciones por virus respiratorios habituales en los menores. Vacunarlos sería una opción pero los efectos secundarios en menores aún están siendo analizados y para muchos, como Catherine Bennett, epidemióloga de la Universidad de Melbourne (Australia), el riesgo (en menores de 10 años) no compensa.

Y finalmente hay otro factor. ¿Qué pasa con los adultos que aún no han sido vacunados o que no han completado sus dos dosis? Pese a que Europa tiene una alta tasa de vacunación y en China las cifras rozan el 80%, en la India no han completado sus dosis más del 70% y a nivel global solo se ha vacunado poco más de un tercio de la población.

En mayo de este año, el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que los países más ricos que están vacunando a los menores lo están haciendo a expensas de los trabajadores de la salud y los grupos de alto riesgo en otros países. Pero los defensores de la vacunación de–niños y adultos jóvenes argumentaron que no es necesario que sea el caso de uno u otro. «Esta es una dicotomía falsa» –asegura Adam Ratner, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas de la Universidad de Nueva York–. «El argumento para enviar vacunas a ciertos países no debe excluir la vacunación de niños en otras regiones. Hay muchos estados que han comprado más dosis de las necesarias».

Se debe recordar que los menores de 17 años fueron de los primeros «descartados» del proceso de vacunación. Excepto por aquellos vulnerables, la atención se centró en los mayores de 60 años que eran los más débiles ante el virus. Ahora es cuando se empieza a comprobar con claridad los efectos de las vacunas aprobadas para distintos sectores. Dejar de lado a los menores de 6 años es un error, como muestran los expertos.