El Escorial, Alcalá y Aranjuez: un paseo por el patrimonio mundial de Madrid

Madrid es más que Madrid, y se tarda una hora −o menos− en comprobarlo. Este es, de hecho, el tiempo que conlleva trasladarse desde la capital a cada uno de los enclaves de la Comunidad declarados Patrimonio Mundial

Estas localidades tienen mucho en común; además de ser tres reconocidos y muy visitados enclaves madrileños, fueron declarados Patrimonio Mundial por la Unesco. Historia, cultura y gastronomía se entretejen en ellos. Cualquier excusa vale para admirar su arquitectura, a la vez que se disfruta de una suculenta comida acompañada por un buen vino con Denominación de Origen

Madrid es más que Madrid, y se tarda una hora −o menos− en comprobarlo. Este es, de hecho, el tiempo que conlleva trasladarse desde la capital a cada uno de los enclaves de la Comunidad declarados Patrimonio Mundial. Son tres: el Real Sitio y Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la Universidad y casco histórico de Alcalá de Henares y el Paisaje Cultural de Aranjuez. Pocas regiones en el mundo poseen tanta cultura acumulada en tan corto espacio.

Estos lugares, además de contar con una gran riqueza histórica y cultural, gozan de una importante tradición gastronómica que no debe pasarse por alto: productos de huerta de proximidad exquisitos y sostenibles, carnes de calidad, guisos suculentos, frutas y setas de sabores intensos, gran variedad de quesos, vinos reconocidos, etc. Historia, cultura y sabor se entreteje en ellos.

EL ESCORIAL, LA VILLA NOBLE

San Lorenzo de El Escorial es ideal para escapar del bullicio de la ciudad. Se encuentra situado a 55 kilómetros de la capital, en las estribaciones de la Cuenca del Guadarrama. Su conjunto arquitectónico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1984. La construcción con más protagonismo de esta villa noble madrileña es, probablemente, el Monasterio de El Escorial, lugar donde trabajaron los mejores arquitectos, orfebres, pintores y escultores de Europa. Juntos crearon el mayor monumento del Renacimiento español. Disfrutar de una visita guiada por el mismo será la única opción para conocer el Palacio de los Austrias, el Palacio de los Borbones, la Casita del Infante o la del Príncipe.

Pero El Escorial tiene más patrimonio que el monasterio. Las calles del centro histórico son ideales para disfrutar de un paseo y admirar edificios como el Teatro Real Coliseo de Carlos III. Sus avenidas invitan a degustar la auténtica cocina madrileña y serrana en sus numerosas terrazas y restaurantes, entre los que se encuentran Montia −con una estrella Michelin− o El Charolés, que sirve con inigualable maestría su cocido madrileño.

ALCALÁ DE HENARES, GASTRONOMÍA CERVANTINA

Alcalá de Henares fue pensada para ser escrita. Piedra dorada y gris, ladrillo enrojecido por el tiempo y rojo por la arcilla de sus orígenes. Mucho tiene para ver esta ciudad, que fue celtíbera, romana, visigoda y musulmana. Su casco histórico, a tan solo 35 km de la capital, fue declarado Patrimonio Mundial, en 1988. Alberga en ella la Universidad de Alcalá de Henares, fundada por el Cardenal Cisneros en 1499, uno de los principales centros de irradiación de la cultura renacentista. La fachada del edifico del Colegio Mayor de San Ildefonso es una obra maestra de este periodo. En su interior se halla el Paraninfo, donde cada 23 de abril se entrega el Premio Cervantes.

Alcalá de Henares es, además, la ciudad natal de uno de los literatos más afamados de todos los tiempos: Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha. La gastronomía de la zona está atada, de manera irremediable, a este hecho. Encontramos, así, platos típicos de la cocina castellanomanchega, que traen al recuerdo las alusiones culinarias del Quijote: sopas de ajo, migas con chorizo o huevos fritos, y una variedad de platos preparados con verduras frescas de la vega del Henares, además de los más sabrosos asados de cordero y cabritillo o pescados al horno como el besugo o la lubina.

ARANJUEZ, REALEZA Y FRESAS

Aranjuez fue la primera ciudad española en alcanzar el título de Ciudad Patrimonio, en 2001. Su entorno y su riqueza arquitectónica escenifican la simbiosis entre el arte y la naturaleza; la historia y los frutos de la tierra. El Palacio Real es el monumento más reconocido de la localidad. Esta construcción de estilo herreriano se levanta entre los ríos Tajo y Jarama. Su fachada frontal está adornada por las estatuas de los tres reyes que contribuyeron a su construcción: Felipe II, Fernando VI y Carlos III. En el interior, hallaremos la espectacular escalera balaustrada de estilo rococó, que constituye una de sus señas más significativas. Recorrer los jardines del palacio, un espacio abierto que cuenta con un canal y numerosas fuentes, resulta imprescindible para el visitante.

Aranjuez es tierra de huertas y cultivos que llenaron la despensa de la corte de los Reyes de España entre los siglos XVIII y XIX. A la hora de comer, los espárragos de la huerta y las fresas son las grandes estrellas de la gastronomía local. Los vinos de las bodegas de El Regajal o el Real Cortijo de Carlos III, acogidos a la Denominación de Origen Vinos de Madrid, se mueven y resultan cada vez más atractivos para el aficionado más exigente.

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