Perderse en el Monte Perdido

Esther vaquero , periodista y presentadora de antena 3 tv .
Esther vaquero , periodista y presentadora de antena 3 tv . Ruben mondeloLa razon

Tengo la necesidad imperante, desde que comenzó esta pesadilla de pandemia con todas sus restricciones, de viajar lejos de Madrid. A perderme en un enclave de los de naturaleza inmensa, de esa que impone y te resitúa en el mundo; la que te recuerda lo diminuto que eres y te devuelve a la esencia de las cosas. Me gustaría apostar, además, por el turismo nacional. Por eso me acuerdo tanto del Parque Nacional de Ordesa, en Huesca. Es un lugar repleto de montañas, valles y cascadas donde viven la mitad de la flora y fauna del Pirineo.

Lo descubrí hace años y estoy deseando volver. Hay casi 400 kilómetros de senderos señalizados, pero déjenme recomendarles la ruta circular que lleva hacia la Cascada de Cola de Caballo por la Senda de los Cazadores. Es un camino vertiginoso –técnicamente sencillo, pero largo– que serpentea por lo más profundo del bosque y te lleva a lo más alto para disfrutar de un auténtico paraíso visual y sonoro. La subida es agotadora, pero una vez arriba no hay más que dejarse llevar y disfrutar de una bajada absolutamente idílica, suave y larga que desemboca en la cascada Cola de Caballo, un precioso salto de agua coronado por el pico Monte Perdido.

La vuelta por el Circo del Soaso no es menos espectacular, y personalmente fue uno de los paisajes que más me impresionó. Es un enclave imponente, con el río discurriendo en el centro y dos altísimas paredes verticales flanqueándolo desde la inmensidad.

Como en todos los viajes, es mejor verlo que leerlo, sin duda. Y seguro que ustedes necesitan tanto como yo volver a llevar la vista lejos de sus rutinas. Perderse en los alrededores del Monte Perdido y Ordesa es una más que recomendable opción.