“Recalculando” la ruta de los servicios sociales.

Inmaculada Sánchez Ramos es Directora de Aprendizaje Digital y Gestión del Campus Virtual en la Comunidad de Madrid

  • Autobús de la EMT en Madrid
    Autobús de la EMT en Madrid

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13 de febrero de 2019. 08:32h

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En la sociedad digital todo está “transgrediéndose” de tal suerte que se puede llegar más allá del lugar que nuestra imaginación nos lleve. Ello es válido para muchos ámbitos de nuestra vida y también para ese inmenso mundo de la Discapacidad.

Vaya por delante que todos, en diferentes aspectos de nuestro ser, somos discapacitados y en otros muy capaces. Pero creo que no es necesario definir el término, pues la gran mayoría de los lectores entiende lo mismo al leer dicho término.

Lo que es claro, es que no se trata en poner a todos en la misma línea de llegada, sino que se trata de suplementar la discapacidad de cada uno, en lo posible, para poner a todos en la análoga línea de salida y a la misma distancia de la meta.

Recuerdo que, en el año 2012, cuando presidía, en la Federacion de Municipios de Madrid, la Comisión, que dimos en llamar, de la Sociedad Digital - el nombre oficial era mucho más largo- mantuve una reunión con responsables de la fundación Once, en relación al diseño de las “Smart Cities” y, en concreto, acerca de las propuestas que la fundación pensaba llevar a los grupos de trabajo de la Unión Europea. Nos expusieron, con mucha claridad, que no querían accesibilidad “exclusiva” para discapacitados, sino accesibilidad “universal”, es decir, a modo de ejemplo, indicaban que una rampa en lugar de una escalera, no es sólo buena para personas con movilidad reducida, si no que lo es para otras muchas personas como, por ejemplo, las que en un momento dado llevan carritos con niños, son viajeros con maletas, son gente que va con el carro de la compra, etc. En definitiva, se trata de bajar barreras para estas personas.

Pues bien, en este contexto todas las aplicaciones de domótica, robótica e inmótica dan un enorme paso de gigante para ampliar la autonomía de muchas personas con discapacidades físicas. En el campo de la movilidad reducida el mundo “Smart” abre y cierra puertas, enciende y apaga luces, salva alturas, recorre pasillos, abre y cierra grifos y un enorme etc. con una facilidad antes inimaginable.

Para personas con discapacidad visual la sociedad digital presenta un escenario muy alentador debido, sobre todo, al mundo de técnicas de reconocimiento de voz y de activación mediante la voz de distintos actuadores, constituyéndose la voz como una herramienta fundamental en su actividad diaria.

Si consideramos el ámbito de la discapacidad psíquica y, en concreto, el de las personas que sufren transtornos del espectro del autismo, el margen de aplicación de las nuevas tecnologías TIC´s, como instrumento de aumento de su autonomía y de su aprendizaje a relacionarse con los otros, es muy considerable. Como se sabe, las personas autistas son personas que tienen dificultades a la hora de comunicarse; éste déficit puede minorarse mediante, por ejemplo, pantallas táctiles donde, a través de pictogramas, expresen sus emociones, así pueden mostrar si están contentos o tristes, si se encuentran bien o mál, etc. Hay una importante diversidad de software adecuado para el aprendizaje de estas personas que, básicamente, “les empuja” a que interactuen con el entorno, desarrollen habilidades emocionales, apoyándose en lo visual y ayundandoles al desarrollo del lenguaje.

Simplemente hemos esbozado unas pinceladas del inmenso universo que se abre entorno al encuentro del mundo de la discapacidad y la sociedad digital, ya que posibilita crear “entornos adaptativos”.

Obsérvese que, ni mucho menos, hemos tratado todas las discapacidades, por ejemplo, no hemos considerado a los discapacitados auditivos, a personas sin brazos, ni a personas que sufren otros trastornos psíquicos distintos al autismo, ni hemos contemplado todas las tecnologías que pudiéramos poner en liza como, el coche autónomo, la inteligencia artificial y un largo etc.; pero, valga esta reflexión para permitirnos reformular el enfoque de cómo abordar la discapacidad, mirando más allá, ampliando horizontes y generando condiciones de entorno favorables.

Valga esta reflexión para permitirnos, como si de un GPS tomtom se tratase, “recalcular la ruta” de los servicios sociales, para caminar hacia los servicios sociales 4.0.

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