Monica Dickens: La gran escritora olvidada del siglo XX que supo reírse de su destino

La bisnieta del genial Charles Dickens, enfermera durante la II Guerra Mundial, fue un gran fenómeno literario en los años 40, pero tras su muerte en 1977 cayó misteriosamente en el anonimato

Existen dos novelas que, si hubiesen sido escritas por hombres, hoy serían consideradas pequeñas joyas de los relatos de iniciación y maravillas de las historias en primera persona. La primera fue escrita en 1939 y narraba la historia de una chica que, hastiada de una vida de privilegios que parecía dibujarle de antemano todo su futuro, decidía huir hacia adelante y emplearse como cocinera y señora de la limpieza. Su título, “Un par de manos”, y la autora, Mónica Dickens. ¿Puede ser que... ? Sí, era la biznieta de Charles Dickens y estaba más que harta de toda su familia.

Con 17 años, se arrancó el uniforme del colegio y lo lanzó al Támesis, hastiada por tanta preparación de lo que antes se llamaba “baile de debutantes”. La expulsaron de inmediato del colegio, el Saint Paul’s School de señoritas, y dejó la casa familiar en busca de una mejor vida, o si no mejor, al menos en busca de una vida a secas. De esta forma, Monica Dickens, que entonces sólo tenía 24 años, se adelantó prácticamente 20 años a “El guardián entre el centeno” en la creación de un personaje rebelde, pero que no sabía exactamente por qué sentía tanto rechazo a todo lo que veía a su alrededor.

El libro era una maravilla cómica en que no trataba a su personaje con delicadeza ni autojustificación, sino que mostraba esa sensación de ridículo que siempre sentía la autora y las absurdidades que veía a su alrededor, ahora como sirvienta y cocinera en unas casas del todo lunáticas. Si “Arriba y Abajo” o “Downton Abbey” nos presentaban dos mundos conviviendo, Dickens iba mucho más allá y los mezclaba hasta demostrar lo ridículos que eran los dos por sí solos y cómo tristemente se necesitaban para darse sentido. El éxito del libro fue tal que el nombre de Dickens volvió por todo lo alto a los altares de la literatura, aunque sólo fuese momentáneamente.

El segundo libro todavía iba más lejos. Bajo el título, “Un par de pies”, Dickens dibujó una especie de continuación al personaje que había maravillado a los ingleses, pero en esta ocasión nos presentaba la experiencia que marcó de manera definitiva su vida, la enfermería. La novela narraba en primera persona sus experiencias como enfermera durante la II Guerra Mundial, un mundo al que Dickens dotó con su particular capacidad de observación. “La enfermería es una especie de manía, una fiebre en la sangre. Es una enfermedad incurable y una vez contraída es imposible sacarla de tu organismo. Si no fuera así, no habría enfermeras en los hospitales. Comparada con otras profesiones, las horas son largas, el trabajo duro, y la paga inadecuada a la energía y atención que requiere. Sin embargo, una enfermera nunca podrá ver su trabajo sin pasión, es demasiado parte de ella”, aseguraba, un sentimiento que ahora sienten todas las enfermeras del mundo, cuando se enfrentan a la peor pandemia de los últimos cien años y aún así siguen viviendo como si fuera un trabajo precario.

Monica Dickens era una genia a la hora de destapar todos estos sinsentidos y contradicciones de la sociedad. Como Agatha Christie antes que ella, al estallar la guerra decide no quedarse de brazos cruzados y se inscribe en un colegio de enfermería para trabajar de inmediato en un hospital rural. Recupera su narración distanciada, divertida, irónica e irreverente, pero mezclada con el trauma que el contexto de guerra, lo que crea un extraño eco de asombro a lo largo de todo el libro. Entre todas las enfermeras escritoras, es sin duda una de las mejores. “¿Enfermera? La idea siempre me había atraído. Supongo que es una fase que todas las adolescentes pasan, con la de ser monja. Creo que leí “Adiós a las armas” y me decidí, aunque me era imposible imaginar ningún hospital que permitiera lo que pasa en esa novela. Pero bueno, esa había sido la guerra anterior”, escribe de forma desenfadada dejando claro cuál será el tono del libro.

¿La novela es, entonces, “Adiós a las armas” si se escribiera desde el punto de vista de la enfermera y no del viril soldado herido? Más o menos. La historia también nos habla de la fatiga extrema, la jerarquía absurda al que estaban regidos los hospitales de la época, y que continúan hoy día, En aquella época, por ejemplo, estaba prohibido que una enfermera se dirigiera directamente al médico, sino que tenía que hacerlo a través de una enfermera superiora..

Para todas aquellas enfermeras que regresan a sus casas después de turnos de doce horas y que saben que pronto tendrán que volver a pasar por el mismo vértigo y estrés, esta novela les salvaría la vida, o al menos les recuperaría el buen humor, algo que en los hospitales escasea más que las mascarillas.