Andalucía

Qué ha sido de los implicados en el crimen de Marta del Castillo

Miguel Carcaño cumple 34 años el 14 de febrero, un día después del aniversario de su detención y le quedan siete de prisión

Los implicados en el crimen de Marta del Castillo hace 14 años vieron truncadas sus vidas aunque algunos, por momentos, parecieron disfrutar con su “nueva vida” y la fama sobrevenida. La familia de la víctima considera que todos los implicados conocen el paradero del cuerpo. Judicialmente, solo fueron condenados el asesino confeso Miguel Carcaño -que ha ofrecido por encima de siete versiones del crimen, culpando a su hermano en la última- por la jurisdicción de adultos y Javier García Marín, conocido como “El Cuco”, por la vía de menores.

El asesino confeso de Marta del Castillo, Miguel Carcaño
El asesino confeso de Marta del Castillo, Miguel Carcaño

Miguel Carcaño: la víctima que derivó en asesino

Carcaño podría haber cubierto el itinerario narrativo de algún personaje de Dickens. El asesino confeso de Marta cumplirá 34 años el 14 abril, un día después de la fecha en que lo detuvieron. “Si le reñías, obedecía”, según su director en el CP Arias Montano. Después pasó al IES Cervantes –cerca de León XIII, donde murió Marta-, siempre con Samuel Benítez. A los 16, se puso a trabajar. Sin ser un delincuente, tenía antecedentes al ser detenido en un coche robado. Miguel se inventaba un pasado y fabulaba ante sus amigos, cuando la realidad es que había días en los que apenas comía. Pedía dinero a las vecinas y siempre lo devolvía. Contaba que su padre estaba en Italia o muerto. Tenía arrebatos violentos, como golpear papeleras o quemar una sudadera por celos. Mantenía relaciones con varias chicas. Normalmente, menores. Salió un mes con Marta del Castillo. La víctima lo dejó, presionada por su entorno. Seguían viéndose como amigos e iban al piso de León XIII, primero embargado, luego comprado por los padres de Marta para ofrecerlo como incentivo para la verdad en la búsqueda del cuerpo y finalmente vendido. El vínculo entre Marta y Miguel resultó mortal.

Según sus vecinos, Miguel heredó el mal humor de su madre, Felisa Delgado, una mujer en silla de ruedas, que vendía cupones y con varias relaciones que la abandonaron. De ellas, nacieron Francisco Javier y Miguel. Dicen que era como “el monaguillo de su madre”. Le recuerdan empujando la silla, con Felisa, de gitana o mantilla, camino de la Feria o la Semana Santa. Su madre murió en 2007. Con 18 años, Carcaño vivía solo en el bajo C de León XIII. Se convirtió en el rey de la pandilla.

Limpiaba cristales en un bingo de Los Remedios. Entraba a las 5:00. Tenía una scooter roja. Juan Manzorro, su compañero, era la pareja de la madre de su ex novia, Rocío, la menor de 16 años que realizó una tourné por televisión. Carcaño le daba lástima y se lo llevó a vivir a Camas. Miguel explotó el papel de víctima, también ante el juez de Instrucción en contraposición a la arrogancia de Samuel Benítez. Tenía un lado apocado, pero también otro seductor. Era común verlo en Tuenti -la antigua red social-, posando ante el espejo, con gafas de sol y lentillas. En prisión, recibió decenas de cartas de admiradoras. Pidió verse con una, pero se le denegó. También crearon un blog de fans.

En la prisión de Morón de la Frontera, trabajó en el economato. También se ocupó de la limpieza. No aprobó el examen para Secundaria. Estuvo apartado de los reclusos, por seguridad. El protocolo de suicidio se relajó al poco tiempo. Atrás quedó un intento no del todo creíble de quitarse la vida. Lo que pasa por la mente de Carcaño es un misterio. Los psicólogos rechazaron cualquier alteración, pero parece que no sigue parámetros comunes. Su abogada le ha dijo “barbaridades para sonsacarle dónde está el cuerpo”. Ella piensa que es posible que no sepa el paradero. “No es normal”, subraya. Su identidad se funde con la tormenta de la noche en que murió Marta. Ha pedido más de 30 veces salir de la cárcel y todos los permisos han sido rechazados. Le quedan siete años de cárcel.

En la cárcel, se levantaba todos los días entre las 8:00 y las 8:15, que es cuando tocan diana en el centro penitenciario de Morón de la Frontera, uno de los más modernos de España. La rutina diaria del asesino confeso variaba con los traslados al juzgado de Instrucción 4 de Sevilla. En los momentos de más tensión durante el crimen, Carcaño, según un testigo, tuvo la sangre fría de acicalarse.

Miguel lleva en la cárcel desde el 16 de febrero de 2009, tras ser detenido el día 13 por el asesinato y la desaparición de la joven sevillana. En la cárcel, a las 8:30 horas tiene fijado el desayuno. De 9:00 a 9:15, comienza las actividades. A las 13:00, almuerza. A las 13:30, sube de nuevo a la celda. Una hora después, vuelve a las actividades, hasta las 19:00 que cena, según fuentes de la prisión. A las 19:30, regresa a su cuarto. Carcaño estudiaba ESO y «se aplicaba bastante», está «en un módulo normal, junto a unas 50 personas», tras un tiempo apartado por seguridad. Eso sí, «no está con reincidentes». «Participa en un partido, si quiere, o juega al parchís, al ajedrez, al tenis o al frontón». Fuera de su tiempo libre, «limpia su celda y los patios» y va «a los talleres ocupacionales». Dice el refrán que «en ningún sitio como en casa». La familia de Marta del Castillo, a veces, no puede evitar pensar que Miguel Carcaño vive mejor en la cárcel que en la calle.

Estrechó la mano del padre de la víctima en la cárcel ya en Herrera de la Mancha y desde entonces mantiene la versión de que fue su hermano quien mató a Marta cuando medió en una pelea entre ambos por los impagos de la hipoteca. Facilitó incluso información a la familia sobre los chanchullos para lograr ese préstamo, supuesto desencadenante de la muerte. En alguna ocasión, en un narcisista diagnosticado como él, se barajó incluso que algunas de sus versiones fueran para exponerse ante las cámaras de TV.

Samuel Benítez: el chico que soñaba con desfilar en ropa interior

Samuel Benítez soñaba con ser modelo de ropa interior. Era normal ver su torso desnudo en Tuenti. El presunto colaborador del crimen se gustaba a sí mismo y lo dejaba notar en el paseíllo de la Audiencia de Sevilla. En los juzgados, actuaba como si se ejercitara ante el espejo para comparecer en el momento culminante, a lo Cristiano Ronaldo. No comparecía, desfilaba. Hace 14 años, acompañó al padre de Marta a denunciar y participó en la búsqueda. Colaboró en una misa y declaró ante la televisión. El mejor de los actores no lo hubiera hecho mejor. “Marta es una chavala con un corazón que no le cabe en el pecho”, dijo. El último mensaje en el tablón de Tuenti de Miguel era de Samuel. Le advertía de “la que se está liando” y pedía que respondiera a sus llamadas. Era de la pandilla de Marta y tenía novia, Estefanía, de Montequinto. Viene de una familia trabajadora de la barriada del Carmen, a 100 metros de la casa de Miguel. Lo definían como el amigo al que se recurre cuando se tiene un problema. Eso, según la Policía, hizo cuando mataron a Marta. Echar una mano. Aunque fue el único que cuestionó “qué habéis hecho, hijos de puta” y quiso ir al hospital. Actuaba, a sus 20 años -ahora tiene 34-, como el más frío.

Samuel Benítez se enfrentaba a una petición de la Fiscalía de cinco años de prisión y fue absuelto
Samuel Benítez se enfrentaba a una petición de la Fiscalía de cinco años de prisión y fue absuelto

Samuel, que se enfrentó en un careo a Carcaño en el juicio, quedó absuelto. Vivió junto a “El Cuco” durante una temporada en Francia y se les pudo ver posar para el fotógrafo Michel Tchelou, tío de su novia. La familia de Marta también lo ubicó en Tenerife con su pareja, con la que iba a ser padre. Tras unos comentarios cruzados en las redes sociales con Antonio del Castillo -al que criticó que mencionara su paternidad-, literalmente ha desaparecido. “Con demasiado respeto te he tratado siempre. Fui el único que siempre trató bien a tu hija cosa que nadie hizo. Si supieras la mitad de cosas. Créame, soy el primer interesado en que aparezca su hija porque será entonces cuando denuncie a más de uno. No me oculto. Pero no volverán a saber nada más a partir de ahora. Se lo aseguro”, fueron sus últimas palabras públicas.

“El Cuco”: el coleccionista de cuchillos que cuidaba ancianos

“El Cuco” mostraba en Tuenti su colección cuchillos. Marcado por la convivencia con las parejas de su madre. La última resultó que era su verdadero padre, que murió antes de poder declarar en el juicio por falso testimonio. El marido de su madre, con quien se crio, guardia civil, se fue al sospechar lo que el ADN demostró. Javier G.M. bebía desde los 11 años; fumaba, también porros. Mal en los estudios, pensaba abandonar. A veces iba al colegio en el coche a su madre, investigado en el caso como presunto medio para mover el cuerpo. Se centraba en Miguel y Samuel, a los que llamaba “primos”, sintiendo devoción por el segundo. Tras el crimen y la estancia en un centro de menores, se desarrolló, se dejó el pelo largo y estaba más fuerte. Estudió un módulo de FP para ayudar a mayores enfermos y realizó las prácticas. También vivió en un piso tutelado en Cádiz.

