Opinión

El deber de colaborar y no la imprudencia de confrontar

Atención a una paciente en el centro de salud
Atención a una paciente en el centro de saludCipriano Pastrano DelgadoLa Razón

Los médicos consideramos que la atención al paciente, en pleno siglo XXI, está imprescindiblemente sustentada en el trabajo de equipos integrados por distintas profesiones sanitarias. Todas y cada una de ellas son necesarias para la mejor y mayor calidad de la asistencia a través del desarrollo de sus competencias en cada delimitado ámbito de actuación, por formación y capacitación, y bajo el indiscutible liderazgo clínico del médico. Este liderazgo del médico no responde a un privilegio corporativista, como ha apuntado recientemente el presidente del Consejo General de Enfermería, sino que es producto de la carga de responsabilidad asociada a los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que los médicos adquirimos a lo largo de un mínimo de once años, vertebrados en nuestra formación académica, la formación propia de cada especialidad y la obligada formación continuada.

Los que atendemos a los pacientes en cualquier ámbito sanitario sabemos que las guías clínicas y los protocolos consensuados en el entorno multidisciplinar son, sin lugar a dudas, de una extraordinaria utilidad y de pura práctica clínica desde hace años.

Por eso, la profesión médica no está molesta con el desarrollo de las guías para la indicación, uso y autorización de dispensación de medicamentos sujetos a prescripción médica por parte de Enfermería, pero sí nos preocupa su dudosa redacción en las recientes publicaciones del Boletín Oficial del Estado, ante las que hemos presentado los recursos de alzada.

Los médicos consideramos que la construcción semántica de los textos de estas guías es sensible de mejora para ser lo suficientemente clara para todos y evitar que quede el más mínimo resquicio que pueda sugerir una invasión de competencias que pusiera en riesgo la seguridad del paciente. La semántica es importante y absolutamente crucial porque una inexactitud en este ámbito puede conducir a errores de interpretación que abra la posibilidad de comprometer la seguridad de los procesos clínicos en los más de 10.000 centros de salud de España y en los más de 200 hospitales de nuestra red pública sanitaria en los 17 servicios autonómicos de salud. Que el presidente del Consejo General de Enfermería no comprenda que la claridad de redacción de las guías es importante es francamente preocupante e irresponsable, pero lo que es verdaderamente desafortunado es que haya sugerido que los médicos «quizá están pensando en otros intereses que no son de los pacientes».

La principal lealtad de los médicos está con nuestros pacientes y muestra de ello son los más de 100 años de historia de la corporación, transcurridos sin denuncias por presuntos delitos continuados de apropiación indebida y administración desleal. A los médicos también nos preocupa la insistencia en una desfasada confrontación entre profesiones y que este enfrentamiento estéril emane de una organización profesional. Establecer límites en las competencias profesionales no supone una guerra, sino la salvaguarda de las competencias que, finalmente, repercuten en la seguridad clínica.

Nuestra responsabilidad como organizaciones profesionales es velar por las competencias para que los enfermeros sean enfermeros y los médicos seamos médicos, sin injerencias ni ambigüedades normativas. Y también nos preocupa el confuso debate sobre la erróneamente denominada «prescripción enfermera», la cual no es ni legal ni cierta y cuya forzada repetición puede llevar a dudas, una vez más, en las competencias profesionales que afectan directamente a la seguridad y a la protección de los pacientes. Una mentira repetida no se convierte en verdad y el término «prescripción de Enfermería» o las afirmaciones como que «la prescripción enfermera está aprobada y regulada» no son una realidad por mucho que la élite de la Enfermería insista en ello. No es un argumento gratuito de la profesión médica, sino que así lo determina el Real Decreto 954/2015 de 23 de octubre al no mencionar este término en ninguno de sus artículos.

Siempre y durante la pandemia que arrastró a la humanidad al borde del abismo, enfermeros y médicos hemos demostrado nuestra profunda vocación de servicio a los demás. Trabajamos en equipos en Atención Primaria y hospitales, hombro con hombro, en condiciones extremas, con un objetivo único y común: los pacientes. Y desde los Consejos Generales tenemos el deber de hacer lo mismo.

Por ello, apelo al sentido común y a la serenidad del presidente del Consejo General de Enfermería y le invito a que contribuya a identificar problemas reales y, juntos, buscar soluciones consensuadas, con conocimiento, y no a alimentar polémicas que nos alejan de nuestros objetivos compartidos de cuidar de la salud de la ciudadanía y sostener el Sistema Nacional de Salud, eje del Estado de Bienestar. Nosotros sí que lo tenemos claro, desde hace más de mil años.

Tomás Cobo Castro es presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos