Cómo debemos enseñar a los niños a acariciar a los perros

Si los niños aprenden a relacionarse con los perros cuando todavía son pequeños, les estaremos brindando la posibilidad de crear uno de los vínculos más especiales que puede cultivar un ser humano

Es importante que los niños aprendan a relacionarse con los perros de la forma correcta | Fuente: Dreamstime
Es importante que los niños aprendan a relacionarse con los perros de la forma correcta | Fuente: Dreamstime FOTO: La Razón Dreamstime

Es triste ver la cantidad de adultos que no saben o que -simplemente- no quieren interactuar con perros. Normalmente, esta circunstancia se da a raíz de una mala experiencia durante la infancia. Aunque también puede suceder que esta “fobia” haya sido heredada de unos padres que tenían este mismo problema y que, sin querer, transmitieron esos miedos a sus hijos. Sin embargo, el caso más común es que estas personas se hubiesen acercado de una forma demasiado efusiva a un perro cuando eran pequeños y que este reaccionase de forma violenta.

Es una situación tremendamente común, pero que se puede evitar si somos capaces de transmitirles a nuestros hijos la importancia de respetar el espacio personal de los perros. A continuación, el lector podrá encontrar una pequeña guía sobre cómo enseñar a los niños a acariciar a un perro que no les conoce. Si seguimos todos estos pasos correctamente, evitaremos muchas situaciones desagradables y le estaremos brindando a nuestros hijos la posibilidad de crear uno de los vínculos más especiales que puede cultivar un ser humano.

Una niña con síndrome de Down juega con un perro
Una niña con síndrome de Down juega con un perro

1. Pregunta al dueño

Que un perro pasee por la calle, no lo convierte en una propiedad pública. Y no podemos lanzarnos a acariciar a cualquier perro que veamos sólo porque nos despierta ternura. Es una actitud poco considerada, tanto para el dueño como para el perro. Por eso, es importante que seamos respetuosos y que preguntemos antes de hacerle mimos. Y debemos ser especialmente cuidadosos si vamos acompañados de un niño. Porque un perro puede ser absolutamente amigable con el resto de los perros y con los adultos, pero puede que no sepa reaccionar ante la efusividad de los niños.

Además, muchos dueños son muy reticentes a juntar a su perro con niños, por los riesgos que entraña. Sobre todo si no tienen hijos propios o si no tienen niños en su entorno. Puede ser el perro más amable del mundo, pero si no está acostumbrado a lidiar con ellos... lo mejor es buscar a otro perro al que acariciar. Además es un buen momento para que el niño aprenda a respetar al animal y su independencia.

2. Aprende a hablar su idioma

Afortunadamente, los perros son unos animales tremendamente comunicativos... y ellos mismos nos dirán lo que necesitamos saber para que el primer contacto entre un niño y un perro se de con absoluta seguridad. Pero claro, para que esto ocurra, debemos aprender a interpretar el idioma de los perros. Es decir, el lenguaje corporal.

Si un perro agacha las orejas, mete el rabo entre las piernas o intenta colocarse tras las piernas de su dueño, nos está diciendo que tiene miedo | Fuente: Dreamstime
Si un perro agacha las orejas, mete el rabo entre las piernas o intenta colocarse tras las piernas de su dueño, nos está diciendo que tiene miedo | Fuente: Dreamstime FOTO: Dreamstime

Diversas investigaciones han mostrado que los más pequeños tienen problemas para identificar los signos de estrés que manifiestan los perros. Por eso, es nuestra responsabilidad saber identificar qué nos está queriendo decir el animal y, poco a poco, ir enseñándoselos a nuestros hijos. De esta forma, podremos saber cuándo debemos retirarnos y dejar al perro en paz.

Si un perro bosteza, voltea la cabeza o se mantiene demasiado rígido, nos está diciendo que no está cómodo con la situación. Si agacha las orejas, mete el rabo entre las piernas o intenta colocarse tras las piernas de su dueño, nos está diciendo que tiene miedo. Y si el perro ha llegado al punto en el que empieza a gruñir, se le eriza el pelo o muestra los dientes, ha llegado el momento de que detengamos la interacción inmediatamente.

3. Que el perro sea el que dé el primer paso

Antes de acercarnos a un perro que no nos conoce, tenemos que presentarnos adecuadamente. Y en el mundo canino, eso se hace con el olfato. Por eso, el primer paso siempre debe ser mostrarle nuestra mano (preferiblemente con las palma abierta y hacia arriba) para que sea él quién decida si quiere acercarse a nosotros o no. Y sobre todo, debemos respetarlo si ha optado por no participar. En esta situación, bastará con que el niño salude desde lejos con la mano, que le lance un beso,... o simplemente podemos hablar de lo bonito que es.

Antes de acercarnos a un perro que no nos conoce, tenemos que presentarnos adecuadamente. Y en el mundo canino, eso se hace con el olfato
Antes de acercarnos a un perro que no nos conoce, tenemos que presentarnos adecuadamente. Y en el mundo canino, eso se hace con el olfato

4. Con calma

Los perros son mamíferos y -además- son animales que viven y se desarrollan en manada. Eso significa que, al igual que los seres humanos, también sienten la predisposición natural por proteger y cuidar de los más pequeños. Es algo instintivo. Sin embargo, todo eso se puede ir al traste si el animal considera que no se le está dando el respeto que merece o si le abordamos con la energía errónea. Por eso, es importante que le digamos a nuestro hijo que permanezca tranquilo y calmado. Los movimientos rápidos y los gritos pueden sorprender al animal... y eso hará que la interacción le resulte incómoda.

5. Asegúrate de que está disfrutando

Una vez que el perro ha tenido la oportunidad de conocer al niño por su olor, seguramente querrá acercarse a él. Y es sólo en ese momento, en el que el niño podrá acariciar al animal. Eso sí, debemos explicarle que no todo está permitido. Hay una serie de reglas de respeto que son universales en los perros y que deben ser respetadas. Lo mejor es guiar la mano del niño hacia aquellas zonas que no sean amenazantes, como el cuello, el pecho, el costado o debajo de la barbilla.

En ningún caso debemos dejar que el niño toque la frente del animal o que lo abrace, porque esto hará que el perro se sienta atrapado o vulnerable. Cuando hay confianza, este tipo de caricias no suponen ningún problema. Pero debemos ser precavidos cuando estamos con un perro que no nos conoce. Evidentemente, tampoco debemos permitir que el juego pueda hacerle daño al perro. Si el niño tira de la cola o de las orejas del perro, debemos pararle de inmediato. Otra cosa que también debemos evitar es el mirar directamente a los ojos del animal, porque eso puede interpretarse en el lenguaje canino como un gesto amenazante.

El colegio Lleó XIII de Barcelona es el primero en España que ha incorporado como asignatura un programa con perros de terapia para prevenir el acoso escolar y trabajar el respeto en las aulas | Fuente: EFE/Enric Fontcuberta
El colegio Lleó XIII de Barcelona es el primero en España que ha incorporado como asignatura un programa con perros de terapia para prevenir el acoso escolar y trabajar el respeto en las aulas | Fuente: EFE/Enric Fontcuberta FOTO: Enric Fontcuberta EFE

Después de unos segundos, haz una pausa y espera a la respuesta del perro. Si el perro olisquea o mira al niño, o si se acerca a él, nos estará diciendo que está cómodo y quiere que continúen las caricias. Y si se aleja o no hace nada, debemos interpretarlo como una señal de que es el momento de terminar la interacción.