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Adiós a Fernando Domecq

El ganadero, que fundó Zalduendo, fallece a los 73 años tras un cáncer en Madrid

  •  Fernando Domecq con Morante de la Puebla/Foto: Efe
    Fernando Domecq con Morante de la Puebla/Foto: Efe

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20 de mayo de 2019. 19:17h

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Patricia Navarro 20/5/2019

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Antes de que abriera las puertas de la Monumental de Las Ventas para seguir el ciclo isidril y celebrar la novillada programada, el ganadero Fernando Domecq Solís fallecía en Madrid a los 73 años de edad, al día siguiente de ingresar en el hospital 12 de Octubre, después de sufrir un cáncer que le ha puesto contra las cuerdas en los últimos tiempos. Se va así un ganadero fundamental de la historia reciente de la tauromaquia. Hijo del criador de bravo Juan Pedro Domecq y Díez, nieto de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio, y hermano del también ganadero fallecido en un accidente de tráfico en 2011, Juan Pedro Domecq, y Borja Domecq Solís.

Precisamente fue con el hierro de Jandilla donde empezó su trayectoria, criado en la cultura del toro bravo desde su niñez, Fernando Domecq, con una personalidad muy peculiar, vital y enamorado del toro, empezó su aventura en solitario con la divisa de Zalduendo en 1988. Levantó la ganadería y la puso a funcionar en el ciclo de las ferias, con un toro muy a su medida: bajos de altura, cortos de mano, muy armoniosos y con la siempre obsesión de conjugar la franqueza del animal con la raza que convierte al toro bravo en una especie tan singular. En esa diatriba mantuvo toda su vida profesional.

Fueron muchos los toros relevantes que lidió a lo largo de su vida ganadera, pero sin duda, es imposible nombrar la ganadería de Zalduendo sin que el toro de “Jarabito” devuelva a la memoria la faena de Emilio Muñoz en la Maestranza de Sevilla en 1999. Aquella jornada de la Feria de Abril que pasó a la historia. Fue siete años antes, en la temporada de 1992 cuando lidió su primera corrida a cargo del hierro de Zalduendo. Hacía cuatro años que se había embarcado en la aventura en solitario y cerrado otra etapa intensa de su vida profesional, con el hierro de Jandilla. A partir de entonces, fue su hermano Borja quien se encargó de aquella divisa, aunque el propio Fernando Domecq echó a su nueva ganadería vacas con esta hierro.

Fue en el año 2014 cuando Fernando Domecq decidió desprenderse de la ganadería y se la vendió al empresario y ganadero mexicano Alberto Bailleres. Cerraba así de alguna manera su vinculación ganadera durante cuarenta años y un buen puñado de triunfos que han quedado ya inscritos en la memoria colectiva de la Tauromaquia.

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