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El hombre que quiere devolver la vida a los muertos

Muhammad Aurangzeb Ahmad tiene un proyecto: recrear a nuestros familiares fallecidos a través de la realidad virtual. Aunque suene a ciencia ficción, quizá no estamos tan lejos de hacerlo realidad.

  • Ahmad es experto en Computación en la Universidad de Washington
    Ahmad es experto en Computación en la Universidad de Washington

Tiempo de lectura 8 min.

01 de noviembre de 2017. 02:20h

Comentada
1/11/2017

Dos veranos atrás, en esta misma sección y hablando de las vacaciones del futuro, escribíamos sobre la posibilidad de que la tecnología nos permitiera convivir, al menos desde lo digital, con algún familiar que ya no está entre nosotros. En aquel momento parecía una quimera, un ensayo de ciencia ficción. Ahora, el proyecto Muhammad Ahmad Mizra lo quiere hacer realidad.

Unos 200 años atrás, la mayoría de las personas no tenían la posibilidad de contar con un retrato fotográfico de sus seres queridos una vez que morían. Cuatro décadas atrás, algo similar ocurría con los vídeos. Pero antes que llegaran estas tecnologías, la posibilidad de contar con ellas parecía inverosímil. El experto en Ciencias de la Computación de la Universidad de Washington, Muhammad Aurangzeb Ahmad, propone otra forma de recuerdo, más acorde con los tiempos actuales, pero igual de increíble e improbable que los vídeos medio siglo atrás.

«Te despiertas, te preparas para el trabajo, tomas una tostada y un café con tu pareja y luego te despides. Es el inicio de un día típico. Sin embargo, hay algo inusual: tu pareja lleva años muerta y quien ha compartido el desayuno contigo es una simulación». Así comienza a explicar Ahmad su proyecto.

En un artículo, publicado en «Human Factors in Computing Systems Machine Learning», este científico detalla las tecnología necesarias para llevarlo a cabo.

La primera que menciona sería Machine Learning o aprendizaje automático. Esta rama de la inteligencia artificial busca desarrollar técnicas para que los ordenadores puedan aprender, es decir, Machine Learning utiliza información, suministrada como ejemplos, para crear programas capaces de generalizar comportamientos.

El modo en el que esto se llevaría a la práctica sería a través de las redes sociales. Allí está gran parte de nuestra información, gustos y costumbres. Las veces que damos Me Gusta, a un comentario, las páginas que seguimos y las opiniones que rechazamos, constituyen datos que nos describen. Con todo ello se puede formar parte del perfil de una persona.

Otra tecnología es el Procesamiento Natural del Lenguaje (NLP por sus siglas en inglés), básicamente lo que hacen Siri, Bixby, Alexa o Cortana, con quienes, en alguna medida, podemos interactuar y que también son capaces de aprender de lo que le decimos y recordar nuestras preferencias. El sistema en este caso no es tan automático como el anterior y necesitaría nuestra colaboración, pero sí logra ser más específico y personal si lo que se busca es crear un «avatar de un ser muerto».

La tercera disciplina que propone Ahmad es la interacción persona-ordenador (HCI por sus siglas en inglés). El objetivo de esta tecnología es hacer más eficiente el intercambio de información entre personas y ordenadores. El proyecto propone utilizar diferentes sensores en nuestro cuerpo y en el ambiente para recrear en la medida de lo posible, toda la experiencia de estar con el ser perdido, al menos digitalmente: olores, tacto, etc.

En 1950, Alan Turing publicó un artículo en el que sentaba las bases para lo que hoy se conoce como el Test de Turing: básicamente si una persona y un ordenador establecen un diálogo y el ser humano no descubre que está hablando con una máquina, ésta es considerada inteligente. Una de las primeras en desafiar esta prueba fue Eliza, un programa de ordenador que hizo creer a varios voluntarios que estaban hablando con un psicólogo. Eliza fue creada entre 1964 y 1966 por el MIT. Esta es otra de las técnicas que facilitarían nuestra posible interacción con quienes hayan muerto.