Francisco Javier García, el Cuco, y su madre Rosalía. EFE /Julio Muñoz
Francisco Javier García, el Cuco, y su madre Rosalía. EFE /Julio Muñoz FOTO: Julio Muñoz EFE

“El Cuco” está en la treintena. Cuando sucedió el crimen tenía 16 años. Marta le llamaba “el peque” y “cuñaíto”. Las bicicletas eran su otra pasión. Solía emborracharse de botellón, con ron con cola. La noche del crimen dijo que estaba de fiesta. Consiguió que, de entrada, el juez de Instrucción le diera “una extraordinaria credibilidad”. Se mostró como una víctima, amenazado por el hermano de Miguel. La narración de Carcaño dibuja a un adolescente capaz de violar a su “amiga”. En un careo, se comió a Miguel. Durante tres semanas, escenificó el dolor ante los amigos y llegó a decir que mataría a quien le hubiera hecho algo a Marta. Trabajó en la búsqueda, aunque con retraso. El día de la desaparición, según él, se fue de fiesta. Llamó a Samuel desde una cabina y mandó un sms a Marta de “no tengo saldo”. Preparando la coartada. En su juicio, no se derrumbó. Se supo de su vida en Francia y fue visto de nuevo en Sevilla para los juicios por falso testimonio, reconociendo los cargos y evitando el careo con Carcaño. En la versión que dio ante la Policía Nacional cuando se derrumbó de camino al juzgado, aseguró que cuando llegó al piso de León XIII Marta estaba cubierta de sangre y estaban Miguel y su hermano y que éste le amenazó de muerte si decía algo. Después, asesorado por su abogado, cambió de versión contando con la coartada de sus padres.

En la actualidad, sigue pensando que le han estropeado la vida, tiene problemas para encontrar trabajo y ha vivido del sueldo de su madre. Defiende que ya cumplió su condena y que ha pagado «con creces» lo que ocurrió la noche del 24 de enero de 2009. Defiende que no sabe dónde está el cuerpo.

Javier Delgado: el hermano “segurata” que no perdona

Francisco Javier Delgado siempre ha defendido su inocencia y resultó absuelto. Acusó a Carcaño de engañarlo. El hermano mayor de Miguel por parte de madre, que supera de largo la cincuentena, ha sido el referente paterno de Miguel. Se fue de León XIII cuando se casó y tuvo una hija. Volvió tras separarse. Dicen de él que es un luchador. Trabajando día y noche como guarda de seguridad –puesto del que fue despedido tras el crimen-, ahorró y puso un bar. Mantenía contacto con Miguel, pero a cierta distancia. Ahora sólo le perdonará “cuando tenga un pie en el cementerio”. Se supo que trabaja como seguridad y su entonces pareja, María García, abrió una clínica podológica en Málaga. La familia de Marta cree que su ex mujer y madre de su hija también le encubrió. Tras las últimas versiones de Carcaño, insiste en que su hermano para él está muerto.

El hermano de Carcaño
El hermano de Carcaño

María García Mendaro: la hija del alto cargo socialista que no oyó nada

María García, cerca de los 50 años, es hija de la que fuera directora de la Casa de la Provincia de Sevilla, Ángela Mendaro, una militante socialista de enjundia. También fue la novia del hermano de Carcaño. Era una relación sólida que sobrevivió a los varapalos del caso. La mañana siguiente al crimen, se presentó a unas oposiciones a administrativo del Servicio Andaluz de Salud a las 9:00. La noche del crimen, aseguró, estuvo estudiando en León XIII desde las 00:00 hasta la madrugada “y ni pasó nada ni oyó nada”. Estudió Psicología en la Universidad de Sevilla. La que fuera pareja –a diferencia del resto de implicados, que varió de relato– siempre mantivo una única versión de los hechos basada en su inocencia y se quejó a través de sus abogados e, incluso, a través de entrevistas en el caso de Delgado, de que el crimen de Marta del Castillo les arruinó la vida; por más que el juez de Instrucción número 4 de Sevilla, Francisco de Asís Molina, considerera –también tras la versión de Miguel de que su hermano fue quien mató a Marta y la enterraron en un descampado– que «no existe el más mínimo indicio» de que el hermano de Carcaño participara en la muerte de la menor y su novia lo encubriese. Lo último que se conoce de María García Mendaro es que compaginaba su propia clínica podológica con el empleo en otra en Málaga.

El hermano de Miguel Carcaño, Francisco Javier Delgado, junto a su entonces novia María García Mendaro
El hermano de Miguel Carcaño, Francisco Javier Delgado, junto a su entonces novia María García Mendaro

Los padres de Marta creen que no fue a la cárcel por sus contactos. La familia directamente habla ya de “una mano negra” en torno a ella para explicar las lagunas judiciales. También resultó absuelta.