8-M

La marea morada desborda a Montero e inunda Madrid

Miles de personas, 17.000 según Delegación de Gobierno, se unen a la manifestación oficial y plantan cara a las divisiones políticas a causa del feminismo

Los ciudadanos (y ciudadanas) llegaban a las manifestaciones del 8-M agitados por la bronca política. Para más inri, el origen de las dos marchas convocadas en Madrid para reivindicar el papel de la mujer en la sociedad coincidía en el mismo punto de la capital. Tan solo media hora diferenciaba el inicio de cada una desde la emblemática Estación de Atocha. «Nos quieren boicotear, la manifestación oficial es esta, lo que pretenden las abolicionistas es que la gente se equivoque y se una a ellas y así digan que ha tenido más afluencia es una vergüenza», afirmaba Sofía mientras repartía pegatinas a los viandantes.

A su lado, Mari Luz y su sobrina Mercedes aseguraban que ellas acudían «sin ninguna duda» a esta convocatoria «porque este es el movimiento de toda la vida, el que lucha por las mujeres desde siempre». Eso sí, aseguraban que «cuando se meten los políticos de por medio lo estropean todo, para mí es una decepción lo que está ocurriendo, pero aún así yo quiero seguir viniendo todos los años para exigir igualdad». Un hombre que se suma a la conversación y un pin en la solapa de Unidas Podemos mete baza para explicar a madre e hija que «los problemas que ha habido no provienen del Ministerio de Igualdad como se quiere dar a entender, sino que son todos los miembros del Gobierno responsables e las divisiones que se han creado». «Pues eso, lo que estoy diciendo, que son los políticos los que juegan con nosotros», le responde Marta.

Desde la Comisión 8-M, organizadora de la manifestación oficial, se defiende sin fisuras los postulados de la agenda «queer» del Gobierno, entre las que destacan la Ley Trans y las Ley del «solo el sí es sí». «Son medidas que ayudan a las mujeres, que nos defienden y protegen», apuntan Belén, Inma y Aitana que llegan a la concentración con media hora de antelación.

Ellas también inciden en la necesidad de hacer esta lucha juntas «y cuantas más seamos mejor, no entiendo por qué contraprograman a la manifestación oficial, no es bueno porque nos hace más débiles».

Pero esa división no solo se notaba a pie de calle sino que desde la política hicieron buena gala de ello. De hecho, las ministras de Unidas Podemos y las socialistas marcharon por separado detrás de diferentes pancartas. «Somos más y no vamos a dar un paso atrás y vamos a conquistar todos los derechos para todas las mujeres», decía la ministra Montero que fue coreada por varios seguidores a su llegada a la cabeza de la manifestación.

Sin embargo, la confusión era notoria. Carmen y su hija Cecilia se mostraban indecisas sobre a que manifestación sumarse: «Yo quiero la igualdad para todas, incluidas las trans, pero en la marcha abolicionista tengo varias conocidas, no sé que hacer, no sé por que no vamos todas unidas». Precisamente sobre este aspecto, la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, tachó de «fracaso» y «vergüenza» y añadió que «el feminismo que está defendiendo Podemos y compañía se va haciendo más pequeño». Asún así, la marcha oficial fue un éxito a reunir a miles de personas en una nueva marea morada.