Finalmente, la última tecnología que propone Ahmad es la realidad virtual. Nuestro familiar podría «volver a la vida» gracias a empresas como Social Embers que se encargan de recopilar la información en las redes sociales y volcarlas en un entorno virtual, dotándolas de una presencia física gracias a las imágenes que existen de ellos.

«Aún si no podemos interactuar con nuestros familiares, sí podemos hacerlo con una simulación de ellos», propone Ahmad.

Con todas estas técnicas, se podría, según Ahmad, crear una presencia virtual inteligente (en términos de máquinas) que se paseara por nuestra casa, gracias a cientos de cámaras o nos acompañara en el coche. Con el tiempo aprendería a comportarse de un modo similar a quien representa, aunque para ello habría que «educarla», suministrándole información en forma de diálogos, relatos de nuestra actividad cotidiana y señalando nuestras preferencias.

Hasta aquí la tecnología que se busca utilizar. Ahora vayamos con los aspectos más humanos. Obviamente, la simulación no sería lo mismo que estar con la persona, pero sí podría ofrecer un consuelo más «evolucionado» que el de los vídeos y las fotografías, ya que habría una suerte de interacción. «Mi objetivo – señala Ahmad en este sentido– es crear experiencias de las personas que han muerto, no experiencias con ellos».

A medida que más y más información nuestra esté disponible en la red, la creación de una simulación, sea de un pariente o un amigo, se verá beneficiada por más detalles. Y recordemos algo fundamental en este sentido: quienes tenemos treinta años o más, formamos parte de la última generación del planeta que ha convivido tanto con la era analógica como con la digital.

Pros y contras

Cómo nos afectará esto en términos sociales e individuales, es algo que no podemos saber. Puede convertirse en una herramienta imprescindible para quienes pierden a un ser querido de modo repentino, les serviría para despedirse de modo más paulatino, podría llegar a ser una ayuda fundamental para personas mayores que viven solas, no solo por la compañía, sino también por la seguridad: sería capaz de alertar en caso de emergencia médica o de una situación peligrosa. Pero para otros casos puede transformarse en una excusa para no salir de casa, un ancla a una vida que no pudo ser.

¿Cuán lejos estamos de esta posibilidad? Lo más complejo es recrear el sistema de inteligencia artificial para que la experiencia de estar frente a una simulación, sea lo suficientemente creíble como para, al menos, hacernos olvidar.

Lo segundo es la voz, ¿cómo recrear esta característica tan propia? Si no existen registros de audio, se trata de una tarea imposible. Y si los hubiera, es posible reproducir, aislando palabras y hasta sonidos, la voz. Pero no los tonos de ironía, enfado, sorpresa, etc.

Obviamente se precisa una evolución de varias décadas de los sistemas de aprendizaje, procesamiento del lenguaje y un notorio avance en lo que respecta a sensores e interfaces humanos ordenadores. Y, por último, también será necesario garantizar los sistemas de comunicación y la conectividad: nadie quiere que, en el mejor de los casos, se pierda la imagen o la conexión en un momento importante o que ocurra todo lo contrario: que aparezca en el momento más inoportuno.

Para el resto, no estamos tan lejos.

¿Y qué ocurre con los vivos?

La posibilidad de recrear a otras personas no solo afectará nuestra relación con los muertos, también puede producir un cambio inesperado con los vivos. Las cenas de fin de año, las reuniones familiares, todos estos eventos son caldos de cultivo en los que siempre hay un miembro (sea de oficina o de sangre) que es quien nos molesta. El proyecto Muhammad Ahmad Mizra plantea la opción de que ese tío o cuñado pueda ser recreado... pero sin los elementos más «nocivos» de su personalidad. De esto a crearnos amigos a la carta o traer a nuestro salón a Scarlett Johansson o George Clooney, para una velada sorprendente, hay un solo paso. Y hablando de famosos... ¿podrían existir empresas que enviaran simulaciones de Alfred Hitchcock o Frida Kahlo a domicilio? Y si la respuesta es afirmativa, ¿se podrían comprar? ¿Habría que pagar derechos si Diego Rivera nos hace un cuadro virtual?

Lo mejor de todo es que, el día que esto sea una realidad, se acabará el bono de transporte: enviaremos nuestros avatares a la oficina.

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