La importancia de los glaciares para los fiordos y de los fiordos para Noruega

No podríamos concebir uno sin el otro, ni Noruega en su conjunto sin la influencia de ambos

Glaciar de Steindaal en la actualidad.
Glaciar de Steindaal en la actualidad.Alfonso Masoliver

No podríamos concebir Noruega sin sus glaciares. Los glaciares están inscritos en el ADN de la cultura y de la geografía noruega, no mentiría si dijese que son incluso más importantes que los vikingos o cualquier idea que Hollywood haya tenido a bien grabar, que su economía sostenible, que sus yacimientos de petróleo, que su lanudo y particular estilo de vida. Ni siquiera me equivocaría si digo que Noruega no existiría tal y como la conocemos, simple y llanamente, si no hubiese recibido a los glaciares hace aproximadamente 100.000 años ya. Pero vamos a los datos. Estamos de vuelta en los años de la glaciación de Würm y todavía no se han extinguido los mamuts ni los dientes de sable y puede que ni siquiera se hayan extinguido todos los dinosaurios (si es cierto que eran aves) o las serpientes marinas, aquí nadie se corta un pelo, es más, quien tenga el pelo más largo estará más calentito. Esto ocurre aquí en Noruega, o en cualquier otro lugar de Europa, incluyendo nuestra Españita.

¿Cómo se forman los glaciares?

Hacía tanto frío que un año cayó la nieve de invierno, llegó la primavera y luego el verano y aun así la nieve no se derritió, volvió a caer nieve al invierno siguiente y pasaron los otoños las primaveras los veranos casi sin respirar, así una y otra vez durante varios miles de años. Nieve y frío, nieve y frío, nieve y frío, así una y otra vez. En algunos lugares donde la nieve se encontró sepultada por la nieve que cayó a lo largo de los siguientes miles de años, las capas inferiores de esta criatura gestándose se solidificaron presa de tanta presión, completamente asfixiadas. Su único remedio era deslizarse angustiosamente por debajo, cuesta abajo desde la montaña donde estuvieran. Por eso los glaciares se tratan de esas capas de nieve de hace miles de años que han sido sepultadas por otras nuevas, son ríos blancos solo que de hielo, indestructibles, imparables. Ahora los glaciares son cada vez más pequeños y no nos dan mucho miedo, pero estoy seguro de que en aquella época avanzaban a una velocidad formidable sin que se les cayera un cachito. Pero ahora viene lo bueno: desesperados por tener hueco para respirar, estos glaciares empujaron la propia roca y la apartaron a los lados como un Moisés brutal. Así crearon se crearon los fiordos. Los glaciares llegaron al mar apartando la tierra, congelaron al mar también y los estudios dicen que había glaciares que llegaban desde Noruega hasta Londres, toma ya.

Glaciar de Briksdal.
Glaciar de Briksdal. FOTO: Alexchered dreamstime

No podemos siquiera imaginar la forma endiablada de Noruega si no fuera por los glaciales, literalmente no se podría. Su costa quizá sería recta y todos esos serpenteos de bosques y piedra, los acantilados verdes enmarcando las estrechas bahías, aunque no son acantilados al uso… Y los antiguos vikingos no habrían visto el paisaje que vieron de niños y que les condicionó para toda la vida catapultándoles después al mar, después de pasar cientos de generaciones mirando a los fiordos y temiendo lo que había al otro lado, todos los ancestros con los puños cerrados e impotentes.

¿Qué sería de Noruega sin sus fiordos?

Lo que tienen los fiordos es que si no estuvieran allí, Noruega tendría muchísima más tierra para construir y cultivar, seguiría teniendo montañas (aunque más pequeñas) pero no tendría tantos valles que mordisquearon los glaciares de tierra adentro, se revolvería el statu quo. Nadie podría imaginar Noruega porque, si no fuera por los glaciares, ninguna mente humana sería capaz de concebir esas maravillas que infunden pensamientos paganos (el espectáculo del silencio amurallado que solo rompe el rayo con su crujido), nos incitan a arrodillarnos delante de Odín y de Freyja para sacrificar nueve cabras y nueve cerdos y nueve gallinas y nueve humanos pidiendo que nos protejan lo que queda de año.

No habrían sucedido las tres batallas de Narvik entre abril y junio de 1940, cuando los nacionalsocialistas quisieron hacerse con las minas del norte de Suecia y el petróleo de Noruega pero les salió muy sarcásticamente al paso, en esta ocasión con fines virtuosos, la infame marina británica junto con 10.000 soldados para caldear el ambiente frío de los fiordos. Fueron tres batallas en total, ya se dijo, dos en los fiordos y la tercera en tierra firme, lucharon incluso franceses y polacos, hubo de todo, hasta que todo terminó con la victoria indiscutible de los alemanes y la ocupación efectiva del territorio.

Para comprender la formación de los fiordos solo necesitamos sustituir el agua de esta imagen por hielo.
Para comprender la formación de los fiordos solo necesitamos sustituir el agua de esta imagen por hielo.

Si no fuera por los fiordos que utilizaron los alemanes a su favor para vapulear a los británicos, quién sabe qué habría pasado en Noruega durante la Segunda Guerra Mundial, quién sabe, ni Churchill lo sabía. Los fiordos (y los glaciares por extensión) son el ejemplo perfecto de que la tierra misma moldea nuestra historia, se levantan montañas y ocurren terremotos que revientan volcanes mientras los escribas trabajan a su compás. Hoy son más pequeños, como dioses olvidados. Pero puedes ver el glaciar de Austerdal y el de Folgefonna y pisar el hielo del gigantesco Jostedal, si quieres, puedes jugártela sirviéndote un cóctel con hielo del glaciar y bacterias millonarias, un subidón de tierra viva con cadáveres y mordiscos de piedra que se ha llevado a su paso. Antes los glaciares fueron ríos, luego sirvieron de inspiración para un puñado de dioses y de escondrijos de piratas: actualmente se utilizan para concienciarnos y hacer turismo.

Ayer me dijo un amigo de aquí que si nos paramos a pensarlo, y consideramos el tamaño enorme de los glaciares durante la Edad de Hielo, no podemos imaginar el calor y la arena que vendría con una Edad de Fuego, que no nos caben en la cabeza desiertos que llegan desde Costa de Marfil hasta Francia, desde el norte de China hacia la Rusia siberiana. Él dice que nos imaginemos esos fiordos magníficos picados por la viruela del desierto y que aun así no lo sabremos. Es porque objetos de este estilo (glaciares, fiordos, desiertos) corren siempre un paso por delante de nuestra imaginación.