Exclusión social

La desconexión total que margina a las personas sin hogar

A la falta de un techo bajo el que cobijarse, la imposibilidad de encontrar empleo y la ausencia de ayudas, las personas sin vivienda suman la pobreza digital que les impide «reconectarse» al mundo

Varias personas durante la manifestación en Madrid para visibilizar la problemática del sinhogarismo
Varias personas durante la manifestación en Madrid para visibilizar la problemática del sinhogarismolarazonfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@1012e55c

José Manuel tiene 62 años y lleva diez ensituación de calle: «Vivo en una tienda de campaña y seguirá siendo así si las palabras y las promesas de los gobernantes no se traducen en hechos». José Francisco, de 48, tenía una vida totalmente normal: familia y trabajo estable, pero un problema de salud le condujo a la pérdida del empleo y eso derivó, con el paso de los años, en una fuerte depresión y desavenencias familiares. «Actualmente vivo solo en un garaje ocupado en pésimas condiciones», relata. Estos son tan solo dos ejemplos de las miles de personas que en España no tienen hogar, las cuales han aumentado un 24,5 % en los últimos diez años

Por este motivo, las asociaciones pertenecientes a la Federación de Asociaciones y Centros de Ayuda a Personas Marginadas (FACIAM), salieron a la calle para reivindicar una vivienda digna para todos y exigir soluciones a las administraciones para acabar con esta lacra. Lo hicieron a través de una nueva campaña, cuyo lema fue «Fuera de Cobertura» con la intención de subrayar que «existe una necesidad de conocer la realidad del sinhogarismo para desestigmatizar a las personas sin hogar, personas que por diferentes motivos y con diferentes vidas tienen que partir de cero», explicó a LA RAZÓN Susana Hernández, presidenta de FACIAM y responsable de obras sociales diocesanas de Cáritas Madrid.

El simil que los organizadores quisieron hacer a través de esta campaña es comparar las «crisis y ansiedad» que sufren muchas personas cuando pierden la cobertura móvil durante un rato y a la que se enfrentan a diario quienes no tienen hogar: «Están sin cobertura tecnológica sí, pero lo que es más importante, sin cobertura de hogar, sanidad y empleo. Se encuentran desconectados de la sociedad y eso hay que ponerlo en relieve», subraya Hernández.

Durante la concentración, que recorrió el centro de Madrid para concluir en Plaza de España donde se leyó el manifiesto, pudo verse a muchas personas que, gracias a instituciones como Caritas están saliendo de la situación de calle Carol, hondureña, fue una de las que compartió su testimonio durante un encuentro previo con los medios. Ella llegó a Madrid hace seis años en busca de una mejor atención médica para su hijo pequeño que sufre parálisis.

Al principio residía en la casa de su tía, la cual falleció de cáncer al poco tiempo. «Entonces tuve que salir adelante con los ahorros que guardaba ya que no podía trabajar porque no tenía permiso. Pero mi pareja comenzó a maltratarme», confesó. Entonces, con sus tres hijos decidió salir de esa casa y alquilar un apartamento, «pero me quedé sin dinero y tuve que irme a la calle. Estuve doce horas caminando con los niños hasta que los servicios sociales salieron en mi ayuda. Ahora tengo el permiso de residencia, pero no de trabajo. Hemos podido vivir gracias a Cáritas», relataba agradecida.

Políticas serias de vivienda

Y es que, según recalca Susana Hernández, «cualquier persona, con independencia de género, edad y nacionalidad puede caer en esa situación de vulnerabilidad». Según el informe FOESSA de Cohesión social 2022, en España uno de cada cinco hogares sufre exclusión residencial y el 2,3% de los hogares sufre amenazas de expulsión de su vivienda. Además, al menos 700.000 personas duermen en la calle, en un alojamiento de emergencia en la Unión Europea, lo que supone un aumento del 70% en los últimos diez años.

Además, un 67% de las personas sin hogar se sitúan ante la posibilidad de presentar problemas de salud mental, lo que se acrecienta en el caso de las mujeres, con el 80%. Incluso, el 5 % de ellas que presentan elevados niveles de malestar psicológico.

En cuanto a las cifras del sinhogarismo en España, no existen informes globales, ya que la situación de calle no es la única. Hay personas que viven en casas precarias o inseguras. «Es decir, no todo están en portales o cajeros durmiendo, hay familias que residen en viviendas que no son adecuadas o con la amenaza de desahucio», apunta la presidenta de FACIAM. Tan solo Cáritas, en 2021, atendió a 40.000 personas en condición de sinhogarismo. En Madrid, se calcula que hay 650 personas viviendo en la calle y el INE publicó recientemente que 28.000 lo hacen en alojamientos colectivos. «El extremo es la calle, pero hay muchas otras realidades», asevera Hernández.

Por ello reclaman a las administraciones una política de vivienda que atienda a este bien social y no solo desde el punto de vista mercantil. «Los albergues no son la solución, suponen una ayuda, pero no el fin del problema. Hay muchas personas que han terminado en situación de sinhogarismo, viviendo en la calle, que si se hubiera intervenido antes se habría evitado su caída», sentencia.