Crítica de «Snowpiercer»: crimen y revolución en tiempos de confinamiento

Netflix adereza el conflicto de clases que vehiculaba el filme homónimo de Bong Joon-ho con la nada convincente investigación de unos asesinatos

Jennifer Connelly protagoniza «Snowpiercer» interpretando a  Melanie Cavill, una pasajera de primera clase y encargada de hacer los anuncios diarios de megafonía en el tren
Jennifer Connelly protagoniza «Snowpiercer» interpretando a Melanie Cavill, una pasajera de primera clase y encargada de hacer los anuncios diarios de megafonía en el tren FOTO: Netflix

Desde «Metrópolis» (1927) hasta nuestros días, las desigualdades extremas entre ricos y pobres han provisto la ficción de material dramático inagotable. Y entre las más recientes aproximaciones cinematográficas al asunto, pocas son tan memorables como «Snowpiercer» (2013), que el coreano Bong Joon-ho dirigió mucho antes de llevarse varios Oscar gracias a «Parásitos» (2019). Ahora, la adaptación televisiva que acaba de estrenar Netflix se sustenta en el mismo universo conceptual que su modelo, a su vez basado en la novela gráfica francesa «Le Transperceneig»: a causa del cambio climático en la Tierra, y tras un intento de mitigarlo que resultó en la glaciación del planeta, la única vida humana que queda sobre él viaja a bordo del Snowpiercer, un tren de 1.001 vagones en perpetuo movimiento que lleva siete años dando vueltas al globo terráqueo, y cuyo interior se organiza de forma perfectamente clasista. En la cola del tren, mugrienta y sombría, se encuentran aquellos pasajeros que se colaron ilegalmente en el vehículo y que sobreviven con una alimentación miserable, sin atención médica y en aposentos propios de campo de concentración; en sus vagones de cabeza están los pasajeros de primera clase, que viven con todos los lujos y atenciones.

«Intriga» criminal

Sobre el papel, es difícil imaginar un mejor momento en la historia para el estreno de una ficción sobre seres humanos confinados a la fuerza durante un apocalipsis causado por líderes avariciosos e incompetentes, y preocupados únicamente por mantener su bienestar mientras los menos afortunados sufren y mueren. Sin embargo, lo cierto es que las similitudes de la nueva serie con el filme de Joon-ho apenas trascienden esa premisa; si aquella era la trepidante crónica de una revolución en pos de la igualdad social, esta –al menos durante sus cinco episodios iniciales, la mitad de su primera temporada– funciona a la manera de una intriga criminal que no resulta intrigante en lo más mínimo; y si el coreano utilizó el tren como poco más que una metáfora sobre los estragos del capitalismo cuya falta de sutileza se veía compensada con creces gracias a su caótica energía –en «Parásitos» volvió a abordar el tema con más finura–, los «showrunners» Graeme Manson y Josh Friedman gastan buena parte del dilatado metraje aprobado por Netflix explorando el tren y sus habitantes. Y, cuanto más tiempo pasan haciéndolo, menos sentido tiene ninguno de ellos.

Estaremos de acuerdo en que la base argumental de «Snowpiercer» no solo no soporta escrutinios científicos sino que, directamente, es ridícula. Y, en consonancia con ella, la película de Joon-ho derrocha autoconsciencia gracias a sus personajes llenos de idiosincrasias y sus situaciones exageradas. La serie, en cambio, apuesta por el realismo; trata de ser tomado en serio, pero todo cuanto es capaz de ofrecer con ese objetivo son líneas narrativas estereotipadas y perezosamente desarrolladas, giros ilógicos, demasiados personajes que no deberían estar ahí y mucho potencial satírico echado a perder. Lo sorprendente es que, a pesar de ello, resulta más que probable que quienes no hayan visto la película sientan suficiente interés como para seguir sus episodios, a razón de uno nuevo cada semana. Al fin y al cabo, es casi imposible no sentir al menos una pizca de empatía con el destino de sus personajes, algunos de los cuales no han visto la luz del sol en mucho, mucho tiempo.

Por qué hay que verla / por qué no: Porque, dadas las circunstancias en las que nos encontramos a causa del virus, resulta difícil no conectar al menos un poco en su relato.
El mayor acierto: La premisa argumental sobre la que se apoya, originalmente planteada en el cómic francés «Le Transperceneige».
Si le gusta también puede ver... además de la película original, «V de Vendetta», «Los juegos del hambre», «Train to Busan» o «Parásitos».
El dato: El proceso de producción de la serie fue uno de los más accidentados y turbulentos que se recuerdan en el mundo de la televisión.